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Todd Haynes y las maravillas del silencio

Por:

22-01-2018
Todd Haynes

El director Todd Haynes habla de su trabajo con Millicent Simmonds, la pequeña actriz cuya sordera enriqueció Wonderstruck: El museo de las maravillas.

Cerca de cumplir 60 años, Todd Haynes ha cambiado el sol de su California natal por la calma nublada de Portland; pero lo suyo siguen siendo los personajes que agarran al destino por los cuernos y toman decisiones que trastocan su entorno: el múltiple Bob Dylan de Mi historia sin mí (2007), las amantes en fuga de Carol (2015) o las aguerridas esposas suburbanas de Lejos del cielo (2002), Safe (1995) o en la miniserie de HBO Mildred Pierce (2011).

Mirándolo a los ojos, uno descubre que él también es uno de ellos. La más reciente de sus mutaciones ha sorprendido a propios y extraños como una de las más inesperadas de su carrera: la adaptación de Wonderstruck, una novela gráfica de Brian Selznick (La invención de Hugo Cabret), va dirigida a niños y jóvenes y gira  en torno al cine mudo, la memoria, la sordera, el difícil tránsito a la adolescencia y la posibilidad de que el destino de dos pequeños solitarios, separados por décadas de distancia, esté enlazado con el cosmos de una ciudad como Nueva York.

Todd Haynes conversó con Cine PREMIERE acerca del origen de Wondertsruck: El museo de las maravillas, –que lo colocó por tercera ocasión en competencia en el Festival de Cannes y ahora llega a la cartelera mexicana–, así como de su trabajo con Millicent Simmonds, la pequeña actriz cuya sordera fue una fortaleza.

¿Qué fue lo que te motivó a querer dirigir El museo de las maravillas?

Yo no habría pensado en hacer cine sobre niños hace apenas un par de años. Conocí la historia de Wonderstruck mediante el guión de Brian (Selznick), sin haber leído su novela, y me pareció muy interesante, pero fue hasta que conocí el original que quedé fascinado por sus posibilidades cinemáticas y visuales. Es una historia en donde el diálogo frecuentemente está en segundo plano, detrás de las imágenes.

No solo el diálogo. La película misma puede contarse a través del oído, de sus dimensiones sonoras.

Sí, es cierto. Sería fácil decir que es una película acerca de discapacidades auditivas, pero no sería del todo cierto. Es sobre el sonido y la música como un puente que une dos vidas que no tendrían porque estar conectadas de otro modo. Antes de rodar, Oakes [Fegley, uno de los niños protagonistas] y yo salimos a recorrer Nueva York con audífonos que bloquean todo el sonido exterior. ¡Es una ciudad completamente distinta!

Vaya, para un cineasta que siempre ha estado interesado en el diálogo entre el cine y los mitos de la música popular como Bob Dylan o David Bowie, ir de la música a la sordera parece todo un giro.

Si, lo sé…. (ríe)

Pero además está la decisión de trabajar con personas que efectivamente viven con sordera para las escenas que se desarrollan en los años 20. Millicent “Milly” Simmonds, la otra protagonista, es un descubrimiento, ¿cómo es para ti dirigir a alguien con esas características?

Vaya, Milly fue un regalo. El primer casting fue solo físico. Ella debía explicarnos con lenguaje de señas qué significaba no poder escuchar, y nos conmovió a todos porque no lo asumía en absoluto como una discapacidad, sino como una forma de estar en el mundo. Yo cruzaba los dedos para que además pudiera actuar. ¿Sabes?, para alguien que vive en su vida real con la necesidad de enfatizar sus expresiones para poder comunicarse, existía el riesgo….

…¿de que sobreactuara?

Sí, exacto. El caso es que por cuestiones de planeación, su primer día de rodaje era la escena en el cine. Tenía que llorar mientras veía a Julianne Moore en la pantalla. El caso es que intenté relajarla diciéndole que no tenía que llorar de verdad, que podíamos usar un pequeño spray de lágrimas que utilizan muchos actores, y ella elegantemente dijo (con la mano): No. Más tarde, cuando vi con atención el visor de la cámara, estaba llorando con una naturalidad que sigo sin explicarme. A partir de ahí, Milly entendió cómo dar un paso atrás, ¿sabes?, para distanciarse y que el actuar pareciera siempre natural, sin exagerar nada. No entiendo como lo hizo. De verdad, fue un regalo.

Es una decisión valiente rodar las dos partes de esta historia –una en 1927, otra en 1977– con estilos y atmósferas tan distintas. La primera de ellas alude directamente al cine mudo, sus lenguajes, sus ritmos, su luz… ¿cuál es tu relación con la etapa silente del cine?

Volví a ver muchas películas del periodo y descubrí muchas más que no conocía. Otras siempre han estado ahí para mí, como Chaplin. El equipo que formé con mi director de fotografía y el diseñador de arte tuvo una investigación enorme con fotografías, diseños, vestidos, películas de cada periodo. Me di cuenta que vivimos tan acostumbrados a todo el legado que permanece hoy del cine mudo, que rara vez somos conscientes de cuán sofisticado, cuánta innovación había en ese mundo, esas puertas que se estaban abriendo todo el tiempo. Una guía recurrente fue The Crowd, una obra maestra dirigida por King Vidor en las calles de Nueva York exactamente en ese momento.

Finalmente, ¿nos puedes dar una pista sobre el proyecto que estás desarrollando ahora mismo? Escuché que estás leyendo mucho sobre Hitchcock últimamente…

¡Wow! Eso no lo vi venir…(ríe). Pues, sí… hay algo que me ha hecho volver a Hitchcock, pero está en una etapa muy temprana y aún no me atrevo a revelar nada al respecto. Habrá que esperar.

 

Todd Haynes

 

 

TRES PELÍCULAS IMPERDIBLES DE TODD HAYNES

Velvet Goldmine (1998)
Después de enfrentar demandas por el retrato poco halagüeño del dúo The Carpenters en Superstar (1987), Todd Haynes reincidió con una biografía disfrazada sobre los años salvajes de Iggy Pop y David Bowie en el Londres de los setenta. Como resultado, Bowie le prohibió a Haynes utilizar su música en la banda sonora, acuerdo que respetó… hasta ahora, pues una versión de “Space Oddity” aparece como homenaje al Starman en los avances de El museo de las maravillas.

 

Lejos del cielo (2002)
Entre el trío de colaboraciones entre Todd Haynes y Julianne Moore, esta intensa y desencantada crónica de la Norteamérica suburbana en los idílicos años 50 es, quizá, la de aroma más perdurable. Resurrección fantasmal de melodramas clásicos como los dirigidos por Douglas Sirk en el viejo Hollywood, Lejos del cielo le dio a la dupla Haynes–Moore sendas nominaciones al Oscar.

Carol (2015)
Antiguo pionero del New Queer Cinema, Todd Haynes convirtió la novela de Patricia Highsmith –sobre el amor roto entre dos mujeres neoyorquinas en los años 50– en un suntuoso duelo actoral entre Cate Blanchett y Rooney Mara. Aunque ninguno de los temas de Carol es nuevo en la filmografía del californiano, encontramos aquí su versión más madura, bella y matizada. Para algunos, su obra maestra.

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Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

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