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Las niñas bien y Leaving Neverland

March 2019

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CRÍTICAS Cine

Triple frontera – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 3
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15-03-2019
Triple-Frontera-critica

En consonancia con el mundo que nos mostró en El precio de la codicia, J. C. Chandor se obsesiona más por describir los efectos que el deseo por lo material produce en el ser humano que en darle seguimiento a una épica personalista y chovinista.

Triple frontera (Triple Frontier) es una película de acción. Se leerá aquí y allá que en ella se cruzan géneros, y es cierto, pero básicamente es una película de acción. Hay persecuciones en autos, choques de helicópteros, una cantidad ridícula de dinero en juego y muchos, pero muchos balazos, y los protagonistas son machos alfa fornidos y caradura –de esos que escupen veneno en vez de saliva–. Por si fuera poco, todos los elementos mencionados son acomodados en un metraje que avanza a ritmo frenético en escenarios naturales hostiles, similares a aquellos en los que Stallone, Norris o Schwarzenegger probaron su hombría y repelentes de mosquito en la década de los ochenta.

La historia narrada, por supuesto, cumple con lo esperado: un soldado estadounidense que sigue en activo, “Pope” Garcia (Oscar Isaac), convence a sus ex compañeros de infinitas batallas, ya retirados, a incorporarse en una misión que se antoja casi imposible: aniquilar a un malvado narcotraficante –latinoamericano, claro, ¿o hay otros?– que hace sufrir a una ingente cantidad de personas y, de paso, o a manera de premio por la hazaña, llevarse una millonaria recompensa.

“Ironhead” Miller (Charlie Hunnam) y su hermano Ben (Garrett Hedlund) aceptan la oferta casi sin chistar, al igual que el taciturno “Catfish” Morales (Pedro Pascal) –con quien por cierto “Pope” a veces habla en español–, no así “Redfly” Davis (Ben Affleck), quien duda en incorporarse a causa del mal rato por el que pasa a nivel personal, pero cambia de opinión una vez que revisa el plan diseñado por “Pope” y de paso medita en lo bien que a él y a sus hijas les vendrían cifras de seis ceros en su cuenta bancaria. A partir de ahí no hay nada en el guion que rompa con lo acostumbrado.

Triple frontera critica

Todos sabemos que en el cine de mercenarios estadounidenses el patrioterismo y la constante definición de supuestas líneas éticas o morales invariablemente hallan lugar en los diálogos, y también que tras la brutalidad y los abrazos ruidosos y acompañados de gruñidos que estos gladiadores armados se proporcionan no hay sino ternura y volubilidad, es decir, material de sobra para el llamado bromance. Asimismo, somos conscientes de que, después de todo, la frontera entre buenos y malos, aunque a veces sea endeble, nunca pierde su marca en este tipo de historias.

El problema, o más bien, la virtud de Triple frontera es que una vez que ocurre todo aquello que esperábamos que ocurriera no hemos llegado ni a las dos terceras partes de la cinta. Como se ha advertido al principio de esta crítica, el filme no deja de ser en ningún momento de acción, pero la parte realmente novedosa llega después de la segunda mitad. En consonancia con el mundo que nos mostró en El precio de la codicia (2011), su debut como director, J. C. Chandor se obsesiona más por describir los efectos que el deseo por lo material produce en el ser humano que en darle seguimiento a la épica personalista y chovinista que las franquicias de Rambo o The Delta Force llevaron a la caricatura.

El resultado es loable, no sólo porque a nivel narrativo aquello que podía salir mal sale peor, lo que siempre funciona a la hora de generar tensión, sino porque desmitifica –al menos hasta cierto grado– aquellos personajes a los que previamente había presentado como ejemplos de lealtad y honor. Al igual que aquellos brokers y CEOs de empresas financieras que fomentaron la crisis internacional de 2008 y que son expuestos en El precio de la codicia, los protagonistas de Triple frontera pierden la sensatez, incluso el respeto a la estrategia, vital en cualquiera que se gane la vida echando balas, cuando lo que hay en juego es el beneficio económico. Para exponer su premisa, Chandor se auxilia del talento histriónico de sus actores, quienes consiguen la difícil tarea de transmitir a sus personajes una notable ambigüedad, incluso emociones oscuras o distorsionadas, en aras de hacerlos creíbles, al tiempo que generan un atractivo desconcierto. Ben Affleck, tan vapuleado por diversas razones en los últimos meses, merece una mención especial en el conjunto. Su participación es de lo mejor en una película que no está poblada por héroes o antihéroes, sino por un manojo de hombres ordinarios que tienen que pagar las consecuencias de su ambición.

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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