Revsita del Mes Suscríbete
Podcast de Cine PREMIERE #205 – Ya viene Star Wars

Ya casi regresa Star Wars.

December 2019

Suscríbete a la revista Media Kit

Síguenos Social

Suscríbete al Newsletter Newsletter

Recibe las mejores noticias de cine, series, trailers y críticas

Listas TOPS

Walt Disney: Ranking de todas sus películas animadas

Por:

25-11-2019
Disney Mickey Mouse Fantasia

A más de 80 años de su primer largometraje, Walt Disney se mantiene firme como el gran referente del cine animado en el mundo.

A casi un siglo de distancia desde su fundación, Walt Disney suele ser considerado el mayor referente del cine animado en todo el mundo. Su historial comenzó en el campo del cortometraje y no pasó mucho tiempo para que las lecciones aprendidas fueran trasladadas al largometraje.

El camino no siempre ha sido sencillo, pues el estudio ha tenido que adaptarse a situaciones adversas como fue la Segunda Guerra Mundial, al surgimiento de cada vez más competencia, las innovaciones técnicas y sobre todo a los cambios socioculturales que se han manifestado en toda clase de cambios en el gusto del público.

Hacemos un repaso por el legado de Walt Disney con un ranking de todas sus películas animadas, ¿cuál es su favorita?

