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Operación regalo y la huella dactilar de Aardman

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09-12-2011

En aquella visita a los estudios Aardman, una cosa me quedó clara: el proceso de producción de la cintas animadas del estudio inglés situado en Bristol, es verdaderamente artesanal. Un centenar de personas trabaja en diversos salones, creando a los personajes a los que más tarde se les dará vida por medio del stop-motion. Cada fotograma […]

En aquella visita a los estudios Aardman, una cosa me quedó clara: el proceso de producción de la cintas animadas del estudio inglés situado en Bristol, es verdaderamente artesanal. Un centenar de personas trabaja en diversos salones, creando a los personajes a los que más tarde se les dará vida por medio del stop-motion. Cada fotograma es retratado de manera independiente. Cuadro por cuadro. Para después ser proyectados de manera continua y crear ante los ojos del espectador una historia continua. Como Creature Comforts (2003 – 2006), Pollitos en Fuga y los diversos episodios y largometrajes de Wallace & Gromit.

Ante uno de los sets para Wallace & Gromit: The Curse of the Were-Rabbit, Peter Lord, uno de los elementos fundamentales del estudio, declaró: “Puedes ver las huellas dactilares de los animadores en las figuras de la película. Esas huellas son como nuestra firma”. Eso debe haber sido en el 2004. Hoy, seis años después se estrena en México Operación regalo (Arthur Christmas, ópera prima de la directora Sarah Smith), la más reciente creación de los estudios Aardman… en la que no se aprecia ni una sola huella dactilar.

 

Operación regalo es la segunda incursión de Aardman en la animación digital (en conjunto con Sony Picture Animation) y mantiene la esencia del estudio aunque ni el barro, ni el stop-motion sean sus ingredientes. A primera vista Operación regalo pudiera ser un filme de otro estudio. La animación digital es de manufactura impecable y uno no asociaría a Aardman con ella… hasta que comienza a verla.

La premisa es simple: la Navidad se ha transformado en una industria. Durante décadas la familia Claus se ha encargado de repartir millones de regalos en el mundo, creando una verdadera dinastía. Steve, el próximo heredero del puesto, ayuda a su padre (el actual Santa Claus) ha entregar con un complejo proceso logístico apoyado en un ejército de duendes y tecnología de punta (sí: tablets, naves con camuflaje y gadgets dignos de la milicia). Y en medio de esa vorágine tecnológica está Arthur: el hermano menor de Steve, y quizás el único miembro de la familia que aún recuerda el significado original de la Navidad.

Al ver Operación regalo no pude evitar recordar las huellas dactilares de Aardman. Y confieso que  en un principio pensé que a Aardman parecía estarle sucediendo lo mismo que a la Navidad: pasar de ser un proceso artesanal a ser un proceso digital industrializado, perdiendo en el camino su esencia.

Pero yo estaba equivocado.

Porque la huella dactilar de Aardman no está en el barro de los personajes, sino que en la esencia de los mismos: en sus conflictos, sus anhelos, sus dudas, sus ilusiones. En sus historias. 

Historias que, como la de Arthur en Operación regalo, son simple y sencillamente deliciosas…

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