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Películas sobre hacer películas

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09-07-2019
Cinema Paradiso películas

El cine, al igual que otros artes, disfruta celebrarse a sí mismo. Como prueba estas películas que aluden a la propia creación cinematográfica.

La metaficción se refiere al momento en que cualquier trabajo de ficción narrativo, sea literatura, teatro o cine, difumina las barreras de la realidad para hacerse consciente de sí mismo. El cine se encuentra entre las expresiones artísticas que más han jugado con esta tendencia, ya sea con gags y cameos, quiebres de la cuarta pared, o alusiones directas a la creación fílmica.

Ésta última es la más ambiciosa de todas, con películas que hablan expresamente sobre el arte de hacer películas, convirtiéndose en visiones profundamente íntimas de la labor creativa.

A continuación una selección con los títulos que mejor han llevado a cabo esta práctica.

El artista (Dir. Michel Hazanavicious, 2011)
(Vía)
Las audiencias contemporáneas suelen ver los últimos años del cine mudo con romanticismo, cuando realmente fue una época turbulenta que terminó con las carreras de muchos actores y actrices, cuyas voces o pronunciaciones no fueron abrazadas por la industria de la época. El artista es un homenaje a todos ellos, sobre la desesperación de una estrella silente frente a la llegada del sonido, así como su relación con una joven cuya carrera ascendente coincide con la nueva era de las ‘talkies’. Fue la segunda película muda en llevarse el máximo reconocimiento en los Premios de la Academia, sólo después de Wings (1927).
The Disaster Artist: Obra maestra (Dir. James Franco, 2017)
(Vía)
El cine, que tantos homenajes se rinde a sí mismo, no ha perdido la oportunidad de recordar algunos de los momentos más infames de su historia. Tal es el caso de The Room (2003), donde la excentricidad de Tommy Wiseau resultó en una de las peores películas de todos los tiempos. James Franco aprovecha esta tortuosa producción para capturar una visión menos glamorosa del cine, donde el sueño de hacer películas impacta violentamente con la falta de talento creativo e histriónico. Más irónico es que, el cine como la vida no dejan de sorprendernos: The Room terminaría alcanzando el estatus de culto por su poca calidad; mientras que The Disaster Artist se alzaría como una de las películas más aclamadas de su año.
Ed Wood (Dir. Tim Burton, 1994)
(Vía)
No es la película más icónica de Tim Burton, pero definitivamente es una de las más ambiciosas. Tal y como su nombre lo indica, la cinta sigue la carrera de Ed Wood, cuya falta de talento –suele ser reconocido como el peor director de todos los tiempos– le valió la admiración del público y elevó muchos de sus filmes al culto. La cinta fue un fracaso comercial, pero cuenta con la admiración de una audiencia selecta que lo ubica entre lo mejor de su realizador y su protagonista Johnny Depp. Mención aparte para Martin Landau, galardonado con el Oscar a Mejor actor de reparto por su brillante interpretación de Bela Lugosi.
La sombra del vampiro (E. Elias Merhige, 2000)
(Vía)
La historia del cine está llena de leyendas. Una de las más famosas dice que Max Schreck, quien encarnara al Conde Orlok en Nosferatu (1922), era un vampiro real encontrado de alguna manera por el excéntrico cineasta F.W. Murnau. Aunque existen numerosas pruebas de que el mito es falso, la cinta lo reavivó para las nuevas generaciones que parecían haber perdido el respeto a los monstruos clásicos, lo que resultó en una de las mejores películas de vampiros de todos los tiempos, así como una exquisita metaficción que aprovechó una de las creencias más tenebrosas de la vieja industria. Willem Dafoe fue nominado al Oscar a Mejor actor de reparto por su estupenda interpretación de Schreck/Orlok, mientras su estupenda labor convenció a los ejecutivos de Sony de que era el indicado para dar vida al Duende Verde en Spider-Man (2002).
El ladrón de orquídeas (Dir. Spike Jonze, 2002)
(Vía)
Una de las más brillantes metaficciones en toda la historia del cine, donde el guionista Charlie Kaufman plasma su propia frustración al no poder adaptar El ladrón de orquídeas de Susan Orlean. Lejos de conformarse con una historia netamente realista, el creativo la enriquece con toda clase de elementos ficticios, que van desde un hermano gemelo hasta un oscuro tercer actor. Una apuesta tan arriesgada, que el propio escritor temía que marcaría el final de su carrera. No fue así, pues aunque fue incomprendida por muchos, también fue estupendamente bien recibida por la crítica y los grandes certámenes, destacando la doble nominación al Oscar, no en dos categorías distintas, sino para él y su falso gemelo caído. Una auténtica metanominación.