El caldero mágico (Dir. Ted Berman & Richard Rich, 1985)
(Vía)
Considerado por muchos como el proyecto más infame en toda la historia del estudio, El caldero mágico nació cuando Disney no pudo hacerse con los derechos de adaptación de El Señor de los Anillos. Lejos de sucumbir ante la negativa, la obsesión por experimentar en la épica fantástica le llevó a combinar las bases de JRR Tolkien con la mitología galesa para relatar la historia de un joven que termina envuelto en la lucha de un caldero ancestral con la capacidad de resucitar a los muertos para crear una armada invencible. Una premisa muy interesante, pero que se viene abajo con protagonistas que nunca logran la identificación con el público, uno de los peores sidekicks en toda la historia de la compañía y un cerdo cuyos trances mágicos serán determinantes para la victoria del bien. Más lamentable aún es que estos errores condenaron al olvido al Rey del Mal, quien parecía tener todo lo necesario para convertirse en uno de los villanos más memorables del estudio. Un filme más que olvidable, al grado que suele encabezar las listas de películas Disney más detestadas, o peor aún, nunca vistas por el público.
Vacas vaqueras (Dir. Will Finn & John Sanford, 2004)
(Vía)
No sólo es una de las películas más despreciadas del estudio, sino que se le considera uno de los puntos más bajos de toda su historia. Una trama demasiado básica sobre una tercia de vacas que busca una manera de rescatar el rancho en que viven, una estética simplista inspirada en los diseños usados por Chuck Jones para los Looney Tunes y una duración de apenas 76 minutos que impidió un mayor desarrollo y la destinó casi exclusivamente al público infantil. Esto no habría sido tan grave con personajes un poco más entrañables y no tan intrascendentes como los presentados en pantalla. Una película indigna del estudio que definió el rumbo de la animación.
Dinosaurio (Dir. Eric Leighton & Ralph Zondag, 2000)
(Vía)
Mucho se ha debatido sobre cómo el hiperrealismo, tan útil para el campo de los efectos visuales, no siempre es la mejor solución para el cine animado. El ejemplo más recurrente de ello es el mocap de Zemeckis, pero Dinosaurio también fue determinante para aprender la lección. En un esfuerzo por desprenderse de su tradicionalismo, el estudio probó con una cinta naturalista que capturara los esfuerzos de un iguanodonte por sobrevivir a la caza de sus depredadores y a la caída de un meteorito. En un esfuerzo por elevar los niveles de realismo, el estudio recurrió a un complejo software, colocó sus personajes en escenarios verdaderos alterados digitalmente, e incluso se pensó hacer una película carente de diálogos y que los personajes expresaran su sentir con rugidos y otros sonidos, pero esta última idea fue desechada al considerarse demasiado extrema. Esta complejidad técnica no le sirvió mucho ante un público que nunca abrazó su historia al considerarla demasiado genérica, o lo que es lo mismo, muy, muy alejada de la grandeza narrativa que siempre ha caracterizado al estudio. Un destino lamentable, pues hoy pocos recuerdan que la existencia de la cinta, que pertenece al catálogo del estudio y que fue su primer título con protagonistas computacionales.
Chicken Little (Dir. Mark Dindal, 2005)
(Vía)
Nadie esperaba que Mark Dindal, responsable de Las locuras del emperador, añadiera un nuevo clásico animado al historial de Disney. En su lugar, el estudio parecía conformarse con una reinvención lo suficientemente divertida del cuento clásico para reconectar con las audiencias tras varios años de irregularidad, con la peculiaridad adicional de que sería su primer filme netamente computacional. La apuesta funcionó a medias, pues el tono relajado y la innovación técnica dieron una taquilla aceptable, pero también una historia caótica que lejos de respetar el legado, parecía ansiosa por imitar cualquier fórmula que garantizara la atención de las audiencias. Esto incluye la incorporación de elementos alienígenas tal y como hiciera Lilo & Stitch unos años antes, y el humor absurdo que tan buenos resultados estaba dando a DreamWorks y BlueSky. Una cinta divertida, diseñada para el éxito inmediato, pero no para la inmortalización en la memoria y el corazón de la gente.
Saludos amigos (Dir. Varios, 1943)
(Vía)
La II Guerra Mundial y los altibajos en la taquilla de algunas cintas previas hicieron que la producción de largometrajes animados resultara insostenible por un tiempo, lo que obligó a Disney a tomar medidas drásticas hasta que la situación se normalizara. Fue así como nació Saludos amigos, de 42 minutos de duración divididos en cuatro segmentos en los que se muestra un viaje de Donald y Goofy por distintos puntos de Sudamérica. Una decisión narrativa con fines netamente políticos, pues el proyecto contó con apoyos del gobierno norteamericano para realizar una cinta que hermanara a todo el continente ante la cercanía de algunos gobiernos con el partido Nazi. Este valor estratégico le condenó con el paso del tiempo, pues hoy es vista como un cúmulo de estereotipos que lejos de fomentar la Política de buena vecindad, reflejan la errónea visión de los estadounidenses sobre América Latina. Poco conocida en la actualidad, su mayor legado fue la primera aparición de José Carioca y que el segmento chileno, Pedro, generó tal desencanto que motivó la creación de Condorito a cargo de Pepo. Fue la primera cinta de la llamada Era Bélica, también conocida por muchos como Era Empaquetada por el tipo de títulos estrenados.
Los tres caballeros (Dir. Norm Ferguson, 1945)
(Vía)
Heredera directa de Saludos amigos, que mantuvo la intención de exaltar la buena vecindad entre Estados Unidos y América Latina, esta vez con Donald celebrando su cumpleaños en compañía de sus amigos José Carioca y Pancho Pistolas, lo que resulta en un exótico viaje por Brasil y distintos puntos de México. Al igual que su antecesora, ha sido duramente criticada por sus múltiples estereotipos, así como por la visión machista del pato animado que se dedica a perseguir mujeres de manera desesperada durante su travesía. Esta construcción la ha distanciado de las grandes joyas animadas del estudio y la han convertido en una curiosa pieza histórica dentro de la industria e incluso en objeto de análisis para los estudios interculturales. Eso sí, a pesar de su realización en una situación global tan adversa, Los tres caballeros tuvo un logro determinante para el futuro de la técnica: el ser la primera cinta que incorpora elementos animados y live-action de manera simultánea.
La familia del futuro (Dir. Stephen J. Anderson, 2007)
(Vía)
La familia del futuro no es la película más memorable del estudio, pero estuvo muy cerca de ser la más infame tras un pobre proceso creativo que se olvidó de varios elementos fundamentales, incluyendo un villano. Se salvó porque su producción coincidió con la adquisición de Pixar, lo que convirtió a John Lasseter en jefe creativo de Walt Disney, quien no tardó en ordenar varios cambios importantes para tratar de salvar el proyecto con el menor gasto posible. Al final logró el objetivo, con una historia familiar lo suficientemente conmovedora para que el público y la crítica perdonaran sus numerosos fallos, entre los que destaca su caótica construcción a causa de numerosos saltos en el tiempo y su tibia técnica computacional que nada tenía que hacer ante nuevos titanes como DreamWorks o el propio Pixar. Eso sí, ni siquiera el toque de Lasseter pudo garantizar la comunión absoluta con el público, pues hoy es uno de los títulos más olvidados en el largo historial del estudio.
Música, maestro (Dir. Varios, 1946)
(Vía)
Aunque estrenó un año después de la II Guerra Mundial, se le considera resultado directo del conflicto bélico, con el estudio regresando de lleno al mundo del cortometraje ante el reclutamiento de una parte importante de su staff y los problemas económicos que aquejaban a la unión americana. Su escasez de diálogos para priorizar la música le ha llevado a ser considerada una hermana menor de Fantasía, aunque con una calidad técnica considerablemente inferior y con historias más caricaturizadas que iban primordialmente dirigidas al público infantil. Esto provocó que la mayoría de sus segmentos se perdieran en el tiempo, siendo Pedro y el lobo y El ballenato que quiso cantar en la ópera los más destacados, aunque muy alejados de la grandeza vista en otros trabajos del ratón. Si no ha sido completamente olvidada es en buena parte a la polémica suscitada a inicios de siglo XXI, cuando el segmento Los Guerrero y los de León fue suprimido del formato casero al considerarse demasiado violento.
Ritmo y melodía (Dir. Varios, 1948)
(Vía)
