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Tormentero: José Carlos Ruiz encarna al olvido

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24-08-2018
Tormentero

“Creo que es una película que mantiene la atención de la gente y un desconcierto de forma positiva”.

En julio de 1971, Campeche estuvo de fiesta. En aquellos días, el pescador Rudesindo Cantarell descubrió una gran mancha negra en el mar que se convertiría en uno de los pozos petroleros más grandes del mundo. Por su hallazgo, el hombre fue homenajeado y el yacimiento fue bautizado con su apellido. Años después, él moriría en el completo olvido. Ahí, frente a su tumba, el cineasta mexicano Rubén Imaz miraba el nombre inscrito en la lápida de quien alguna vez fue considerado héroe nacional. Sorprendido por el abandono que mostraba el lugar, el responsable de cintas como Familia tortuga; Cefalópodo y Epitafio –codirigida con Yulene Olaizola– materializó su siguiente proyecto cinematográfico. Así fue como inició el viaje de Tormentero, cinta que se inspira en la figura de un héroe olvidado para crear su propio relato. “No quiero hacer historia. Mi cine es una ficción a partir de una fantasía. Así comencé a acercarme al personaje”, nos revela Imaz.

Estrenada en las ediciones más recientes de los festivales FICUNAM, SXSW y Mar del Plata, Tormentero llevó a la audiencia por un viaje lleno de emociones. “Creo que es una película que mantiene la atención de la gente y un desconcierto de forma positiva”, afirma Imaz. “En las funciones que tuvimos en esos certámenes, el público hizo unas lecturas asombrosas de la película; mucho más profundas de lo que uno podría llegar a esperar. Creo que la historia que presentamos nos suma a la pesadilla nostálgica de este viejo pescador y podemos vivir con él una avalancha de emociones, sentimientos y desconciertos”.

Para llevarnos por esa dualidad entre luz y oscuridad, entre el pasado y el presente de su protagonista, el realizador encontró en el histrión mexicano José Carlos Ruiz lo que buscaba. “Es uno de los mejores actores de su generación”, nos dice el cineasta. “Siempre busco la empatía entre las vísceras del personaje y las vísceras del actor”. “Desde un inicio, José Carlos me demostró que se podía convertir en este viejo resentido, nostálgico, que todavía está fuerte y ganoso, y que es capaz de cambiar al mundo con una gran pasión y efervescencia. José Carlos es un roble y Tormentero se terminó convirtiendo en él”.

El cine como escuela de vida

“Uno nunca juega a perder cuando hace una película”, nos dice José Carlos Ruiz. “Pero quien tiene la última palabra es el público. Todas las películas son una invitación a la aventura sin naufragar, siempre con la esperanza de llegar a buen puerto”.

“Yo no fui a la escuela, fui al cine”, dice el actor de 83 años, ganador de seis premios Ariel. Con más de 50 años de trayectoria, Ruiz ha encontrado en los escenarios el lugar que mayores satisfacciones le ha dado en su vida. “El cine es como el amor; es una vocación, es una necesidad. ¡Es como una droga! Si mañana me dijeran que ya no volveré a trabajar nunca más, ¡yo me muero pasado mañana! Yo amo al cine”, dice el protagonista de clásicos como El apando, de Felipe Cazals, o Los albañiles, de Jorge Fons.

Con una filmografía de 107 títulos, un factor constante en algunos es el talento emergente detrás de ellos. “He tenido mucha suerte con los jóvenes”, nos dice y recuerda su trabajo con Raúl Araiza en Fuego en el mar y en Toña Machetes; con Juan Antonio de la Riva en Vidas errantes; con Diego López en Goitia, un dios para sí mismo; con Roberto Sneider en Dos crímenes y Jack Zagha en Almacenados. Todas estas películas, por cierto, le dieron un Ariel.

“Estamos en una época con realizadores muy fregones”, afirma. “Imaz, por ejemplo, tenía una visión muy interesante de la historia y de este personaje. Logramos una película digna con un personaje muy interesante y doloroso. Este hombre es huraño, seco, jodido y siempre inmerso en el alcohol, en el fracaso, en la amargura. Con Rubén fuimos construyendo los retazos de su vida. Imaz no hace una película boyante y de luz. Él siempre está metido en la penumbra, entre el humo, la noche, el rayo de luna y una tormenta constante. Tormentero es una película muy difícil pero entrañable. Va a desconcertar a la gente”.

Tormentero póster

(Una versión de este artículo fue publicado en Cine PREMIERE #287)

 

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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