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UN TOP 10 PERSONAL

Por:

02-01-2011

Un nuevo año que comienza. Propósitos: Como todos, tengo muchos. De entrada, y eso viene a cuento, seguir apareciendo en esta ventana hasta que me dejen. O hasta que me agote, hasta que termine aburriéndome de mí mismo. Y creo que es por esto último que no aparezco tanto por aquí. Por lo común espero […]

Un nuevo año que comienza. Propósitos: Como todos, tengo muchos. De entrada, y eso viene a cuento, seguir apareciendo en esta ventana hasta que me dejen. O hasta que me agote, hasta que termine aburriéndome de mí mismo. Y creo que es por esto último que no aparezco tanto por aquí. Por lo común espero a que la náusea sea abundante e inevitable. Y ya cuando siento que me está rasgando la garganta corro a este escritorio carcomido desde el que ahora puede verse un árbol forrado con nieve, un árbol de ramas grandes que siguen creciendo, al punto que el pasado verano la más larga y amenazante de ellas tocaba una de las ventanas de la sala como para que mi mujer y yo lo dejásemos entrar. Para ella, de tratarse de un ser con conciencia, Albert, como llamamos a este olmo que ahora presume sus desnudeces, sería un árbol tan sabio como amistoso, del tipo de aquellos que aparecen en El Señor de los Anillos. Para mí en cambio, dado al fatalismo y las paranoias, Albert está esperando justo el momento en que le cedamos nuestra confianza toda para atacarnos de la misma manera en que el pequeño Robbie es violentado por un árbol en la que acaso sea la escena más terrorífica de Poltergeist

Antes, pues de que eso suceda, de que Albert rompa los cristales y me tome por el pescuezo, y me sacuda y en alemán me lea la letanía de pecados -que, la verdad, creo que no son demasiados- por las que mereceré un infierno poblado de árboles voraces y mastica-humanos, cumplo siquiera con uno de esos mentados propósitos del año que comienza consistente en dejarles aquí, de compartirles, aquellas que para mí fueron las diez mejores películas que miré en el 2010. Algunas de ellas, advierto, no fueron estrenadas durante el año señalado, sin embargo, fue en el período de estos doce meses que acaban de cancelarse que yo tuve la oportunidad de mirarlas, de disfrutarlas, de sufrir, llorar y gozar con ellas.

Como en toda lista, no entraron muchos de los filmes que en mi opinión que también merecían una mención especial, y habrá quien piense que mis votos por tal o cuál cinta son rotundamente erróneos. Se vale. Pero en ese caso -y me consume la curiosidad- les agradeceré si me dicen qué otra merecería entrar y porqué. 

Y como nota al margen: No he ingresado el trailer de Inception, que todo dios vio, ni tampoco el de The Road, pues es un trailer que detesto: promete una cinta de acción futurista-apocalíptica tipo Mad Max cuando en realidad se trata de una tragedia cosida con las emociones humanas más profundas. Albert y todos los árboles dados a la antropofagia deberían de devorarse mejor a los responsables de tal edición y no a su servidor, un mexicano perdido en Berlín que tiene entre sus más grandes virtudes y defectos el no poder concebir un mundo sin cine. Y nada más.

Aquí la lista:

10. The Squid and the Whale

Después de mirar The Social Network, incluida en esta lista, pensé que que el actor Jesse Eisenberg estaría condenado a darme "repele" durante toda la vida: el perenne rictus de rencor que mantiene durante el noventa y nueve por ciento de la cinta me recordó gestos de varios familiares a los que con gusto desaparecería de mi árbol -y volvemos a los árboles- genealógico. El suyo es el rostro moderno del odio, del rencor, al menos en esa película. Por eso me fue una agradabilísima sorpresa encontrármelo después en este filme de 2005 del que yo nada sabía. Si lo miré fue porque un amigo me lo recomendó y me pareció excelente, sobre todo por la manera precisa y sin engaños con la que retrata aquel momento de la vida en el que nuestros padres, hasta cierta edad ídolos nuestros, se nos caen, fallan, pierden su halo de admiración para mostrarse tal cual son: seres falibles y tapizados de errores. Eisenberg está perfecto como el adolescente que pasa por este doloroso proceso, uno que, después de todo, le ofrecerá también la posibilidad de redimirse.

9. Vincent will Meer

Mi cinta alemana favorita de este año. La premisa parece simple e incluso algo gastada: tres jóvenes escapan de un centro de ayuda psicológica (uno de ellos está plagado de tics, el otro es obsesivo compulsivo y la chica es anoréxica) con rumbo a Italia. Si bien, gracias a un guión inteligente y a un destacado desempeño histriónico (sobre todo por el actor que interpreta a Vincent), este filme sencillo alcanza unos momentos verdaderamente lúcidos. A mi gusto, lo único que demerita a la obra es la necedad, tan germana, de incorporar canciones anglosajonas a ciertas secuencias, lo que les da un aire videoclipero. ¡Bastaría con un soundtrack original y medianamente decente! Conclusión: El cine alemán sería cinco veces mejor si dejara de hacer tantos esfuerzos por parecerse a Hollywood. Basta con ver un poco de cine danés, quizá el que mejor se hace en Europa hoy día, para comprobarlo.

