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CRÍTICAS Cine

Nacido para ser rey – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 4
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12-04-2019
Nacido para ser rey The Kid Who Would Be King carrusel

Nacido para ser rey es una aventura de la vieja escuela, que además de divertida, busca transmitir importantes mensajes a sus audiencias.

Título original: The Kid Who Would Be King
Año: 2019
Director: Joe Cornish (Attack the Block)
Actores: Louis Ashbourne Serkis, Patrick Stewart, Rebecca Ferguson
Fecha de estreno:15 de February de 2019 (Europa)

El cine ochentero logró una conexión pocas veces vista con el público infantil gracias a sus numerosas aventuras protagonizadas por niños. La tendencia dejó una huella imborrable en toda una generación que ha tratado de ser replicada en los últimos años con toda clase de cintas que apelan directamente a la nostalgia. Sin embargo, existen proyectos que realmente buscan emular la vieja magia desde la raíz, no para conquistar a los adultos que crecieron con estas producciones, sino a los más pequeños para darles la oportunidad de soñar con sus propios universos fantásticos. Tal es el caso de Nacido para ser rey.

La película traslada la leyenda artúrica a la Inglaterra contemporánea para presentarnos a Alex, un niño cuyos problemas nunca han mermado su optimismo, ni sus ilusiones de crear un mundo mejor. Su gran oportunidad llegará al encontrar Excalibur, lo que también representará el inicio de un intenso viaje para evitar que la tiránica Morgana tome control del reino. Suena trillado, pero no lo es.

Nacido para ser rey The Kid Who Would Be King carrusel Rebecca Ferguson

A diferencia de muchas otras películas con premisas similares, el director Joe Cornish (Attack the Block) demuestra un enorme respeto hacia su público objetivo con una historia inteligente y que permite distintos niveles de lectura. Las más básicas son la heroica misión del personaje central y la transmisión de valores morales primarios, mientras que las más complejas invitan a reflexionar sobre lo que significa crecer en un mundo cada vez más desesperanzador. Esto último es especialmente palpable en el personaje central, un niño que se permite soñar, pero que nunca es ajeno al dolor o el sufrimiento.

No menos destacado es el valor simbólico de la película, que aprovecha el mito del Rey Arturo para rememorar sus valores de solidaridad y unión en un mundo cada vez más fragmentado. Un mensaje de relevancia global, pero que en este caso apunta directamente contra el Brexit, lo que se evidencia en diálogos que hablan de una Inglaterra “perdida y sin líder” y en los uniformes portados en la batalla final que aluden directamente a las distintas naciones que integran el Reino Unido.

Cualquiera podría pensar que la producción aprovecharía la experiencia de Rebecca Ferguson y Patrick Stewart para enfatizar estos mensajes. Sin embargo, la cinta se inclina por su elenco juvenil encabezado por Louis Asbourne Serkis, una apuesta arriesgada pero que termina convirtiéndose en la mejor opción para conectar con los más pequeños. A pesar de ser su primer estelar, el hijo de Andy Serkis demuestra su talento en un papel más complejo de lo que parece al tener que transmitir sensibilidad, carisma y liderazgo. El otro joven actor por destacar es Angus Imrie al compartir créditos con el ya mencionado Stewart para la encarnación de un Merlín tan original como memorable.

Nacido para ser rey The Kid Who Would Be King carrusel

El toque final llega con sus altas dosis de imaginación, en un viaje que toma el mundo cotidiano y lo transforma en un reino fantástico con amenazas ocultas y castillos improbables. Esto, tal y como hicieran tantos clásicos del cine ochentero, pone al elenco juvenil en varias situaciones oscuras y de alto riesgo. Irónicamente, es aquí donde recaen las mayores flaquezas del filme.

La cinta se extiende demasiado con ataques reiterativos y aparentes giros innecesarios, lo que reduce la fuerza del tercer acto. Los encuentros con Morgana tampoco son muy efectivos pues, aunque se busca replicar la estética visual empleada por Ray Harryhausen en sus criaturas stop motion, nunca se alcanza un CGI verdaderamente realista. Esto se torna especialmente notorio en una batalla final demasiado genérica para una historia que se esforzó tanto por ser única.

Nacido para ser rey es divertida y disfrutable, pero su verdadera importancia radica en sus esfuerzos por impactar en dos generaciones cinéfilas separadas por más de 30 años. No es perfecta y sería injusto compararla con los clásicos a los que intenta emular, pero esto no le impide ser entrañable a su estilo y sumamente recomendable para las pequeñas audiencias que, aunque siempre podrán disfrutar del cine ochentero que inspira ésta y muchas otras películas, merecen aventuras creadas exclusivamente para ellos, en un contexto contemporáneo que facilite su identificación. Esto no limita sus posibilidades entre los adultos que crecieron bajo la influencia de estos mismos filmes y que, más que sacar a su niño interior, bien podrían aprovechar la aventura para recordar lo que era dejarse llevar por la magia de estos proyectos.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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