Heredera directa de las Sinfonías bobas, Fantasía y Música, maestro, pero con la singularidad de que se apoyó en la música folclórica y en historias fronterizas para dar una colección altamente nacionalista y que pretendía exaltar la unidad tras la II Guerra Mundial y ante la amenaza de la Guerra Fría. Nunca brilló del todo como unidad, pero muchos de sus cortos sí que lo hicieron de manera aislada, al grado que algunos han sido liberados en otras recopilaciones. Entre los más famosos están La leyenda de Juanito Manzanas, Roy Rogers y la historia de Pecos Bill y muy especialmente Juventud enamorada, cuya esencia invernal le ha convertido en un clásico imprescindible de la temporada navideña.
El zorro y el sabueso (Dir. Varios, 1981)
(Vía)
Disney siempre ha sabido como jugar con las emociones de su público, siendo Dumbo y Bambi los mejores ejemplos de ello. Casi 40 años después, El zorro y el sabueso se incorporó a la lista con la conmovedora, pero muy dolorosa historia de dos cachorros que inician una tierna amistad hasta que el hombre les obliga a honrar sus diferencias para convertirse en enemigos por naturaleza. Para mala fortuna de la cinta, esta importante lección de vida se pierde en una técnica bastante regular, siendo la pelea de los protagonistas contra el fiero oso la única excepción al ser considerada una de las secuencias más brillantes del cine animado de todos los tiempos. Una cinta querida por aquellos que crecieron con ella, pero con poco que hacer ante un catálogo con títulos considerablemente superiores.
Oliver y su pandilla (Dir. George Scribner, 1988)
(Vía)
El cierre de la Era Oscura no llegó con un título brillante, sino con uno sumamente controvertido: una adaptación de Oliver Twist de Charles Dickens, pero reinventada con un pequeño felino neoyorquino como protagonista. Una decisión ofensiva para algunos que lo vieron como un ultraje a uno de los mayores clásicos de la literatura universal, pero comprensible para quienes lo consideraron un recurso interesante para atraer al público infantil a la obra de uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Más allá del debate, la cinta no fue bien recibida por una crítica que la consideró indigna del legado del estudio y que la posicionó inmediatamente entre sus obras inferiores. El público no coincidió del todo, con una taquilla doméstica suficientemente potente para ganar la intensa carrera contra Universal y Don Bluth con su Pie pequeño en busca del valle encantado (1988), lo que inspiró al estudio a acelerar sus procesos creativos para estrenar una película al año.
Diversión y fantasía (Dir. Varios, 1947)
(Vía)
Al igual que Música, maestro, Diversión y fantasía surgió como un esfuerzo por sostener al estudio a partir de cortometrajes tras los estragos de la II Guerra Mundial. El resultado fue modesto, pero memorable con sólo dos segmentos que permitieron una mayor calidad técnica y narrativa. El primero es Bongo, sobre un oso circense que escapa del cautiverio para vivir una historia de amor; el segundo y más famoso es Mickey y las habichuelas mágicas, que muestra la incursión de Mickey, Donald y Goofy a un reino fantástico en el que deberán enfrentar al gigantesco Willie para liberar un arpa mágica. Aunque fue tibiamente recibido por un público que empezaba a desesperarse con la simpleza de las historias presentadas, el tiempo le dio un lugar en el corazón de las audiencias, al grado que hoy es considerada una de las apariciones más destacadas en toda la historia del estudio.
Las locuras del emperador (Dir. Mark Dindal, 2000)
(Vía)
Disney intentó sortear los primeros tropezones de su Segunda Era Oscura con una fórmula que casi siempre le había funcionado: el humor. Para ello recurrió a una comedia sobre un arrogante emperador Inca transformado mágicamente en una llama y cuya única ayuda proviene de un aldeano al que una vez despreció. La película fue rentable en buena parte por su bajo costo de producción, pues con una recaudación global de $90 mdd quedó muy lejos de los grandes éxitos obtenidos unos años atrás. Esta tibia respuesta es atribuida al desencanto generalizado ante un filme que, si bien es divertido, carece de la calidad técnica y narrativa que siempre había caracterizado al estudio. En otras palabras, un producto menor que nunca ha tenido cabida entre los grandes clásicos.
Atlantis: El imperio perdido (Dir. Gary Trousdale & Kirk Wise, 2001)
(Vía)
La dupla creativa integrada por Gary Trousdale y Kirk Wise, responsable de la multilaureada La bella y la bestia y la artística El jorobado de Notre Dame, se unió por tercera ocasión para sacar a Disney del bache creativo en el que se encontraba. Para lograrlo, la dupla se desprendió de viejas fórmulas musicales para probar con una historia de aventuras inspirada en la obra de Julio Verne, apoyada en el diseño de Mickey Mignola y que sigue a un grupo de exploradores en busca de la mítica Atlántida. El estudio tenía altísimas expectativas alrededor del proyecto, al grado que invirtió cerca de $100 mdd en su producción y contemplaba una atracción vinculada para sus parques temáticos, pero los planes se vinieron abajo con su modestísima recaudación que apenas cubrió la inversión inicial. Su rechazo, más que cuestiones de calidad, radica en que quiso desprenderse tanto de los clichés que nunca se sintió como un filme del estudio: la falta de canciones, una estética opresiva, su trama hostil e incluso la profundidad de sus temas sobre críticas al capitalismo y una controvertida exploración a la segregación racial. Más grave aún fue que estrenó en una época en que la animación tradicional, por más innovadora que fuera, parecía quedarse obsoleta ante el éxito de la técnica computacional. Ni siquiera fue nominada al Oscar como Mejor película animada en el debut de la categoría, en una terna que incluyó a Shrek, Monsters Inc., y Jimmy Neutron.
Bernardo y Bianca en Cangurolandia (Dir. Hendel Butoy & Mike Gabriel, 1990)
(Vía)
Las amplias posibilidades con el material fuente de Margery Sharp y la buena respuesta de Bernardo y Bianca convirtieron a Cangurolandia en la primera secuela de un largometraje animado del estudio. Batalló por replicar los resultados con una historia menos cruda, que esta vez se centró en la cacería furtiva y la amistad de un niño con el reino animal. A esto sumemos sus variantes en la técnica con delineados más finos y colores más brillantes, pero también con una animación menos innovadora que la original en la figura de Madame Medusa. El resultado es una aventura divertida, conmovedora y que busca transmitir mensajes importantes, pero de manera genérica y con personajes olvidables, siendo Jake, el ratón aventurero la única excepción, apoyado en buena parte por los celos que produce en Bernardo. Su legado se complicó todavía más por la dura competencia que enfrentó durante su estreno, al coincidir con Mi pobre angelito, Rocky V y Chucky: El muñeco diabólico 2.
Tierra de osos (Dir. Aaron Blaise & Robert Walker, 2003)
(Vía)
En un esfuerzo por emular los éxitos de la década anterior, Disney rescató las fórmulas empleadas por El rey león y Tarzán para relatar una historia centrada en animales, con la naturaleza salvaje como elemento clave, una trama dotada de tintes shakesperianos y una selección musical a cargo de Phil Collins, quien ya había colaborado con el estudio en la adaptación del hombre mono. Como era de esperarse, su reciclaje de elementos no fue bien recibido por un público que nunca conectó con el atormentado protagonista, el osezno condenado a la orfandad tras el asesinato de su madre, ni con los alces que bien podrían ubicarse entre los peores sidekicks de los últimos años, de modo que no tardó en acusarla de ser demasiado genérica para luego condenarla al olvido. Contra todos los pronósticos, logró ser nominada al Oscar en la categoría de Mejor película animada, un reconocimiento atribuido al legado del estudio y la falta de contendientes por encima de la calidad técnica o narrativa. No tuvo nada que hacer ante las muy superiores Buscando a Nemo y Las trillizas de Belleville.
Los aristógatos (Dir. Woolie Reitherman, 1970)
(Vía)
Los largometrajes Disney siempre mostraron una gran afinidad por los perros, pero no por los gatos, siendo Fígaro de Pinocho una de las pocas excepciones a esta regla. La balanza felina se revirtió ligeramente con el estreno de Los aristógatos, sobre una camada felina acomodada que recibe ayudada de un gato arrabalero luego de que un envidioso mayordomo les arroje a la calle tras ser ignorado del testamento de su adinerada jefa. Fue el último proyecto autorizado por Walt antes de su muerte, lo que contribuyó a que la crítica la recibiera con buenos ojos, calificándola de divertida y ligera. Estas etiquetas cambiaron con el tiempo, al grado que hoy es vista como el inicio de la Era de Bronce del estudio, también conocida como la Era Oscura, con tramas experimentales que resultaron en historias demasiado simplistas y con un uso excesivo de la xerografía que, si bien pretendía facilitar la labor de los animadores, resultó en el reciclaje extremo de movimientos vistos en personajes anteriores.
Robin Hood (Dir. Woolie Reitherman, 1973)
(Vía)