8. La Nana

¿Cine chileno? No sabía nada de él, pero después de esta película me he mirado En la Cama y La Pura Vida y he recibido gratísimas sorpresas. La Nana es mi favorita. En ella, varios mexicanos podremos ver reflejada una parte de nuestra sociedad y dicha cercanía se hace incluso más próxima gracias a un estilo que coquetea descaradamente con el documental. Mención aparte merece la actuación de Catalina Saavedra: merece tantos aplausos como un minero atrapado que es llevado de nueva cuenta a la superficie.

7. The Social Network

Ya he dicho lo que pienso de Eisenberg y creo que mis comentarios denotan una gran actuación. Antes de ver la cinta, sin embargo, pensaba que me decepcionaría, que a Fincher había perdido el camino. El suyo acabó siendo la mejor radiografía de la ambición desde There Will be Blood, una ambición que no huele a petróleo sino a computadora recién desempacada pero que igual destila avaricia y ausencia de escrúpulos. Las preguntas, más allá del tema de la red social, son arrojadas sobre nuestra bandeja: ¿El poder es capaz de transformar a cualquiera? Cuando terminé de verla lo primero que me vino a la mente fueron unas líneas de la canción Paranoid Android, de Radiohead: When I am king you will be first against the wall. 

6. Inception

No abundaré sobre una película de la que se ha dicho todo. Uno de mis mejores amigos la detesta y me leyó una crítica sarcástica que me hizo reír hasta que me tembló la mandíbula. Sin embargo, en mi caso he de reconocer que gocé del espectáculo cuando la vi, que me emocioné, y que esa primer noche dormí poco por tener miedo de mis sueños. La mera insinuación de un mundo en que vigilia y sueño se confunden me provoca escalofríos. Ya desde antes, de cuando era pequeño y miraba Cantinflas Show antes de dormir. 

5. Man On Wire

Creo que nunca había llorado viendo un documental. Esta vez la emoción me llevó a sollozar. Lo bueno es que estaba solo, frente a mi computadora, y que la copa de vino que tenía al lado me ayudó a equilibrar las emociones. Ojalá y muchos más sientan esa misma implosión de megatones en su alma cuando vean a Philippe Petit moviéndose de un lado a otro de las desaparecidas Torres Gemelas. Sublime es quizá la palabra que mejor califica a esta cinta. En lo personal, me encanta además pensar que la proeza máxima en la historia del funambulismo tuvo lugar justo el año en que nací.

4. The Road

Ignoro por completo las razones por las que esta película, si no ignorada, recibiera críticas tan despiadadas. Yo me ufano de haber leído el libro de Cormac McCarthy previo a mirarla y estuve más que conforme con la manera en que se adaptó al celuloide. Me gustaría echarle toda la culpa al nefasto trailer que previamente he descrito, pero me temo que no se debe únicamente a eso. Tal vez nadie creyó en una película llevada prácticamente por dos personajes y ubicada en el más dantesco de los escenarios posibles. Cortos de vista: Justo allí hay posibilidades para el más puro y absoluto de los amores. Ni el infierno mismo es ni será capaz de destruirlo. Cabe agregar que quizá la cinta se mejor comprendida por aquellos que ya somos padres.

3. Un Profeta

Creo que sólo mi hermano y yo podemos presumir el haber visto todos los dramas carcelarios posibles: Papillon, Santana, ¿Americano Yo?, Celda 211, Fuga de Alcatraz, et al. Esta cinta, sin embargo rebasa, y por mucho, los lugares comunes en los que caen este tipo de películas: Un Profeta es una alegoría del instinto humano de supervivencia. La inteligencia, la lucidez, la habilidad mental, son señalados como los únicos botes salvavidas que pueden hallarse en un océano donde sólo habitan la ignominia o la muerte. Hasta antes de esta cinta yo me consideraba un categórico detractor del cine francés de la última década. Me aburre, me parece pretencioso y falto de chispa. Con El Profeta retiro tan radical juicio: si las películas dirigidas por las nuevas generaciones poseen tal precisión, hablaríamos entonces del regreso del virtuosismo al cine galo.

2. Let the right one in

Uno de mis mejores amigos, cineasta él mismo, la fue a ver al cine ocho veces. Me lo imagino tratando de grabar en su cabeza cada toma, cada corte, los detalles que se nos van a los que miramos cine de otra forma. Ésta es una cinta perfecta por donde se la vea. De hecho su perfección da miedo: como si una vampiro niña se nos apareciera un día frente a la puerta. Dicen que el remake que se hizo en el 2010 es bastante bueno, pero dudo que posea esa fría elegancia sueca que transpira la original. 

1. Das weisse Band (El Listón Blanco)

Hablando de miedo: Si yo fuera Haneke tendría terror de hacer una película luego de Das weisse Band. De por sí yo ya lo consideraba el mejor director europeo vivo: ¿Qué hará ahora luego de haber realizado su obra maestra? Por allí leí que su cinta es como ver Los Niños del Maíz filmada por Bergman. La comparación es simpática pero Das wisse Band es bastante más que eso. A mí, a ratos, me pareció un cuento de Roberto Bolaño, un cuento escrito a medianoche y en medio de dolores hepáticos, mientras escuchaba a su hija llorar y repasaba algunas páginas de Mein Kampf. Quizá ninguna otra película anterior -y de allí la comparación con el escritor chileno- había retratado al mal de forma tan estética, tan preciosista. Porque lo que emanan cada uno de esos veinticuatro cuadros por segundo es el mal en estado puro, volátil, en estado gaseoso, tan sutil como una brisa de mar que despeina las cabezas. ¡El horror!, ¡el horror! 

 

 

 

 

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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