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CRÍTICAS Cine

No soy tu negro

Calificación Cine PREMIERE: 5
Calificación usuarios: 5
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25-04-2017

I Am Not Your Negro es un documental valiente y honesto que nadie debe perderse.

  • Título original: I Am Not Your Negro
  • Año: 2016
  • Director: Raoul Peck (Murder in Pacot)
  • Narrador: Samuel L. Jackson
  • Fecha de estreno: 28 de abril de 2017

Lo primero que hay que hacer antes de observar este valiente documental es formularse una pregunta: ¿por qué aún hoy día existe en la cartelera una película como ésta? Uno quisiera pensar que en 2017 en realidad ya no haría falta pasar revista a problemas que asolaron a la humanidad hace cincuenta, cien, doscientos años. Menos aquellos que se hallan relacionados con conceptos indefendibles y que muchos considerábamos –o deseábamos considerar– anacrónicos, como la intolerancia, el racismo, la discriminación. Pero en eso llega Raoul Peck, un hombre haitiano, negro, politólogo y simpatizante de las izquierdas para estamparnos en la cara un pastelazo de realidad y arrancarnos de tajo de nuestro ridículo onanismo intelectual.

No soy tu negro merece ser ingresada en la misma lista que los documentales de Joshua Oppenheimer (The Act of Killing, The Look of Silence), Errol Morris (The Fog of War) y otras crudas piezas cinematográficas que evidencian –y denuncian– la desconcertante volubilidad de la condición humana. En el caso de la cinta de Peck, el guía del trayecto es un hombre del que probablemente un noventa y cinco por ciento de la audiencia nunca habrá oído hablar. Para empezar, se trata de un hombre muerto –falleció en 1987– a quien Samuel L. Jackson presta el sonido de su inconfundible voz, y por si fuera poco, y pese a tratarse de un pensador brillante –lo cual queda claro apenas pasados los primeros cinco minutos del metraje– el corpus de su obra acabó perdida en el tiempo por razones que no acabaremos de entender, tan inexplicables que cualquier persona afín a las teorías de la conspiración diría que se las fue desapareciendo a propósito. 

En todo caso, las recuperadas palabras de James Baldwin, que es como así se llamaba este hombre de mente potentísima, en combinación con el esquema visual seleccionado por Peck –en ocasiones imágenes de archivo del propio escritor– arman con gran eficacia esta suerte de cartografía filosófica de la negritud, en específico, de aquello que ha significado ser un individuo negro en los Estados Unidos desde las épocas en que inició la esclavitud. Su visión incluso se atreve a ir más allá y darle vuelta a la campana al asunto, es decir, es capaz de cuestionar también el significado de ser blanco dentro de una sociedad donde aquel que posee otro color de piel es minimizado, vapuleado, segregado. O como expondría Baldwin en sus propias palabras: “lo que se encuentra en la raíz del problema del negro norteamericano es la necesidad del hombre blanco de hallar una manera de vivir con el negro para así poder vivir consigo mismo”. Él mismo una víctima de la discriminación no sólo debido a su raza sino también por su homosexualidad, Baldwin vivió casi una década en Francia, en donde estudió y comenzó a escribir sus primeros textos. Al regresar a los Estados Unidos, en 1957, se integró de inmediato a la lucha por los derechos civiles que se vivía a lo largo y ancho del país. Gracias a su talento y sensatez, no tardó en convertirse en una persona cercana y bien conocida entre los activistas de mayor liderazgo: Medgar Evers, Martin Luther King y Malcolm X, todos ellos asesinados mientras Baldwin escribía ensayos acerca de la visión que cada uno de ellos poseía y la manera en la que su opinión empataba o difería de la propia.

Varias de estas reflexiones funcionan a manera de contrapunto en esta película que, por desgracia, y como ya hemos mencionado, se percibe demasiado actual. Las revueltas de Ferguson, la ascensión de Donald Trump al poder y otros fenómenos políticos y sociales que han acontecido alrededor del mundo –y que se pensaba que no volverían– tendrían que disuadirnos de alimentar nuestra cinefilia únicamente con filmes pertenecientes al terreno de la ficción y dar cupo a los de otro tipo, incluso aunque su avistamiento nos provoque incomodidad. Como diría alguna vez cierto filósofo: “en la vida ciertamente no se debe ser un pesimista, pero sí un optimista con información” y en ese sentido la película funciona como un favor. Como un servicio. Por lo mismo su nominación al Oscar, aunque ciertamente merecida, también es lo menos relevante al hacer un balance general de lo que esta cinta representa. De lo que significa.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Estación Fruitvale (Ryan Coogler, 2013)
  • Dark Girls (D. Channsin Berry, Bill Duke, 2011) 
  • Selma (Ava DuVernay, 2015)

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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