A pesar de su aparente sencillez, Robin Hood es vista como una de las películas más controvertidas en toda la historia del estudio, empezando por la conversión animal de sus personajes: unos la ven como una decisión que sólo buscaba aumentar las ganancias a través del público infantil; para otros una manera sumamente original de exaltar la personalidad de los héroes y villanos, además de un homenaje póstumo a Walt Disney que siempre soñó con adaptar la historia medieval de Reynard el Zorro, una idea que desechó con el tiempo al considerarla demasiado desafiante. Sin embargo, la polémica llegó con las conjeturas de algunos sobre una supuesta tensión sexual entre los protagonistas, algo nunca visto en filmes previos del estudio que se limitaban a capturar romances idealizados. Sin olvidar el uso descarado de la xerografía, con Lady Marian replicando el famoso baile de Blanca Nieves y Little John los movimientos de Baloo. Nada de esto ha impedido el cariño de buena parte del público, que a casi 50 años de su estreno la sigue viendo como una de las mayores aventuras realizadas por el estudio.
La leyenda de Sleepy Hollow y el Señor Sapo (Dir. Varios, 1949)
(Vía)
La última ocasión que Walt Disney recurrió al cortometraje como recurso cinematográfico en casi 50 años, así como la de mayor calidad desde la celebrada Fantasía. Esto puede palparse en los aspectos narrativos y técnicos con que se abordan dos obras cumbre de la literatura universal como son La leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving y El viento en los sauces de Kenneth Grahame. El primero es considerado el relato más terrorífico en toda la historia del estudio y por ende, uno de los más arriesgados, lo que le convirtió en un favorito del público y en un clásico para la temporada de Halloween; el segundo es celebrado por su exaltación de lo absurdo, pero también porque consolidó el uso de animales antropomorfos dentro del estudio, con una novela original cuyo uso de estos mismos seres serviría como fuente de inspiración para filmes posteriores como Robin Hood, Policías y ratones, y Bernardo y Bianca como algunos de los resultados más destacados. Fue el último estreno correspondiente a la Era Bélica/Empaquetada.
Bernardo y Bianca (Dir. Varios, 1977)
(Vía)
La adaptación a las novelas infantiles de Margery Sharp parece poca cosa ante los grandes clásicos Disney y aun así, ha sido señalada como el primer antecedente del renacimiento animado que ocurriría al interior del estudio casi una década después. Este aprecio se debe en buena parte a su trama madura, e incluso oscura, que aborda un tema sumamente complejo como el secuestro infantil y lo suaviza con una organización internacional de ratones dispuesta a ayudar. A esto sumemos la originalidad de su técnica que resalta en la figura de Madame Medusa, una de las villanas más fascinantes del estudio que, sin contar con gran reconocimiento histórico del público, se ha convertido en motivo de estudio de los aspirantes a animadores por generaciones. Buena parte de este éxito ha sido atribuido a que la cinta combinó la experiencia de veteranos como Milt Kahl, Ollie Johnston y Frank Thomas con los jóvenes talentos de Glen Keane, Ron Clements y Andy Gaskill, todos determinantes en éxitos posteriores. El estudio quedó tan satisfecho que le concedió una secuela, siendo el primer largometraje animado en recibir este mérito.
Fantasía 2000 (Dir. Varios, 2000)
(Vía)
Disney quiso entrar en plan grande al siglo XXI, razón por la cual retomó uno de sus mayores clásicos para recapturar la magia de la animación en su forma más pura. Una decisión valiente, aunque innecesaria e incomprensible, pues parecía imposible que el estudio se acercara al estatus de su antecesora o que su premisa triunfara en taquilla cuando la original nunca lo logró. Los peores vaticinios se cumplieron, con una paupérrima recaudación global de $90 mdd que apenas cubrió los costos de producción por esta misma cantidad y peor aún, con una crítica tibia que sólo vio toques de grandeza en algunos segmentos. La situación fue tan grave, que Fantasía 2000 marcó el inicio de la que hoy es conocida como la Segunda Era Oscura de Walt Disney. Lo cierto es que, aunque sigue lejos de emular lo hecho por la cinta de 1940, ha ganado aprecio en algunos sectores del público que cada vez disfrutan más de algunos episodios, siendo Rapsodia en azul y El pájaro de fuego los más aclamados, lo que le ha permitido reemplazar su etiqueta de fracaso por filme de culto para públicos selectos.
Bolt (Dir. Byron Howard & Chris Williams, 2008)
(Vía)
Fue la primera cinta del estudio bajo la supervisión de John Lasseter como jefe creativo, lo que resultó en una de las tramas mejor desarrolladas de Disney tras casi una década de irregularidades y en su primer gran logro en el campo de la animación computacional con un software que daba acabados únicos a los escenarios al replicar la estética del artista Edward Hopper. Más importante aún fueron sus tramas complejas y la relevancia de sus mensajes, con un perro actor engañado al más puro estilo de El show de Truman y cuyo escape le lleva por un viaje de autodescubrimiento que desemboca en una vida familiar que antes parecía imposible. Se le considera la última película de la llamada Segunda Era Oscura del estudio, aunque hay quienes creen que realmente merece ser considerada la gran inauguradora del Resurgimiento.
Las aventuras de Winnie Pooh (Dir. John Lounsbery & Woolie Reitherman, 1977)
(Vía)
La adaptación a la obra de AA Milne es considerada un auténtico destello en medio del periodo más oscuro de Walt Disney, al grado que sus personajes se ubican entre lo más alto de toda la galería del estudio, superados sólo por el propio Mickey y compañía. Esto se debió a que la producción fue muy cuidadosa de capturar toda la esencia impresa original, con protagonistas encantadores, empezando claro está, por el osito bobito, todos dotados de personalidades muy distintas, pero complementarias en su fascinante comunidad y más importante aún, siempre guiadas por el valor de la amistad. A esto sumemos su estética sencilla, pero siempre respetuosa con el material fuente, al grado que suele ser comparada con la experiencia de leer un libro para los más pequeños. Quizá no sea el largometraje más brillante del estudio, pero sí que es uno los grandes clásicos infantiles de todos los tiempos.
Policías y ratones (Dir. Varios, 1986)
(Vía)
La llamada Era Oscura de Disney se caracterizó por el uso de animales como protagonistas de grandes historias. Tal es el caso de Policías y ratones, que se inspiró en Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle para abordar la historia de un detectivesco roedor y su incursión en un misterioso caso que le conducirá a un peligroso enemigo. Fue considerada una bocanada entre la afición que empezaba a preocuparse por el bajo nivel mostrado con El zorro y el sabueso y El caldero mágico pues, aunque siempre ha estado lejos de los grandes clásicos, fue aplaudida por el carisma de sus personajes principales, así como por el tono oscuro que le convirtió en el primer y único filme de suspenso en toda la historia del estudio. Su éxito no fue casualidad, pues la cinta marcó la ópera prima de Ron Clements y John Musker, dupla responsable de algunos de los mayores logros del estudio durante los 90, razón por la cual se le considera un precursor importante rumbo al Renacimiento de la compañía.
Winnie the Pooh (Dir. Stephen J. Anderson & Don Hall, 2011)
(Vía)
El retorno del osito bobito, ocurrido casi 35 años después del estreno del filme original, es considerado por algunos como un pequeño bache en la llamada Era del Resurgimiento. No por falta de calidad, ni mucho menos emotividad en sus temas y mensajes, sino por su excesiva simpleza técnica y narrativa que le destinó primordialmente al público infantil y claro está, a los grandes aficionados del personaje. Estas etiquetas casi parecen injustas cuando recordamos que la intención de John Lasseter era ofrecer un filme que trascendiera por generaciones apoyado por uno de los personajes más entrañables del estudio y más importante aún, con la técnica tradicional que tantas alegrías dio al público en el pasado. Lo logró a medias, pues si bien se trata de una cinta conmovedora, divertida y hermosamente trabajada, nunca logró el impacto deseado entre las audiencias. Hay quienes atribuyen esta respuesta a una posible confusión con otras cintas sobre los habitantes del bosque de los cien acres que fueron directamente al formato casero, así como a la dura competencia que ese año incluyó Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2. Sea cual sea la respuesta, la película fue injustamente condenada al olvido, pues hoy pocos parecen recordarle en una era claramente dominada por la animación computacional. A la fecha, representa la última incursión del ratón en la técnica tradicional.
El planeta del tesoro (Dir. Ron Clements & John Musker, 2002)
(Vía)
