Revsita del Mes Suscríbete
Podcast de Cine PREMIERE #183 – Comic Con Preview

Preview de Comic Con y Diamantino

July 2019

Suscríbete a la revista Media Kit

Síguenos Social

Suscríbete al Newsletter Newsletter

Recibe las mejores noticias de cine, series, trailers y críticas

Galerías TOPS

El western: la construcción del mito americano a través del cine

Por:

04-03-2019
Stagecoach La diligencia western

Celebramos el 80 aniversario de La diligencia, primer gran clásico de John Ford, con un recorrido narrativo y simbólico por el western.

La popularización del western en los Estados Unidos no fue una casualidad. El género nació casi a la par del cine, con numerosos cortometrajes realizados en los últimos años del siglo XIX que iban de la vida minera hasta las últimas glorias de Buffalo Bill. No pasó mucho tiempo para que la naciente industria adoptara estas historias y las convirtiera en una auténtica mitología que relataba la conquista de la última tierra prometida.

La misión requirió toda clase de símbolos: la derrota de los americanos nativos que emulaban una vida salvaje que debía ser erradicada; la superación de agentes climáticos que representaban el dominio del hombre sobre la naturaleza; la defensa de los bandidos que eran todos aquellos que no tenían cabida en este nuevo mundo; y el ascenso de héroes dispuestos a todo por lograr la misión. Esto permitiría el anhelado establecimiento de la naciente sociedad, representada a través de inmuebles como bancos, granjas y saloons.

Fue así como el western se convirtió en el punto unificador de un país cuyas raíces fueron violentamente arrancadas por los conquistadores, lo que le hizo batallar por lograr una identidad propia desde su independencia. También ayudó a sanar las heridas de la Guerra de Secesión, culminada sólo 30 años atrás y que terminó con la vida de aproximadamente 620,000 personas. Finalmente, imitó e incluso justificó las bases expansionistas de la Doctrina Monroe: América para los americanos.

 

A bordo de La diligencia

Mi nombre es John Ford. Soy director de westerns”, es la frase más famosa del que muchos siguen considerando el mejor y más influyente director en toda la historia del cine americano. No sólo demuestra su pasión por el género, sino la fuerza que caracterizaría su filmografía, y la sencillez que la haría accesible para todos. Creador de clásicos como Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath), Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley) o Centauros del desierto (The Searchers), resulta virtualmente imposible definir cuál fue su gran obra maestra. Más sencillo es definir cuál fue la primera de todas: La diligencia (Stagecoach).

La cinta nos lleva a bordo del citado vehículo para relatar el viaje desde Arizona hasta Nuevo México de: una prostituta, un banquero corrupto, un médico alcohólico, un jugador, una mujer embarazada, un vendedor de bebidas, un mariscal y un chofer. En el camino se toparán con Ringo Kid, un hombre ansioso de cobrar venganza de quienes asesinaron a su familia y cuyas habilidades serán determinantes para proteger a la tripulación durante el peligroso recorrido por las tierras de Gerónimo. El vaquero representaría el primer papel importante del legendario John Wayne.

En un microcosmos de apenas nueve personajes, Ford captura los valores y prejuicios de una sociedad americana que busca redefinirse en el Oeste, tal y como los primeros pobladores rehuían del puritanismo británico. Después de todo, el sueño americano dicta que siempre hay una segunda oportunidad en el nuevo corazón de la nación. Esto permite que los marginados encuentren la redención; los prejuiciosos el valor para cambiar; y los malvados el castigo.

Más curioso es el caso de Ringo Kid, el último vestigio de una América indomable que, si bien no tiene espacio en este nuevo mundo, se gana su derecho a la vida, la libertad y la supervivencia. Esto le convierte en el eterno representante de un mundo más puro, que no se rige por las maleables leyes del hombre, sino por un orden natural dominado por la justicia. Puede parecer que sus acciones carecen de nobleza, pero son necesarias para garantizar la supervivencia de una sociedad ansiosa por civilizarse, pero que aún tiene un largo camino que recorrer para lograrlo. Un héroe capaz de realizar el trabajo sucio que ningún hombre socialmente aceptado se atrevería a hacer.

