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Diana Lein revela cómo se transformó en una justiciera en Rencor tatuado

Por:

14-02-2020
Rencor tatuado

Conversamos con Diana Lein sobre la construcción del personaje de ‘La Vengadora’.

Tras obtener su segundo Premio Teddy en la Berlinale por Rabioso sol, rabioso cielo en 2009, el cineasta Julián Hernández se puso en contactó con la escritora Malú Huacuja del Toro para desarrollar una película completamente distinta en términos narrativos y estéticos a las obras previas dentro de su filmografía. El resultado de esa colaboración es Rencor tatuado, una película de cine negro ambientada en 1995, pero que retrata una realidad dolorosamente vigente.

Aída Cisneros (Diana Lein) es una videoartista, quien tras un despiadado ataque contra su familia, decide fingir su muerte y transformase en una justiciera cuyos actos pronto ganan notoriedad en los medios. ‘La Vengadora’ es contratada por diversas mujeres para seducir y narcotizar a los hombres que las han violentado, dejándoles un tatuaje en el cuerpo para que nunca olviden sus atroces crímenes. Sus misiones la conducen hasta una red de prostitución y extorsión que implica a altos funcionarios públicos y empresarios en la Ciudad de México.

En Cine PREMIERE conversamos con Diana Lein en el marco del estreno comercial de la producción este fin de semana, la cual llega finalmente a las pantallas tras una década de esfuerzos. La actriz española forjada en México, cuyos créditos incluyen películas como Asesino en serio (2002), Adán y Eva (Todavía) (2004), Cantinflas (2014) o El complot mongol (2019), nos habló sobre la construcción del personaje de ‘La Vengadora’ y la pertinencia del filme en la presente coyuntura social.

Tuvimos la oportunidad de platicar con el director Julián Hernández hace poco [CP 305] y él nos comentaba que fuiste tú precisamente la primera persona con la que se pusieron en contacto para hacer Rencor tatuado. ¿Cómo fue ese primer acercamiento?

Yo siempre he admirado el cine de Julián [Hernández]. Me parece que a esas alturas yo ya había trabajado con él en algún papel menor. Sin embargo, no sabía nada de este proyecto. Era un poco misterioso el asunto. Nos citó a una sesión de fotos para su siguiente película a varias actrices y actores –esto fue hace casi ya 10 años– y ahí nos comentó que, por primera vez, quería filmar algo que se saliera de lo que venía haciendo [con su cine LGBT], que era un guion de otra persona y nos dio a grandes rasgos los detalles de la historia. Todavía no sabíamos a qué personajes íbamos a interpretar, eso llegó casi un año después prácticamente. Me sentía muy emocionada de trabajar con un creador al cuál admiro profundamente. Después al saber que era un guion de Malú Huacuja del Toro, que además es una escritora que admiro, pues ya había leído [su novela] Un Dios para Cordelia muchos años atrás, y de enterarme en concreto de que iba a la historia, la emoción fue todavía más grande.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones cuando leíste el guion escrito por Malú Huacuja del Toro?

Me pareció una historia poderosísima. Algo que me gusta mucho del guion, y que encuentro también en otros libros de Malú, es esta capacidad que tiene de abrir todas las líneas argumentales y luego al final lograr cerrarlas. Desde luego, me llamó la atención que era una historia absolutamente centrada en las mujeres y eso es bastante raro de encontrar en un guion. Normalmente los personajes femeninos suelen parecer muy cercanos al cliché y casi siempre acompañados de alguna fantasía masculina. [Rencor tatuado] es una historia sobre lo femenino, sobre los universos femeninos, y que además hablaba de una realidad que digamos, no es que no sucediera, sino que no estaba tan fuerte en la agenda como en la actualidad. De hecho, en algún momento pensamos incluso que la anécdota se iba a quedar vieja cuando lográramos estrenar la película. Imagínate cuál fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que no era así.

¿Cómo te preparaste inicialmente para encarar un personaje tan complejo como Aída Cisneros?

A lo largo de estos años Julián y yo fuimos hablando, él me dio referencias y datos de vital importancia. Para Julián era muy importante trabajar la manera en la que Aída ve el mundo porque en la historia ella es además una artista visual, una artista plástica y una fotógrafa. Entonces, me dio como referencia a Ana Mendieta, una artista cubano-americana que falleció a los 37 años y revisé su obra a conciencia. Empecé a recolectar todas las noticias de feminicidios –que en ese momento no eran llamados así, pero ya lo eran– y de abusos contra las mujeres, un poco tratando de alimentar eso que motivaba a Aída en la lucha. Estuve en un curso de fotografía e iba a hacer tareas, sacaba fotografías como yo creía que lo haría ella, aprendí a revelar y otras cosas muy concretas de su arte que me ayudaron mucho. Después lo que hice fue más a nivel personal, como sé que Julián no lleva a cabo una labor muy intensa de ensayos con los actores, pues por mi cuenta me puse a analizar el guion, a realizar un mapeo de las relaciones de Aída con los otros personajes, tratando de darle sustento a eso que a Aída le había sucedido en el pasado. Y, por supuesto, continué con mi preparación física que era importante para el personaje.