El éxito de Lilo & Stitch generó esperanzas de que la Segunda Era Oscura estuviera cerca de llegar a su fin y más porque el siguiente filme lucía como una apuesta segura ante la dirección de Ron Clements y John Musker, cuyo trabajo en La sirenita, Aladdin y Hércules fue determinante en la Segunda Era Dorada. Tal y como se hizo costumbre en sus últimos trabajos, el proyecto se desprendió de los viejos cuentos de hadas para centrarse en una aventura, que en esta ocasión nos llevaría al espacio exterior con una reinvención de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson. El proyecto destacó por su impresionante estética, pero fue incapaz de conquistar al público con una historia que más allá de sus elementos futuristas, fue acusada de ser demasiado tradicionalista, lo que le rezago en una industria animada cada vez más competida que ese año incluyó rivales como El viaje de Chihiro, La era de hielo, Spirit y la propia Lilo & Stitch. A esto sumemos la competencia proveniente del género fantástico y los comics con títulos como Harry Potter y la cámara secreta, El Señor de los Anillos: Las dos torres y Spider-Man. El tiempo ha aumentado el aprecio del público, al grado que es un título recurrente en listas de películas animadas infravaloradas, pero sigue muy lejos de acercarse siquiera al estatus de clásico.
El jorobado de Notre Dame (Dir. Gary Trousdale & Kirk Wise, 1996)
(Vía)
La adaptación a la obra de Victor Hugo resultó en una de las mayores obras artísticas de Disney, pero también uno de sus trabajos más controvertidos. En el plano técnico, la reconstrucción animada de la catedral de París es sencillamente perfecta, una labor que requirió que una parte importante del equipo de producción se trasladara a la capital francesa para un tour privado que le permitiera conocer a fondo la edificación. Los problemas estuvieron en el guion, pues la novela aborda temas demasiado complejos que no fueron bien trabajados en la cinta en beneficio de las audiencias más jóvenes. La gran excepción fue Frollo, cuyos deseos por Esmeralda resultaron en la cinta con mayor sensualidad en toda la historia del estudio. Todo esto condujo a una serie de cambios narrativos que dieron una serie de alteraciones temáticas que desembocaron en un final radicalmente distinto al de la obra literaria original. La redención podría llegar en un futuro cercano, pues Disney la tiene en la mira de sus remakes de acción real.
Tarzán (Dir. Chris Buck & Kevin Lima, 1999)
(Vía)
Se le considera un heredero directo de El rey león, no sólo por su naturaleza selvática, sino porque replicó algunas de sus estrategias para convertirse en uno de los mayores éxitos taquilleros del estudio. Esto incluye una historia dirigida a los cuatro puntos demográficos más importantes (mujeres y hombres mayores y menores de 25 años), una atinada pero sutil utilización de técnica CGI y la alianza con grandes músicos como fue el caso de Phil Collins. Arrancó con fuerza en crítica y taquilla, pero fue perdiendo potencia hasta convertirse en una de las cintas más olvidadas de su tiempo, marcando así el final de la Segunda Era Dorada del estudio del ratón. Su debacle nunca ha sido bien explicada del todo, pero suele ser atribuida a la evidente replicación de fórmulas vistas en El rey león en combinación con la competencia de proyectos más innovadores que estrenaron ese mismo año como Toy Story 2 y El gigante de hierro. Esto explica las razones por las que el estudio realizó cambios tan abruptos en años posteriores, en la que sería conocida como la Segunda Era Oscura.
Wifi Ralph (Dir. Phil Johnston & Rich Moore, 2018)
(Vía)
La secuela de Ralph el Demoledor dejó atrás la arcada original para expandirse al mundo del internet. Las posibilidades parecían infinitas, pero la producción optó por una ruta más sencilla, pero también más traicionera. Una cinta plagada de referencias al emporio Disney que, si bien resultó divertida, también sacrificó el encanto de la primera entrega con una trama predecible y que incluso deambuló por la banalidad, ya que sus mejores momentos no surgieron de los mensajes enviados por sus personajes principales, sino de simples homenajes a la cultura pop. Finalmente, se dice que su dependencia a fenómenos culturales y tecnológicos de una época tan concreta podrían condenarla a un olvido demasiado prematuro. El tiempo tendrá la última palabra.
La princesa y el sapo (Dir. Ron Clements & John Musker, 2009)
(Vía)
Los tropezones sufridos por El planeta del tesoro, Tierra de osos y Vacas vaqueras desataron un debate sobre la aparente muerte de la animación tradicional. John Lasseter quiso demostrar que el éxito no estaba en la técnica, sino en la calidad de la historia con La princesa y el sapo, que además marcó el regreso del estudio a los cuentos de hadas y el cine musical. Para ello, el creativo se apoyó en los talentos consolidados de Ron Clements y John Musker, quienes decidieron elevar aún más la batuta con la primera princesa afroamericana introducida por el estudio. A pesar de las altísimas expectativas, el filme no enamoró del todo, no por falta de calidad, sino porque poco pudo hacer ante las comparaciones con algunos de los grandes clásicos estrenados durante la Segunda Edad de Oro como La sirenita, La bella y la bestia y Aladdin. Aun así, fue clave para el periodo del Resurgimiento, pues aunque no logró el resurgimiento anhelado de la animación tradicional, demostró que las princesas estaban listas para regresar a lo más alto.
Pocahontas (Dir. Mike Gabriel & Eric Goldberg, 1995)
(Vía)
Suele ser vista como el eslabón más débil de la Segunda Era Dorada, cuando realmente es una cinta infravalorada por su abrupto rompimiento con los títulos que le antecedieron. Esto porque fue etiquetada como una historia de princesas, que no es lo mismo que un cuento de hadas. Esto generó una confusión en el público, así como una decepción generalizada ante una cinta que se sustentó primordialmente en sucesos históricos y que sólo se apoyó en la fantasía para facilitar la transmisión de mensajes sobre aceptación y conservación. El cambio en el diseño de personajes tampoco fue de gran ayuda, con facciones más toscas que buscaban favorecer el realismo, pero que batallaron por conquistar a las audiencias. Aunque lejos de las cintas más valoradas, cada vez son más los que externan su aprecio por Pocahontas, al considerarla un paso fundamental para una industria más incluyente al ser el primer largometraje animado del estudio protagonizado por un personaje no-caucásico y sin caer en estereotipos como sucediera con Saludos amigos y Los tres caballeros.
Lilo & Stitch (Dir. Dean DeBlois & Chris Sanders, 2002)
(Vía)
El único éxito de la Segunda Era Oscura, con el que se demostró que la debacle nunca radicó en la técnica tradicional, sino en la necesidad de historias originales y acordes con las nuevas audiencias. El éxito recae completamente en Dean DeBlois y Chris Sanders, directores y guionistas del que figura entre los filmes más rompedores del estudio, que fusionó elementos de comedia, drama y sci-fi para narrar la historia de un experimento genético alienígena cuya destructiva programación original cambia con el cariño de una niña solitaria. Hay quienes han simplificado su éxito al atribuirlo a la simpática apariencia física de la criatura y sus altas dosis de humor, pero lo cierto es que buena parte de su aceptación también recae en su reflejo de la imperfección familiar con dos hermanas que sólo se tienen una a la otra tras el deceso de sus padres y que encontrarán en la amistad lazos afectivos que parecían perdidos para siempre. Para bien o para mal, la alianza entre el ratón y la dupla creativa duró poco, pues no pasó mucho tiempo para que estos últimos fueran reclutados por DreamWorks para la concepción de una auténtica obra maestra del cine animado: Cómo entrenar a tu dragón. Pasó a la historia del estudio por ser la primera cinta del estudio nominada al Oscar en la categoría de Mejor película animada junto con El planeta del tesoro.
Hércules (Dir. Ron Clements & John Musker, 1997)
(Vía)
Luego de las excesivamente serias Pocahontas y El jorobado de Notre Dame, el estudio decidió regresar a un cine más humorístico con Hércules, una reinvención del mito griego que abordara el camino a la divinidad del personaje titular, no a partir de sus complejas tareas, sino de lecciones de su conversión en un héroe verdadero. La dirección comandada por Ron Clements y John Musker replicó muchas de las fórmulas empleadas anteriormente en Aladdin: una animación sencilla con algunos toques de CGI y un personaje altamente humorístico como fuera Hades con la voz de James Woods, y las complementó con un diseño de producción supervisado por el caricaturista Gerald Scarfe con el que se buscó una estética alternativa que emulara el arte de la antigua Grecia. Estas apuestas funcionaron a medias: el villano fue bien recibido, pero nunca logró la grandeza de Robin Williams como el Genio; la modesta técnica animada siempre fue vista como uno de los puntos más débiles del proyecto; y, aun así, la cinta se ganó un lugar en el corazón del público gracias a su ligereza. No estuvo exenta de polémica, pues en Grecia se le acusó de alterar el mito clásico en beneficio de intereses meramente comerciales.
