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Prince: Su majestad, el púrpura

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21-04-2017

A un año de su muerte, recordamos el legado de Prince Rogers Nelson.

A veces, 157 centímetros son suficientes para convertirse en un gigante: basta con que cada milímetro esté compuesto de un talento incontestable. Prince contaba con eso y más. Hombre del Renacimiento incrustado en la segunda mitad del siglo XX, sacó partido de sus virtudes con tal megalomanía que a su lado Madonna y Michael Jackson, con quienes compartió año de nacimiento, pasarían por humildes monjes franciscanos.

Tanto ego, sin embargo, siempre le fue perdonado por un público que a cambio recibió la magia que emanaba de su arte, el cual se consolidó gracias a una imagen nunca vista hasta entonces y en la que convivieron la androginia de David Bowie, la “cachondez” funky de James Brown y el salvajismo de Jimi Hendrix. (Por no hablar de Mozart, al que le robó las camisas y un virtuosismo precoz). Pero todo ello en medidas justas. Porque Prince sólo se parece a Prince, el demonio púrpura de Minneapolis que falleció el 21 de abril de 2016 en condiciones condenadas a nunca quedar claras.

Cine de color púrpura

El músculo creativo de Prince alcanzaría, por supuesto, al cine. En honor a su memoria eludiremos dos experimentos que merecen poco más que su mención, como lo son Under the Cherry Moon (1986) y Graffiti Bridge (1990), ambas dirigidas y protagonizadas por él y cuyo resultado es tan limitado como el que tendría Martin Scorsese tocando la guitarra de “Let’s Go Crazy”.

La película Purple Rain (1984), en cambio, tiene asegurada su permanencia en el universo de la princemanía, no solamente porque su éxito comercial consolidaría al cantante como un fenómeno pop, sino porque es capaz de sostenerse por sí sola desde un punto de vista cinematográfico. Albert Magnoli, el director, logra que el mosaico de números musicales se sostenga de una historia creíble y en la que la actuación de Prince podría calificarse al menos de convincente. Por demás, esta cinta tiene el gran acierto de concluir con la espectacular canción que le da título: su contundencia es capaz de levantar a cualquier muerto. Y de paso, ganar un Oscar. Si embargo, esta fórmula es más funcional en aquellas cintas en las que la presencia de Prince Rogers Nelson no es física, sino a través de notas. Allí tenemos por ejemplo el mítico fragmento de Mujer bonita en el que el personaje de Julia Roberts disfruta de un baño de tina al ritmo de “Kiss”. Escucha la canción con los audífonos puestos y la canta entregada, sin percatarse de la mirada de quinceañero enamorado que le dedica Richard Gere.

Otra secuencia conmovedora pertenece a Romeo+Julieta (1996). Acontece en el coro de una iglesia, donde un niño hace una estremecedora versión góspel de “When Doves Cry”. Su dramatismo contrasta, por su parte, con el desparpajo con el que Chris Tucker aúlla y baila los versos de “Do Me, Baby”, en los créditos iniciales de Una pareja explosiva 3. Aunque es cierto: para sus seguidores más férreos quizás el homenaje más memorable que se haya hecho a su ídolo fue captado por la televisión y no por el cine. Ocurrió hace apenas tres años en New Girl. Prince, al parecer fanático de la serie, no se conformó con cantar a dúo en uno de los capítulos al lado de la protagonista, Zooey Deschanel, sino que además actuó. O algo parecido.

Ante todo amante del cine, Prince tenía a Matrix y a El padrino entre sus filmes favoritos. Y también le gustaban las películas de Kevin Smith (a quien contrató alguna vez para hacerse un documental que nunca terminaron) y de Spike Lee: por eso, algunos de los metrajes de estos directores están ornamentados con su música, al igual, claro está, que varias escenas de Batman (1989), de Tim Burton, para la que contribuyó con un soundtrack tan ecléctico como apabullante.

Digno, en cualquier caso, de ser escuchado de nuevo en una tarde cualquiera. De esas en las que no para de llover.

 

Éste texto fue originalmente publicado en Cine PREMIERE #261 de junio 2016.

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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