Al ser un proyecto que tomó seis años en levantarse, ¿de qué formas evolucionó tu perspectiva sobre el personaje? ¿Cambio algo substancial?

Sí, claro. No sé si sustancial, pero cambié yo. Evidentemente crecí [como persona], espero, y eso sí cambió mi forma de ver a Aída. Cuando comenzamos a filmar yo tenía un cuaderno lleno de apuntes, notas, dibujos, fotos y otras cosas que había hecho a lo largo de los años, las cuales tuve que abandonar. Tuve que dejar el cuaderno a un lado y lanzarme de lleno al vacío y decir: ‘bueno, ahora no me toca más que confiar en lo que tengo dentro y que me toca vivirla’. Sí, [mi perspectiva] fue mutando a lo largo del tiempo.

¿Cuál considerarías que fue el desafío más grande al darle vida a ‘La vengadora’? 

Tratar de comprender la manera en que ella intenta hacer justicia. En mi mente, una vengadora lo que haría es exactamente lo mismo que los victimarios hicieron a sus víctimas. En ese sentido, yo pensaría en causar algún daño, yo Diana, si fuera una vengadora. Aída no. Me costó mucho entender esa parte y lo hablé con Julián, lo hablé con Malú, y al final terminé comprendiendo que Aída no es una vengadora; es una justiciera. En realidad, lo que ella busca no es hacer daño, sino que busca darle voz a las que ya no la tienen y, sobre todo, busca que esos victimarios no puedan olvidar lo que hicieron. Esa parte me resultó particularmente complicada. Y también la manera de filmar de Julián requiere muchísima precisión para todos los involucrados. Su manera de filmar es compleja en el sentido técnico. Siempre tiene en claro dónde va a poner la cámara y cómo va a filmar la escena. A veces hacíamos una o dos secuencias por día porque todo el tiempo era una danza con la cámara. Eso fue de lo más complicado para mí.

La película se estrena en un momento coyuntural donde resulta más que oportuna. ¿Qué aporta Rencor tatuado a este debate?

Aporta una mirada bastante real y nada idílica sobre lo femenino y lo masculino. Aporta distintas voces, distintas maneras de habitar la feminidad y creo que eso es muy válido. Y a final, creo que hay un mensaje que es sumamente importante: el mensaje de la solidaridad. Creo que la voz de Martha (personaje transgénero interpretado por César Romero Medrano) es particularmente importante en ese sentido. En algún momento al final, ella escucha la voz de Aída en su mente que le dice: ‘por fin te has convertido en una verdadera mujer’. Y ser una verdadera mujer en este contexto requiere ser valiente y sacar las castañas de las otras del fuego. Creo que eso es lo que necesitamos en este momento. Necesitamos estar unidas no solamente las mujeres, sino los hombres también frente a [la violencia] que nos aqueja a todos y que nos aterra como sociedad. Desvictimizar a las mujeres también es muy importante y los personajes femeninos de Rencor tatuado no están instalados en ser víctimas, todo el tiempo están luchando contra esa victimización de lo femenino.

¿Qué dice de nosotros como sociedad el hecho de que en la realidad y en la ficción sean las mujeres quienes tengan unirse para decir: ‘ya basta’?

Es que no podría ser de otra manera, es decir, ¿cómo se van a unirse los hombres para decir ‘ya basta’, si no viven esa realidad? Es muy difícil explicarle a un hombre lo que es todos los días estar sometida a una violencia constante, que va desde miradas o tocamientos en el Metro. Yo cada vez que salgo a la calle tengo que pensar a dónde voy y qué me voy a poner, y eso probablemente un hombre lo desconoce absolutamente. Entonces, claro que tenemos que ser las mujeres las que alcemos la voz, pero no nos equivoquemos. Creo que nos necesitamos todos como sociedad para hacer un cambio y hay muchísimos hombres que pueden aportar muchísimo al movimiento feminista. Al final se trata de que tengamos un mundo más justo para todos.

¿Es Rencor tatuado un thriller de empoderamiento feminista o cuál sería una descripción más apropiada?

[Ríe] «Un thriller de empoderamiento feminista…» Sí. Probablemente, sí. Pero no me quedaría sólo ahí. Creo que también hay muchos temas alrededor. También es una historia de deseo, de pasión, de reflexión personal, pero sí la podría describir así, sin duda. Rencor tatuado es una historia con personajes muy reales, muy tangibles, muy asequibles, para nosotros, y nos ofrece una reflexión sobre cómo nos comportamos los unos con los otros.

Rencor tatuado se estrena este viernes 14 de febrero en un circuito limitado de exhibición que incluye la Cineteca Nacional, IFAL, Cine Tonalá, Cinemanía, La Casa del Cine y algunas salas de Cinépolis y Cinemex.

Redactor de Cine PREMIERE y colaborador de Otaku-shi

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