Frozen II (Dir. Chris Buck & Jennifer Lee, 2019)
(Vía)
El impresionante éxito de Frozen convirtió a Elsa y Anna en las primeras princesas Disney con una secuela cinematográfica, un gran honor acompañado del enorme reto de, al menos, igualar lo hecho por el filme original. Para lograrlo, la producción evitó el simple reciclaje de elementos y apostó por la evolución de los personajes que, lejos de caer en el ‘vivieron felices para siempre’, siguen enfrentando toda clase de dilemas cuya resolución les conducirá a la madurez, el autoconocimiento y la anhelada felicidad. Ninguno escapa de esta tendencia, ni siquiera el simpático Olaf, quien se refrenda entre los sidekicks más importantes del estudio cuando su inocencia natural va cambiando hacia emociones más complejas, convirtiéndose en un importante guía para las audiencias más pequeñas que atraviesan por procesos similares. Mención aparte para su impresionante técnica, que supera con creces lo hecho por la primera entrega para dar algunas de las secuencias más memorables en toda la historia del estudio, poniéndose a la par visual de clásicos como Fantasía y La bella y la bestia.
Grandes héroes (Dir. Don Hall & Chris Williams, 2014)
(Vía)
La compra de Marvel Comics por parte de Walt Disney en 2009 hizo que el salto de los superhéroes al mundo animado del ratón pareciera sólo cuestión de tiempo. La premisa se cumplió en 2014, no con grandes referentes como Avengers, Fantastic Four o X-Men, sino con un grupo secundario para la casa editorial, cuya poca popularidad entre los aficionados permitiría realizar algunos cambios en beneficio de una historia más amable. Fue así como Baymax pasó de ser un monstruo a un inocente robot médico, pero sin alterar el cariño de Hiro que lo considera su mejor amigo tras las pérdidas familiares sufridas en el pasado. El respeto de esta base evitó que Grandes héroes fuera etiquetada como una simple película de superhéroes, sino como una historia entrañable dotada con grandes dosis de acción. Aunque algunos puristas la despreciaron, fue aplaudida por el público general que no tardó en preguntarse si estos personajes tendrían cabida en un MCU que cada vez apostaba por protagonistas más alternativos como fue el caso de los Guardianes de la Galaxia. El ratón prefirió evitar las combinaciones y posibles confusiones, pero no rompió la tradición de los cameos, con uno de los más brillantes de Stan Lee en toda la filmografía marvelita. Ganó el Oscar a Mejor película animada.
Mulán (Dir. Tony Bancroft & Barry Cook, 1998)
(Vía)
Tras abordar el mito griego con Hércules, Disney volteó al chino con Mulán para rescatar la historia de una joven que roba la armadura de su padre y se hace pasar por un hombre durante la invasión mongola, convirtiéndose así en la gran heroína del conflicto bélico. A pesar de una animación superior a la vista en su antecesora y más apegada a los mayores éxitos renacentistas del estudio, el filme nunca sobresalió por su técnica, sino por su mensaje al ser la primera cinta en capturar la grandeza femenina fuera de los estereotipos de las princesas, lo que le permitió enfatizar valores como la valentía, la lealtad y el heroísmo. No menos importante fue que esto se logró sin necesidad de caer en la seriedad extrema, con Mushu como uno de los sidekicks más destacados en la obra del estudio gracias al talento humorístico de Eddie Murphy. Si no es uno de los filmes más taquilleros de Disney es sólo porque una serie de conflictos previos retrasaron su estreno en China durante más de un año y porque las audiencias consideraban que el personaje titular no lucía lo suficientemente asiática.
Moana (Dir. Ron Clements & John Musker, 2016)
(Vía)
Ron Clements y John Musker, considerados por muchos como la dupla realizadora más importante durante la Segunda Era Dorada del estudio, no podía estar ausente del Resurgimiento con un cuento de hadas alternativo que fusiona mitos polinesios, princesas y muchas aventuras para relatar la historia de una joven elegida por el océano para calmar la ira de una diosa local y salvar a su pueblo de la aniquilación. La cinta, apoyada en una impresionante animación de elementos naturales, ha sido aplaudida por su gran variedad de mensajes como el conservacionismo ambiental, la reivindicación cultural de las naciones y su necesidad de abrirse a un mundo más allá de las fronteras. No menos destacado fue que la elección de Dwayne Johnson como el alocado Maui garantizó la universalidad del proyecto al romper para siempre con los anticuados clichés que dictaban que las películas de princesas eran sólo para niñas. A pesar de ser una de las cintas del estudio mejor valoradas por la crítica, su derrota en la carrera por el Oscar animado y su menor popularidad en comparación con Frozen han generado una sensación de rezago en uno de los periodos más brillantes del estudio.
101 dálmatas (Dir. Clyde Geronimi, Hamilton Luske & Woolie Reitherman, 1961)
(Vía)
Los buenos resultados cosechados unos años antes por La dama y el vagabundo hicieron que Disney recurriera nuevamente al mejor amigo del hombre para una nueva película. Fue así como nació 101 dálmatas, que inspirada en la novela infantil de Dodie Smith, nos introduce con una camada cuya tranquilidad se ve interrumpida por Cruella de Vil, quien desea hacerse con los cachorros para confeccionar un elegante abrigo de pieles. Aunque ha sido bien acogida por el público desde su estreno, siempre ha generado la sensación de que su éxito radica en una carismática villana que opaca por mucho a sus tibios protagonistas, que sus esfuerzos por cambiar de técnica animada resultaron en gráficos poco elegantes y sucios ante el exceso de líneas y que rompe abruptamente con el uso de canciones para acompañar las acciones. Hoy en día, esto último es visto como un claro indicio de la debacle que vendría una década después, pero ni siquiera esto evita que 101 dálmatas se mantenga como un título querido y emblemático entre los aficionados del estudio.
espada-piedra
Dumbo (Dir. Ben Sharpsteen, 1941)
(Vía)
La tibia recepción de Fantasía hizo que Disney se inclinara por una historia considerablemente más sencilla para su siguiente proyecto. Fue así como nació Dumbo, cuya simplicidad resultó en una de las cintas más cortas del estudio con apenas 64 minutos de duración, pero también una de las más emotivas con un elefante cuyas enormes orejas son motivo de burla, hasta que le vuelven la mayor atracción del circo al darle la capacidad de volar. Esta construcción la destinó a un público mayoritariamente infantil, e incluso condenó la grandeza de muchos de sus personajes, siendo Timoteo el más afectado a pesar de ser un sucesor natural para el legado de Pepe Grillo. Nada de esto ha impedido que los adultos derramen algunas lágrimas con el encuentro del pequeño protagonista con su madre aprisionada, ni que se emocionen con la mítica escena de los elefantes danzantes cuando la dupla estelar bebe una buena cantidad de alcohol, en una secuencia que resultaría irrealizable en nuestros días. Un clásico en toda la extensión de la palabra, pero que se queda corto ante tramas mucho más profundas.
Ralph el demoledor (Dir. Rich Moore, 2012)
(Vía)
Disney batalló mucho por encontrar historias novedosas que le permitieran desprenderse del tradicionalismo que siempre le caracterizó y conquistar nuevas generaciones de aficionados. El camino empezó a definirse con Ralph el demoledor, que nos adentró al mundo de los videojuegos con un villano cuyos deseos de aceptación le llevan por una peligrosa misión que cambiará su mundo para siempre. Generó altas expectativas por los cameos de personajes clásicos como Pac-Man, Sonic, Q*Bert y los guerreros más importantes de Street Fighter, pero estas apariciones pasaron a segundo término con un argumento cuyas innovaciones narrativas -lo que incluye los héroes más improbables hasta ahora-, le permitieron rescatar los valores más tradicionales del ratón. Mención aparte para las poco valoradas complejidades en su técnica animada, pues los distintos mundos presentados obligaron a la realización de diseños y movimientos completamente diferentes, que van del viejo pixelado al fotorrealismo extremo. Fue aquí cuando empezó la tendencia ascendente en la era del Resurgimiento.
El libro de la selva (Dir. Woolie Reitherman, 1967)
(Vía)
Aunque no tiene la calidad visual de las mayores joyas del estudio, El libro de la selva no tuvo problemas para convertirse en una de las películas favoritas del público gracias a la carismática personalidad de su elenco animal durante las travesías de Mowgli, mejor conocido como el cachorro humano, para llegar a la aldea. Entre los más celebrados están el alocado rey Louie, la siempre sobria Bagheera y el divertido Baloo, quien experimenta una conmovedora transición de un irresponsable amigo a una figura paternal que sólo busca lo mejor para el pequeño. Buena parte de su encanto también radica en sus canciones, con Lo más vital ascendida entre una de las más emblemáticas en toda la historia de los clásicos animados. En México es especialmente popular gracias al factor Germán Valdés, mejor conocido como Tin Tan y cuyo doblaje del oso se mantiene firme como el mejor trabajo de voz en nuestro país. También fue la última película en que trabajó Walt Disney antes de su deceso en 1966 y como tal, también se le considera el último título de la llamada Era de Plata.
