Revsita del Mes Suscríbete
Podcast de Cine PREMIERE #222 – Especial de recomendaciones

¿Qué vamos a ver este fin de semana?

April 2020

Suscríbete a la revista Media Kit

Síguenos Social

Suscríbete al Newsletter Newsletter

Recibe las mejores noticias de cine, series, trailers y críticas

REVISTA Artículos

Parasite y el cine coreano que cambió las reglas

Por:

24-12-2019
Parásitos cine coreano

Parásitos es una película que hace añicos la pobreza moral de unos, de otros y, si nos descuidamos, la nuestra también.

Corea del Sur. Aquellos que pueden señalarla en un mapa son menos que aquellos que viven el siglo XXI envueltos por su influencia: la banda BTS, el vendaval de telenovelas coreanas y de pop hecho en la península (K-Pop), el Gangnam Style, restaurantes de ramyon por doquier… y cine. Mucho cine. A pesar de que su extensión en territorio es menos de la mitad de lo que mide Chihuahua y su población no es ni la mitad que la mexicana, Corea es el “tigre asiático” que ha transitado mejor hacia la democracia, y la evolución de su cine ha dado cuenta tanto de ese camino como de sus reversos más oscuros: conflictos de clase, desigualdad, violencia doméstica y un pasado nacional más que conflictivo.

Sin que nadie pudiera advertirlo hace apenas veinte años, la industria de cine surcoreana ha crecido al ritmo de un lagarto nuclear, pero, a diferencia de los kaijus, su llegada a tierra ha sido una fiesta. Sin exagerar podemos decir que las películas de Park Chan-wook, Bong Joon-ho, Kim Ki-duk y un puñado de blockbusters descomunales han sido pieza clave en la identidad social de la Corea de años recientes, tanto o más que la comida, la televisión o la tecnología. Sin embargo, si despertáramos a mitad de los 90, sería difícil imaginar un futuro brillante para su cine.

Después de un breve esplendor durante los 50 y 60, la industria fue absorbida por la censura a partir de 1973. Curiosamente, el gobierno surcoreano optó por blindar a las artes de la influencia comunista aplicando un sistema de control tan estricto como el de sus vecinos del norte. En consecuencia, casi todo el cine producido antes o después de la guerra entre ambas Coreas fue desaparecido de la historia para borrar toda evidencia de que, antes de ser enemigos mortales a causa de la Guerra Fría, habían sido el mismo país. Eso alimenta la noción falsa de que la historia del cine coreano empezó el lunes pasado, cuando en realidad, se trata de un fénix que ha nacido más de una vez de las cenizas.

Parasite cine coreano

Aunque a mediados de los 80 comenzaron a relajarse las censuras, fue hasta 1996 que las pantallas comenzaron a hacer ruido entre el público: se fundaron las cuatro grandes compañías locales que hoy dominan el mercado (Lotte, Next, Showbox y CJ, ésta última productora de Parasite, primera ganadora del país de la Palma de Oro) y ese mismo año se celebró el primer Festival de Cine de Busán, hoy el más importante en Asia, por encima de Tokio o Hong Kong, y que es el equivalente para la industria de Cannes en Europa o Toronto en América.

Dos años después, en 1998, abrió el primer cine multiplex y nombres como Kim Ki-duk o Park Chan-wook presentaron sus óperas primas. Para 2004, ocho de las diez películas más vistas en el país eran coreanas y las producciones locales rebasaron el 50% de los boletos vendidos en todos los cines del territorio, sin contar que ese verano, la épica militar Hermandad de guerra (2004), que por primera vez abordaba la separación de familias en ambas Coreas, llevó a las salas a un cuarto de la población del país. Hoy, en las grandes ciudades existen cines que funcionan 24 horas y las salas comerciales tienen presencia incluso en comunidades apartadas. Es claro que entre el público coreano y su cine existe un tórrido romance que llegó al altar en esta década: de las diez películas locales más taquilleras en la historia del país, todas se estrenaron entre 2012 y 2018.

Un parásito irresistible

¿Eso explica que una película tan peculiar e inclasificable como Parasite gane la primera Palma de Oro para Corea, se convierta después en un fenómeno local –con una taquilla surcoreana de $70 MDD– y continúe estallando como bomba en cada nuevo lugar en el que estrena? Quizá su secreto sean dos: primero, su habilidad para mezclar y balancear una propuesta autoral –es el tipo de película sobre la que se pueden escribir tesis enteras– con un enorme atractivo popular que toca varios géneros: comedia negra, terror, sátira, Hitchcock, películas de escapes, de robos, realismo social y melodrama de familias, todo puesto en un coctel del cual es imposible despegar la mirada y que mantiene nuestros puños apretados por más de dos horas.

El segundo secreto está en su malicia para poner a la próspera sociedad surcoreana frente a un espejo que refleja la fragilidad de su riqueza, la cual, como sucede en muchas potencias, se construyó sobre una desigualdad en la que ha desaparecido la clase media: los afortunados la pasan muy bien y los desposeídos, muy mal, sin que unos lleguen a conocer nunca a los otros. Hace apenas unos meses, la extraordinaria Burning, de Lee Chang-Dong, puso el dedo en la misma llaga, igual que lo han hecho Tren a Busán con el pretexto de una invasión zombie o la entrañable Okja que, con el empaque de una fábula juvenil, pone la mirada sobre la Corea rural y su agonía frente a las industrias. Parasite camina en los mismos territorios sin que nos demos cuenta y sin tomar partido por los de arriba ni por los de abajo; de hecho, hace añicos la pobreza moral de unos, de otros y, si nos descuidamos, la nuestra también.

Parasite cine coreano

Para conseguir un entorno que explicara a sus dos familias protagónicas, Bong Joon-ho y su director de arte, Lee Ha-jun, construyeron en locación dos casas completas: un semisótano a donde no llega la luz del sol ni para secar calcetines y una residencia contemporánea, amplia y sofisticada, de tres plantas. El proceso incluía inundar y des-inundar la primera de ellas con un torrente pluvial, así como diseñar la segunda de modo que el acto de subir y bajar escaleras se convirtiera, por medio de increíbles composiciones en widescreen, en una alegoría aterradora de la movilidad social: en Parasite, nadie baja ni sube de un piso a otro sin que la vida se trastoque a su alrededor. Explicar más es arruinar una de las sorpresas más genuinas, originales e inteligentes del cine de la década que termina. Basta con decir que las casas de estas familias están abiertas para quien quiera entrar a saludar. Con Parasite nace un clásico de nuestros días: por favor disfruten su estancia, pero asegúrense de saber en todo momento en donde está la salida.

Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

Ver comentarios

Comentarios Comentarios