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CRÍTICAS Cine

No respires

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 4.5
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Por:

10-09-2016

Del realizador Fede Álvarez, Don't Breathe es una excelente apuesta por el cine de terror con atmósferas realistas y una gran construcción de tensión.

  • Título original: Don't Breathe
  • Año: 2016
  • Director: Fede Alvarez (Posesión infernal)
  • Actores: Stephen Lang, Jane Levy, Dylan Minnette
  • Fecha de estreno: 16 de septiembre de 2016

Parece imposible que las películas de horror todavía puedan tener giros novedosos, pero el uruguayo Fede Álvarez (el director del reboot de Evil Dead, Posesión infernal, en 2013) ha demostrado lo contrario en No respires, cinta del género que apuesta por una narrativa clásica pero sin recurrir a ningún tipo de presencia demoníaca ni paranormal. Todo tiene un toque realista francamente aterrador. 

Money (Daniel Zovatto) comanda un trío de ladrones de casas compuesto por su novia Rocky (Jane Levy) y Alex (Dylan Minnette), quien a su vez hurta los códigos de las alarmas de los lugares del negocio de seguridad de su padre. Money le pide a un reticente Alex hacer un último atraco: se ha enterado que hay un veterano de guerra invidente que vive solo en un suburbio prácticamente abandonado de Detroit, quien recibió una millonaria indemnización por el atropellamiento de su hija, suma que, se dice, guarda en su casa. Como es lo que permitiría que Rocky por fin saliera de su hogar disfuncional junto con su hermanita, el enamoradizo pero no correspondido Alex acepta.

En muchas películas (por ejemplo, La masacre de Texas), un grupo de desafortunados llega a una casa (generalmente lejos de todo) para encontrarse con alguna clase de demente (o con criminales que eligen el lugar como escondite y no quieren dejar cabos sueltos) que acaba, con bastante saña, uno a uno con sus miembros. En No respires ocurre más o menos lo mismo… pero no igual. 

La primera vuelta de tuerca propuesta por Álvarez y su coguionista Rodo Sayagues es que son los criminales, y no un grupo de distraídos jóvenes calenturientos, quienes se meten a lo que deviene un agujero sin salida. Desde que logran entrar a la casa, protegida con cerrojos, candados y herrería además de la alarma, se dan cuenta de que hay una única ruta de escape. Cuando creen que tienen fulminado al hombre, y luego de una discusión entre Money y Alex, éste aparece para defender su hogar; pronto es evidente que el veterano tiene habilidades en el combate que le envidiaría el mismísimo Rutger Hauer de Furia ciega.

Álvarez crea en su segunda película como director atmósferas claustrofóbicas y desde el principio muestra que el ciego, interpretado magistralmente por el reconocido actor de reparto Stephen Lang (el coronel Miles de Avatar), no se anda con rodeos. Atento a cualquier chasquido provocado por su piso de madera, es capaz de disparar con una efectividad asombrosa, y es prácticamente imbatible en un duelo mano a mano. Además, tiene la ventaja de que conoce cada recoveco de su casa. Lo que no sabe, al menos al principio, es cuántos son quienes se han metido a su casa. Así que cuando elimina a Money, los otros dos sólo necesitan (adivinaste) aguantarse la respiración cada que pasan a su lado o están cerca de él y buscar una salida, lo cual no es nada fácil si para conseguirlo tienen que andar de un lado a otro y enfrentar de cuando en cuando la letalidad del veterano.

Para dar el efecto de ceguera, Lang usó unos lentes de contacto que le redujeron la visibilidad. Y para las tomas en la oscuridad total, Jane y Dylan usaron unos que los hacían parecer con la pupila dilatada. Al más puro estilo clásico, Álvarez aprovecha la banda sonora de Roque Baños, la edición de sonido, la funcional fotografía de Pedro Luque y las vueltas de tuerca para jalar los hilos de la tensión. Y si bien el personaje del ciego posee una presencia amenazante, ésta se vuelve más aterradora cuando Rocky y Alex consiguen abrir la puerta del sótano y descubren lo que provoca que sea tan decididamente peligroso. Entonces comienza la segunda parte del filme, en una ida y vuelta que para el espectador se vuelve gozosamente interminable.

Uno de los grandes aciertos de Álvarez es que, sin olvidarse de su propuesta de entretenimiento, no deja de ponerse crítico. No es una casualidad que ubique su historia en Detroit. Alguna vez punta de lanza de un industrializado y poderoso Estados Unidos, es hoy casi una ciudad fantasma que ejemplifica el deterioro de una sociedad que no puede cobijar a todos sus ciudadanos en el manto del sueño americano. Sociedad violenta y desesperanzada que busca en el arrebato y la venganza una forma de escapar de sí misma y de hacer que los otros paguen por las frustraciones propias. Un espejo que surge en forma de una película de horror, de atmósferas realistas, que mantiene al espectador al borde del asiento.

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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