Enredados (Dir. Nathan Greno & Byron Howard, 2010)
(Vía)
Su estreno suscitó grandes festejos al ser la 50° película del estudio, así como su primera princesa CG, pero también mucha incertidumbre por su abrupto cambio de título que pasó del tradicional Rapunzel al disparatado Enredados ante la promesa de una historia con altas dosis de humor. Las dudas se disiparon con una cinta virtualmente impecable, que fusionó los viejos tintes románticos con una jovialidad nunca vista en una pareja estelar, que supo trasladar el diseño de las heroínas noventeras al mundo computacional y que representó uno de los mayores retos técnicos del cine animado con la mágica y muy larga cabellera de la protagonista. Su estreno en un año que incluyó filmes como Toy Story 3, Cómo entrenar a tu dragón y L'illusionniste le privó de ser nominada al Oscar como Mejor película del año, pero no le evitó conquistar al público para convertirse en una de las cintas animadas más queridas de la nueva generación.
Alicia en el País de las Maravillas (Dir. Clyde Geronimi, Wilfred Jackson & Hamilton Luske, 1951)
(Vía)
La película más alocada en toda la historia de Walt Disney que, inspirada en el clásico de Lewis Carroll, sigue la travesía de una chica británica por el extraño mundo de El País de las Maravillas. Algunos de sus personajes secundarios, como el Sombrerero, el Gato de Cheshire o el Conejo Blanco, no tardaron en posicionarse entre los más queridos por los aficionados. No así la historia, que si bien tiene una muy importante base de aficionados que la ha colocado entre los filmes más importantes del estudio, nunca ha conquistado al nivel de otros clásicos animados por su altísimo nivel de excentricidad, sus segmentos inconexos y la falta de un momento cumbre que le caracterice como al resto de los filmes del estudio.
Frozen: Una aventura congelada (Dir. Chris Buck & Jennifer Lee, 2013)
(Vía)
La renovación de las princesas Disney, comenzada unos años antes con Enredados, alcanzó su punto más elevado con Frozen, que aprovechó las diferencias entre Elsa y Anna para mofarse de los clichés presentados en los viejos cuentos de hadas, destacando los amores cuasi instantáneos y la necesidad de una pareja para alcanzar el ‘felices para siempre’. Estas decisiones convirtieron Una aventura congelada en una de las cintas más populares en toda la historia del estudio, con los niños encantados por el cuento y los jóvenes/adultos fascinados ante las lecturas más profundas incluida la suposición de que la Reina de las Nieves es la primera soberana homosexual del estudio de Walt Disney. El ratón nunca se pronunció al respecto para confirmar ni negar las sospechas del público, pero esto no ha mermado su legado, ni su etiqueta de clásico instantáneo. A pesar de sus innovaciones, mostró un gran respeto por algunas tendencias de la vieja escuela, siendo su retorno al musical la más destacada de todas, con el tema ‘Let It Go’ convertida en su himno y en una de las canciones más destacadas de los últimos años. Finalmente, la naturaleza gélida de su historia y el tipo de escenarios obligó a elevar la batuta de la animación para capturar las inclemencias del tiempo con el mayor realismo posible. Todos estos elementos combinados le dieron el Oscar a Mejor película animada, siendo el primer largometraje de Disney en hacerse con el reconocimiento en más de diez años desde la fundación de la categoría.
Bambi (Dir. David Hand, 1942)
(Vía)
La primera cinta de Disney que dejó atrás la fantasía para centrarse en el realismo, una decisión incomprendida para muchos que lo vieron como un sinsentido que desaprovechaba las posibilidades del cine animado. Más controvertida fue la molestia de algunos sectores del público que la consideró una crítica a la vieja tradición norteamericana de la cacería. Irónicamente, estas mismas críticas fueron vistas como fortalezas con el paso del tiempo y aumentaron la valía de Bambi entre las generaciones venideras. De hecho, los especialistas en la animación la posicionan entre los grandes logros en toda la historia de la técnica, con personajes tan tiernos que han sido fácilmente abrazados por los niños desde su estreno, pero con lecciones tan crudas que estremecen sin problema a los adultos. Una dualidad difícil de alcanzar y que la posiciona entre los mayores baluartes del estudio. Se le considera la última película de la llamada Era Dorada.
Aladdin (Dir. Ron Clements & John Musker, 1992)
(Vía)
El desarrollo de Aladdin comenzó en 1988, pero la producción batalló por encontrar el camino hasta 1991 con la historia que todos conocemos. Esto explica que la cinta tenga una técnica mucho más modesta en comparación con las cintas que le antecedieron, lo que no evitó el asombro ante la buena utilización de algunos elementos computacionales, entre los que destaca la Cueva de las Maravillas. Estos altibajos pasaron a segundo término gracias al estupendo desarrollo de su tercia protagonista: Aladdin, Jasmine y muy especialmente el Genio, quien no tardó en convertirse en uno de los personajes más queridos del público gracias al estupendo trabajo de voz de Robin Williams, quien lejos de conformarse con seguir el guion al pie de la letra, dio una cátedra de improvisación que dejó varias horas de material sin utilizar. Lamentablemente pasarán varios años antes de que escuchemos estas sesiones pues, aunque Disney quería aprovechar los audios en una cuarta entrega, el testamento de Williams lo impide legalmente hasta el 2040.
Peter Pan (Dir. Clyde Geronimi, Wilfred Jackson & Hamilton Luske, 1953)
(Vía)
Peter Pan, el Capitán Garfio y Tinker Bell –también conocida en México como Campanita– ocupan una posición de honor entre los personajes más famosos de Walt Disney, lo que resultó en la expansión de la historia con secuelas directas, la franquicia Fairies y el ascenso del hada como un auténtico emblema de la magia que caracteriza al estudio. Por extraño que parezca, la cinta nunca ha tenido la misma aceptación de sus carismáticos personajes, tanto por sus alteraciones a la popular obra de JM Barrie, la excentricidad de su historia y los estereotipos raciales de los indios. Incluso el protagonista ha sufrido numerosas críticas a lo largo de los años que van desde su consumo de tabaco hasta su presunta misoginia.
Cenicienta (Dir. Clyde Geronimi, Wilfred Jackson & Hamilton Luske, 1950)
(Vía)
Si Cenicienta es una de las cintas más importantes de Walt Disney es en buena parte porque representa un triple regreso para el estudio: al mundo del largometraje tras siete años enfocado en el corto; a los cuentos de hadas a una década de Pinocho; así como al reino de las princesas a 13 años de Blanca Nieves. Todos estos elementos también la hicieron una de las más queridas entre las audiencias, que a más de medio siglo de distancia sigue emocionándose con la historia de una inocente joven que, apoyada por aves y ratones, así como por su simpática hada madrina, le ayudan a superar los tormentos de su madrastra para alcanzar el amor del príncipe. La secuencia de la conversión al ritmo de Bibidi Babidi Boo, así como el calzado de la zapatilla de cristal, se ubican entre las más icónicas, al plasmar la magia que ha cautivado al público por generaciones. Su estreno representó el inicio de la Era de Plata.
La dama y el vagabundo (Dir. Clyde Geronimi, Wilfred Jackson & Hamilton Luske, 1955)
(Vía)
Los animales siempre tuvieron un papel fundamental en los largometrajes Disney, pero nunca como protagonistas de una historia romántica. La situación cambió con La dama y el vagabundo que, inspirada en la historia Happy Dan, The Cynical Dog de Ward Green, abordó la relación sentimental entre una cocker spaniel y un mestizo. No fue bien recibida por la crítica al momento de su estreno, pero el tiempo le hizo justicia al posicionarla no sólo entre los clásicos imprescindibles del estudio, sino entre los grandes romances cinematográficos de todos los tiempos. Su momento cumbre es, sin duda alguna, la cena italiana que resulta en un tierno beso accidental que sonroja a la dama e inspira al vagabundo a darle la última albóndiga del plato. El beso más emblemático de los largometrajes Disney junto con el visto en La bella durmiente.
Zootopia (Dir. Byron Howard & Rich Moore, 2016)
(Vía)
