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Películas de terror a plena luz del día

Por:

23-09-2019

¿Te sientes seguro bajo la luz? Estas películas de terror podrían hacerte cambiar de idea…

La oscuridad es un elemento recurrente del terror, pero esto no significa que todas las pesadillas se oculten en las sombras. El cine lo ha demostrado en varias ocasiones, con amenazas provenientes de distintos géneros que han desafiado la aparente seguridad que brinda la luz del día. 

Acompaña estas películas de terror que se desarrollan bajo los rayos del sol con unas palomitas POP y ¡disfrútalas! 

Sobre-Natural (Dir. Frank Darabont, 2007)
(Vía)
Sueño de fuga (1994) y Milagros inesperados (1999) convirtieron a Frank Darabont en uno de los realizadores más experimentados en la obra de Stephen King, pero fue Sobre-Natural –también conocida como The Mist– la que lo adentró en los horrores del autor norteamericano. La cinta, inspirada en uno de los cuentos más famosos del escritor, sigue a un hombre cualquiera que acude al supermercado con su hijo, ignorante de que una tormenta ocurrida la noche anterior ha liberado una niebla que oculta feroces criaturas que aniquilarán a todo aquel que se cruce en su camino. Aunque casi todas las acciones se desarrollan durante el día, esto no garantiza ninguna sensación de seguridad, ya que la densa niebla reduce la visibilidad al mínimo, por lo que sólo queda especular sobre las amenazas que deambulan por el mundo exterior y en espera de una nueva víctima.
El huésped (Dir. Joon-ho Bong, 2006)
(Vía)
El huésped rescató los viejos conceptos del kaiju para mostrar la historia de un hombre que intenta rescatar a su hija abducida por una temible criatura. Esto no implica que sea una simple película de monstruos, pues realmente es una dura crítica al gobierno coreano y sus pobres esfuerzos por procesar a un militar norteamericano que vertió desechos químicos en el río Han. Debido a esto, el director sólo usa la oscuridad cuando es absolutamente necesario, pues el resto del tiempo prefiere experimentar con la amenaza latente de que un día aparentemente perfecto pueda verse interrumpido, no necesariamente por un ente gigantesco, sino por un peligro nacido de la corrupción y la inoperancia de los gobernantes.
Estación zombie: Tren a Busan (Dir. Sang-ho Yeon, 2016)
(Vía)
Cuando todo parecía indicar que el subgénero zombie había visto sus mejores años, Sang-ho Yeon refrescó el interés en los no muertos al explorar una pandemia Z en Corea y centrándose en un tren cuyos tripulantes deben aliarse para soportar las embestidas de los infectados. Casi todo el recorrido es iluminado naturalmente desde las ventanas, pues el verdadero horror de la historia radica en la claustrofobia de los personajes, incapaces de abandonar el vehículo por las amenazas externas y cuyo único escape es avanzar a la parte frontal del vehículo para tratar de llegar a salvo a su destino, para luego improvisar con la esperanza de encontrar alguna zona segura. Más destacado aún es que el realizador revierte la eterna peligrosidad de la oscuridad al convertirla en una importante aliada para los sobrevivientes, quienes deberán aprovechar los breves pasos por zonas de túneles al percatarse que los infectados operan de manera errante ante la falta de luz.
El amanecer de los muertos vivientes (Dir. George A. Romero, 1978)
(Vía)
Mientras los monstruos clásicos se ocultan en la oscuridad, George A. Romero concluyó que sus zombies no tenían razón alguna para temer a la luz del día, lo que resultó en una clara exaltación del imparable poder destructivo de los no muertos. Esta característica surgió desde muy temprano en el subgénero con la mítica escena del cementerio vista en La noche de los muertos vivientes (1968), pero su consolidación en el imaginario colectivo llegó varios años después con El amanecer de los muertos vivientes y Día de los muertos vivientes (1985). Desde entonces es común ver estas amenazas deambulando libremente bajo el sol, como ha ocurrido en los respectivos remakes de estas obras, además de muchos otros proyectos del subgénero como Exterminio (2002), The Walking Dead (2010) y Guerra Mundial Z (2013).
La colina del terror (Dir. Wes Craven, 1977)
(Vía)
Muchos de los momentos más espeluznantes en la obra de Wes Craven se desarrollan en la oscuridad, pero su amplio dominio del terror también le permitió probar con horrores que sólo operan bajo la luz. Tal es el caso de La colina del terror, que aprovecha elementos del road movie y el western para mostrar un viaje familiar violentamente interrumpido por la aparición de un sádico grupo de mutantes en pleno desierto. La iluminación no se limita a la naturaleza propia del escenario, pues se trata de una poderosa simbología con la que el cineasta busca enfatizar que el brillo de la civilización desaparece en las situaciones más extremas. Más irónico es que los villanos atacan mejor a la luz del sol, lo que ha sido interpretado como los esfuerzos desesperados de los oprimidos por llegar a lo más alto de la escala social o en el peor de los casos, sumir a las élites con ellos.
