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REVISTA Columnas

Salir del clóset

Por:

10-11-2008

Milk, una cinta que, además de ser espléndida, nos lleva a una reflexión personal.

El jueves por la noche vi Milk, la biopic de Gus Van Sant sobre el activista por los derechos gay Harvey Milk, quien fue el primer político abiertamente homosexual con un cargo público en la Unión Americana. Gracias a él, el distrito de Castro en San Francisco es hoy el bastión de la diversidad sexual. El filme es soberbio, y la actuación de Sean Penn bien podría llevarlo a otro Oscar. El filme, aunque adolece de algunas convenciones de la biografía cinemática, es un estudio de personaje certero, de cadencia y locura en dosis adecuadas. En los días siguientes, tuve la oportunidad de entrevistar a Gus Van Sant (para mí un maestro en vida) y Diego Luna (interpreta a Jack Lira, uno de los novios de Harvey), quienes me hablaron del verdadero mensaje de la cinta.

"Es una metáfora –me dijo Diego–, para lo que todos deberíamos de hacer: salir del clóset, y no hablando, para nada, en sentido de la sexualidad. Vivimos muchas veces vidas que no queremos vivir, complaciendo a gente que ni queremos, y traicionamos nuestra verdadera esencia. El mensaje de Harvey es que todos salgamos del clóset, que seamos fieles a lo que somos".

"Siguió sus ideales, y eso le costó incluso la vida. Pero era feliz, tenía una efervescencia contagiosa", remarcaría Van Sant.

Este pensamiento me revoloteó en la cabeza por horas, después días, y creo que terminarán siendo semanas.

¿Qué somos realmente, en qué clósets nos metemos? Yo sé que estoy metido en más de uno, y la gente a mi alrededor –colegas, familiares, amigos– también. El mundo es un sembradío de armarios: oficinas, escuelas, gobiernos… desde niños vivimos, en todos ellos,  un encierro voluntario o involuntario, eso sí ya cada quién, pero encierro al fin. Yo, por ejemplo, sé que soy un viajero de clóset, que lo mío sería vivir como el personaje de Stellan Skaarsgard en Mamma mía!. Sé que soy un telenovelero de clóset, que si tuviera el tiempo me la pasaría viendo culebrones. Que soy un lector empedernido de clóset: que si por mí fuera leería todo el día, sin parar, como si fuera mi trabajo diario. Que soy un escritor de clóset: que lo mío lo mío lo mío es la vida monacal frente a un monitor en blanco, sobre una silla de madera, con una terera humeante que me alcance toda la mañana. Soy un músico malo de clóset: he intentado aprender la guitarra, la harmónica… pero no, no se me da, Lo mío lo mío es… No sé, a veces aventarse al vacío da tanto miedo y tanta tranquilidad a la vez.

¿Qué habría pasado si Carlos Reygadas no hubiera salido del clóset y de abogado se lanzara al vacío de la autoría fílmica? ¿Si Bob Dylan hubiera seguido el designio y hubiera sido un oficinista? ¿Si Rulfo (Juan, el papá) hubiera sólo trabajado en la llantera y jamás escrito Pedro Páramo? ¿Si Cortázar hubiese echado por la borda sus superpoderes literarios para enfocarse en la docencia? ¿Si el fotógrafo Sebastiao Salgado hubiera permanecido en el armario de la economía, su carrera inicial? ¿O si el novelista portugués Antonio Lobo Antunes no hubiese dejado la psiquiatría para dedicarse de lleno a su llamado: ser uno de los mejores escritores del mundo? O, para subirnos a la ola noticiosa del momento, si Barack Obama se hubiese metido en una oficina de Wall Street y jamás hubiese caminado las calles de Nueva York en busca de respuestas, como lo narra en su libro autobiográfico, y las encontrara en los rostros desencajados de los desprotegidos. El mundo sería distinto, mejor o peor, quién sabe, pero distinto al fin, si todos estos seres excepcionales no hubiesen salido de su clóset personal. 

De regreso a México, me encontré a Diego en el aeropuerto. Se le veía tranquilo, cargando unos palos de golf y hablando por celular, de seguro a su esposa, mientras esperaba sus maletas. Sonreía. Se veía, como en su anuncio para American Express, pleno. Director, productor, actor… bueno o malo, pero, eso sí, con los dos pies fuera del clóset que quizás tuvo al crecer. O pienso en Sean Penn, arriesgándose a la crucificción mediática con viajes a Venezuela e Irak.

Milk: cuando se estrene en el cine en México o en donde te encuentres, de seguro cerca de la temporada de premios, no dejes de verla. Reflexionarás, y saldrás queriendo portar tu propio arcoiris, sea cual sea.

¿En qué clóset estás metido tú?

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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