El fotorrealismo alcanzado por Disney y la madurez plasmada en sus historias parecía condenar a los animales antropomorfos al olvido, hasta que el talento combinado de Byron Howard y Rich Moore encontró el modo de rescatarlos con Zootopia. La cinta nos conduce a la urbe titular, donde sus habitantes del reino animal se muestran nerviosos ante la desaparición de toda clase de depredadores y su posterior conversión a un estado salvaje, un misterio que deberá ser resuelto por una coneja policía en colaboración con un astuto zorro. El simpático diseño de sus personajes la hizo sumamente atractiva para los más pequeños, pero la profundidad de sus temas le llevó a ser adorada por las audiencias más maduras que vieron en ella una historia de inclusión para un mundo cada vez más fragmentado. Ganó el Oscar a Mejor película animada y tuvo un estupendo paso por la temporada de premios a pesar de la dura competencia que le representó Kubo y la búsqueda del samurái. Más importante fue que dio una de las duplas animadas más importantes de los últimos años y refrendó la capacidad del cine animado para la transmisión de mensajes de gran relevancia social entre el público de todas las edades.
El rey león (Dir. Roger Allers & Rob Minkoff, 1994)
(Vía)
Resulta curioso que El rey león, uno de los mayores logros de Disney, estuviera peligrosamente cerca de formar parte de la Era Oscura, al ser concebida durante la producción de Oliver y compañía, y con su mismo director como candidato inicial para encabezar el proyecto. Esto no sucedió porque el proyecto pasó por varias revisiones durante la escritura del guion, lo que resultó en un muy afortunado retraso que le llevó hasta la Segunda Era Dorada del estudio. Buena parte de su fuerza radica en la potencia de su historia, que va de una apertura brillante engalanada por el talento musical de Elton John al trágico autoexilio del pequeño Simba y el emotivo reencuentro espiritual con el padre caído, todo esto sin olvidarnos de las divertidas lecciones de vida impartidas por Timón y Pumba. No todo es perfecto, pues su clímax es visto como uno de los más flojos del estudio. A esto sumemos la polémica que siempre le ha rodeado: se le acusa de ser una imitación simplificada de Hamlet, de plagiar la cinta de Kimba El león blanco y de inspirar un remake CGI completamente innecesario.
La bella durmiente (Dir. Clyde Geronimi, 1959)
(Vía)
Tuvieron que pasar casi diez años de Cenicienta para que Disney regresara a las princesas con La bella durmiente, un clásico instantáneo que se mantiene firme entre las películas más importantes del estudio por varias razones: la personalidad mejor desarrollada de Aurora en comparación con las anteriores soberanas facilitó su conexión emocional con las audiencias; Felipe fue el primer príncipe trabajado a fondo y la base para futuros héroes; sus variantes técnicas resultaron en una estética visual original, fascinante y muy distinta a los trabajos previos del estudio; mientras que su adaptación a la música de Tchaikovsky añadió un encanto especial que sigue cautivando hasta nuestros días. Mención aparte para Maléfica, quien no tardó en convertirse en la mejor y más poderosa villana del estudio y cuya eterna rivalidad con las hadas Flora, Fauna y Primavera resultó en la más mágica lucha del bien contra el mal jamás capturada por el cine animado. Lamentablemente, su brillante doblaje latino se perdió tras una demanda que exigía regalías por explotación en otros formatos, lo que obligó a un redoblaje meramente cumplidor que nunca ha conquistado del todo a quienes crecieron con el original.
La sirenita (Dir. Ron Clements & John Musker, 1989)
(Vía)
El mismísimo Walt Disney siempre soñó con una adaptación de La sirenita, pero el proyecto nunca pudo concretarse por numerosas razones. Quizá por ello, la exploración a la obra de Hans Christian Andersen parecía una obligación para el estudio, que tomó el sueño inconcluso de su fundador con gran responsabilidad y lo convirtió en el primer exponente del Renacimiento animado, o como muchos prefieren llamarle, la Segunda Era Dorada de la compañía. Estas etiquetas se deben a que el estudio retornó a sus bases iniciales, con su primer cuento de hadas desde La bella durmiente –es decir, en 30 años–, pero con una clara evolución técnica y narrativa en beneficio de las nuevas generaciones. El resultado es una princesa que sueña con su amor, pero que lejos de ser una simple damisela en apuros como sucediera con sus antecesoras, tiene una parte activa en el desarrollo de la historia y con ello, en la lucha por concretar sus anhelos. Fue la primera cinta dirigida únicamente por Ron Clements y John Musker, una de las alianzas creativas más fructíferas del estudio y que resultó en algunos de sus mayores éxitos. No menos importante fue lo hecho por Alan Menken y Howard Ashman, cuyo talento convirtió a La sirenita en la primera obra animada con tintes de musical, una idea surgida de El mago de Oz (1939) y que marcó el inicio de una tendencia que sigue empleándose con buenos resultados hasta nuestros días.
Pinocho (Dir. Hamilton Luske & Ben Sharpsteen, 1940)
(Vía)
La marioneta que anhelaba convertirse en un niño de verdad fracasó rotundamente durante su estreno, no por falta de calidad en su historia, sino por las complicaciones internacionales de la II Guerra Mundial. Una vez terminado el conflicto, la cinta ascendió como un clásico instantáneo, una posición que retiene sin problemas hasta nuestros días gracias a su elevada dosis de emotividad capturada en Geppetto, el Hada Azul, Fígaro, Cleo y muy especialmente Pepito Grillo, considerado desde entonces como el mejor sidekick del estudio. Pero también debido a sus riesgos con momentos altamente perturbadores entre los que destacan el encierro de Stromboli, las embestidas de Monstro y el paso por Pleasure Island, cuyas conversiones de niños en asnos han generado pesadillas por generaciones. Una combinación desafiante que aprovechó la historio de Carlo Collodi para dar una cinta plagada de lecciones morales para los más pequeños y altas emociones para los adultos.
Fantasía (Dir. Varios, 1940)
(Vía)
Han pasado casi 80 años de su estreno y Fantasía sigue siendo una de las obras cumbre en toda la historia del cine. La cinta nació con El aprendiz de brujo como parte de las Sinfonías Bobas, pero su costo de producción resultó tan elevado que Disney prefirió reservarla para una cinta que fusionara animación y música de un modo nunca visto. Fue un éxito entre la crítica, pero no así entre el público que no estaba listo para un filme de esta naturaleza lo que, aunado a las complicaciones económicas de la época y los pobres resultados de Pinocho, casi resulta en la bancarrota del estudio. Nunca ha sido la película más popular, ni tampoco la más rentable, sino la que deambula por el estatus de culto con un estilo cuasi experimental que más que una simple película, ascendió como una verdadera obra de arte. Esto no impidió el desarrollo de una secuela de menor impacto y calidad, ni que la imagen de Mickey hechicero se posicionara entre las más icónicas del emporio ratonil.
Blanca Nieves y los siete enanos (Dir. David Hand, 1937)
(Vía)
La animación parecía condenada al cortometraje y al público infantil, hasta que Walter Elias Disney cambió el rumbo de la técnica con Blanca Nieves y los siete enanos. Fue una apuesta difícil de concretar, que requirió la experiencia de los grandes animadores de la época, la utilización de sofisticada tecnología como la cámara multiplano para generar una sensación de fondo y que había sido probada previamente en las Sinfonías Bobas, así como el adecuado desarrollo de personajes para lograr la identificación del público de todas las edades. El objetivo se cumplió con creces, pues a más de 80 años de distancia, es uno de los grandes clásicos de la cinematografía mundial, una auténtica pieza histórica entre los amantes de la animación, mientras que sus encantadores personajes siguen conmoviendo al público como desde el primer día, ubicándose además entre los más queridos en la amplia galería del ratón.
La bella y la bestia (Dir. Gary Trousdale & Kirk Wise, 1991)
(Vía)
Walt Disney intentó adaptar La bella y la bestia en los 30 y los 50, pero no fue hasta después de La sirenita que el estudio se dijo realmente listo para concretar la hazaña. La larga espera valió la pena, pues hoy es vista como uno de los mayores clásicos del ratón, pero sobre todo como uno de los puntos más altos en toda la historia de la animación gracias a la profundidad de su historia, así como la brillante construcción interna y externa de sus personajes: Bella continuó la tendencia comenzada por Ariel para afianzarse como la primera protagonista femenina que rehúye a los cánones asentados por las primeras princesas para mostrarse como una mujer capaz de valerse por sí misma; la bestia pasó por un elaborado diseño que resultó en un ser que puede lucir tan amenazador como amable. Finalmente, algunas de las canciones más memorables del estudio, destacando el tema principal engalanado por la mítica secuencia del baile en el salón. Garantizó su lugar en la historia al convertirse en la primera cinta animada nominada al Oscar en la categoría de Mejor película, un mérito aún mayor si consideramos que sucedió cuando la terna sólo era integrada por cinco títulos.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

Notas relacionadas

También podría interesarte:

Comentarios