Tiburón (Dir. Steven Spielberg, 1975)
(Vía)
Tiburón de Steven Spielberg difícilmente es vista como una película de terror bajo los parámetros actuales, pero la situación era muy distinta en 1975, cuando su estreno en pleno verano desató el nerviosismo de incontables vacacionistas que dudaban si entrar en el mar ante la amenaza de ser devorados por el mayor depredador submarino. La naturaleza propia del animal obligó a que las acciones se desarrollaran primordialmente durante el día, lo que no minimizó la tensión ante la existencia de una criatura que deambula libremente por debajo de numerosos bañistas para elegir cuál será su próxima víctima y cuya poderosa anatomía lo convierte en un rival prácticamente invencible hasta para los más valientes cazadores. Su impacto fue tal, que muchos la acusan de iniciar una auténtica fobia contra los tiburones que disparó su caza indiscriminada por todo el mundo.
Midsommar (Dir. Ari Aster, 2019)
(Vía)
Ari Aster demostró su dominio del terror con El legado del diablo (2018), pero su consolidación como maestro del género llegó con Midsommar, donde se desprendió de un elemento tan característico como la oscuridad para demostrar que nuestros peores miedos también pueden manifestarse bajo la aparente seguridad del sol. Para ello, el cineasta nos introduce a una remota comuna escandinava donde los rituales paganos de los lugareños consumen la cordura de un grupo de visitantes extranjeros, quienes pasan de la fascinación inicial por lo desconocido al terror extremo al saber que podrían convertirse en las víctimas de la próxima ceremonia. La mayor joya del terror ritual desde The Wicker Man, la cual apuntó al culto desde su paso por diversos festivales y cuyo impacto promete aumentar todavía más con un corte del director que incluye 30 minutos adicionales que resultaron demasiado perturbadores para la versión presentada en salas.
The Wicker Man (Dir. Robin Hardy, 1973)
(Vía)
Considerada por muchos como el mayor referente del terror ritual, The Wicker Man sigue los esfuerzos de un agente policiaco por encontrar a una chica desaparecida en una isla remota cuyos habitantes adoran a los mismos dioses paganos que alguna vez fueran idolatrados por sus ancestros. La luz juega un rol simbólico fundamental al demostrar que las amenazas no se ocultan en la oscuridad, sino en el secretismo de una comunidad perversa que, si bien parece encantada de apoyar al agente de la ley, realmente quiere aprovecharlo para la consumación de un plan pagano. Esto desemboca en la memorable secuencia final donde el infame Lord Summerisle rinde culto a sus deidades con un sacrificio realizado bajo un sol tan ardiente que sólo puede ser equiparado con las llamas que calcinan a su víctima.
Los pájaros (Dir. Alfred Hitchcock, 1963)
(Vía)
El trinar de los pájaros, tan característico del día, se torna una auténtica pesadilla bajo las órdenes de Alfred Hitchcock, quien abandona las comodidades de la ciudad para trasladar las acciones a un pueblo costero californiano súbitamente aquejado por un fiero ataque de todo tipo de aves. El realizador nunca explica las razones de estas agresiones, lo que ha provocado que muchos la consideren una historia de horror aparentemente sencilla que sólo aborda la eterna lucha del hombre contra la naturaleza. La omisión no fue casualidad, pues realmente se trata de una obra tan compleja que sus verdaderas intenciones siguen generando debates hasta nuestros días, con interpretaciones que van desde la exploración de la sexualidad femenina hasta la mofa contra la paranoia comunista.
La masacre de Texas (Dir. Tobe Hooper, 1974)
(Vía)
La obra maestra de Tobe Hooper nunca necesitó de la oscuridad para ser perturbadora. Sólo requirió inspirarse muy tibiamente en los crímenes cometidos por el infame Ed Gain para concebir a Leatherface, un asesino rural que aprovecha la carne de sus víctimas para alimentar a su familia caníbal, así como sus pieles para la confección de una máscara que le da nombre. La brutalidad del personaje aumenta todavía más con su característica sierra eléctrica, cuyo sonido constante funge como un eterno recordatorio de su brutalidad, pero también de su omnipresencia en la América profunda. A casi medio siglo de su estreno, la escena final que muestra al villano en una danza macabra con su arma ante la naciente luz del amanecer se mantiene firme entre las más escalofriantes de la historia.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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