Sunset Boulevard (Dir. Billy Wilder, 1950)
(Vía)
El cine silente dio grandes actores, muchos de los cuales fueron olvidados con la llegada del sonido. Tal es el caso de Norma Desmond, una actriz acabada que contrata a su propio guionista para escribir una elaborada adaptación de Salomé con la que planea regresar a lo más alto con apoyo de Cecil B. DeMille, quien fuera su director de cabecera durante sus años dorados. La fémina fue brillantemente interpretada por Gloria Swanson, quien vivió en carne propia la debacle de su carrera ante la llegada de las ‘talkies’, siendo Sunset Boulevard su mayor éxito en la era del sonido. A esto sumemos el brillante cameo del propio DeMille, uno de los grandes realizadores de todos los tiempos y cuya presencia selló una de las grandes metanarrativas en toda la historia del cine. No sorprende que la Academia la nominara para el Big Five, de las que sólo cosechó Mejor guion.
Dolor y gloria (Dir. Pedro Almodóvar, 2019)
(Vía)
Pedro Almodóvar aprovecha las posibilidades metanarrativas del cine para la realización de la película más personal de toda su carrera, sobre un cineasta que enfrenta dilemas muy parecidos a los suyos: la infancia, el deseo, el amor y el cine. Este último, más que una pasión, se ha convertido en el método para canalizar sus emociones, por lo que el creativo sólo puede exhibir una sensación de frustración y vacío ante su imposibilidad de seguir rodando. El consuelo es que, a pesar del dolor que le aqueja, el personaje logra retomarlo para alcanzar la gloria, lo que invariablemente nos hace pensar que el destino de Almodóvar fue el mismo.
8 ½ (Dir. Federico Fellini, 1963)
(Vía)
Una de las grandes joyas del cine italiano, así como uno de los mayores exponentes de la metanarrativa cinematográfica. El talentoso Federico Fellini captura las complicaciones de la realización, tan bien conocidas por el italiano, al introducirnos con un director en una profunda crisis creativa y que sufre ante las presiones de todos los que ansían saber cuál será su próximo proyecto. El cineasta nunca dijo que el protagonista estuviera inspirado en su persona, pero esto no le impidió aprovechar el título para referirse a sí mismo: 8 ½, el número de cintas que integran su filmografía, seis largometrajes, dos cortometrajes y una colaboración con Alberto Lattuada, destacando que estas tres últimas las consideraba medios filmes. La cifra se completó con este mismo proyecto.
Cantando bajo la lluvia (Dir. Stanley Donen & Gene Kelly, 1952)
(Vía)
Gene Kelly dirigió, coreografió y protagonizó uno de los grandes clásicos de todos los tiempos, sobre un carismático actor de la industria silente elegido por su estudio para dar el salto a las ‘talkies’ con una cinta musical. El problema es que su arrogante coprotagonista tiene una voz terrible que se torna inaudible con el canto, por lo que el actor recomienda a una talentosa corista para que la doble en secreto. El proyecto pasó a la historia por varios de sus números musicales, destacando el que da título al filme, pero también por su tortuosa producción, cortesía del alto nivel de perfeccionismo de su protagonista. Irónicamente sólo fue nominada a dos Premios de la Academia, de los que no ganaría ninguno. El tiempo le hizo justicia, cuando el American Film Institute la nombró la quinta mejor película de la historia.
Cinema Paradiso (Dir. Giuseppe Tornatore, 1988)
(Vía)
¿Cómo surge la enorme pasión de un realizador por el cine? Giuseppe Tornatore recurre al propio arte para responderla, al relatar la historia de un afamado director cuya vida quedó marcada por una profunda amistad con el proyeccionista de la sala que da título al filme y que representó el inicio de su más grande pasión. La cinta también se caracteriza por una de las secuencias más clásicas del cine: un montaje de besos, recortados de sus respectivos filmes por la censura y reunidos para el cumplimiento una promesa entre dos viejos amigos. Además de una carta de amor al celuloide y la labor creativa, también es un hermoso homenaje a las salas de antaño cuya existencia se ha reducido al mínimo ante las grandes cadenas.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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