A esto sumemos sus mensajes imperecederos contra la hipocresía estadounidense. Como ejemplo tenemos a Henry Gatewood, el infame banquero que roba el dinero de sus propios clientes, asegurando además que “lo que es bueno para los bancos, es bueno para el país”. El mensaje resultó especialmente irónico en los últimos años de la Gran Depresión y recobró fuerza con la reciente crisis financiera del 2008. Tampoco podemos olvidarnos de Doc Boone y Dallas, un médico cuya reputación se ha venido abajo por la bebida y una afable prostituta, que son expulsados del pueblo por grupos moralistas, lo que los lleva a considerarse “víctimas de un vil mal llamado prejuicio social”. Una frase sumamente poderosa en una América fragmentada por el odio, la misoginia y el racismo.

La película fue clave para hacer de 1939 uno de los años más memorables en toda la historia del cine, al coincidir con clásicos como Lo que el viento se llevó y El mago de Oz. Aunque esto le privó de grandes reconocimientos –sólo ganó dos Premios de la Academia–, se ganó su derecho a la inmortalidad con sus impresionantes valores técnicos, su fusión de drama y acción –el primer western en hacerlo– y sus potentes críticas que siguen resonando a 80 años de distancia.

 

A la conquista del Oeste

John Ford aseguraba que “el lado más simpático del western consiste en que todo mundo puede identificarse con los cowboys. Todos deseamos dejar detrás de nosotros el mundo civilizado y les envidiamos menos a ellos como individuos que a la vida sencilla y recta que pueden vivir” [vía].

Este idealismo fue clave para la popularización del western, pero también fue determinante para la debacle de sus viejos convencionalismos, ya que parecía imposible seguir habitando un mundo de ensueño tras los horrores de la II Guerra Mundial, la Guerra Fría y Vietnam. Esto no impidió algunos retornos ocasionales al género, pero con títulos alternativos, crepusculares o revisionistas como El bueno, el malo y el feo, Butch Cassidy and the Sundance Kid o Vaquero de medianoche, que mostraban mundos sin cabida para los románticos pistoleros de antaño.

El western recobró fuerza en los 90 con títulos como Danza con lobos y Los imperdonables, ambos ganadores del Oscar a la Mejor película de sus respectivos años. Sin embargo, el verdadero retorno llegó con los atentados del 9/11, cuyo impacto contra las bases simbólicas de la unión americana –su hegemonía mundial, sus instituciones y sus principios fundadores– generaron dudas sobre los ideales más primarios del país. Películas como Pacto de justicia (Open Range) y El Álamo (The Alamo) intentaron elevar la moral con mensajes patrióticos y nostálgicos que poco aportaron a una sociedad desesperada por entender las razones que habían llevado hasta este punto.

Las primeras respuestas llegaron con títulos como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), Sin lugar para los débiles (2007), Petróleo sangriento (2007) o Django sin cadenas (2012), clásicos contemporáneos que mostraron una “tierra de los libres y hogar de los valientes” construida sobre sangre, traición y violencia. Lejos de desvanecerse con el triunfo del mundo civilizado de occidente, estos males parecían continuar con una Guerra contra el terror plagada de irregularidades. Fue así como el género que definió el imaginario de Estados Unidos demostró que el sueño americano había muerto. Pero todavía hay esperanza…

Títulos como Jane Got a Gun (2015), Woman Walks Ahead (2017), Muerte misteriosa (2017) o Tres anuncios por un crimen (2017) buscan reivindicar el valor de la mujer y el indio americano en un país que les ha condenado a una vida de dominación de parte del hombre blanco. Por su parte, filmes como Temple de acero (2010), El renacido (2015) o Enemigo de todos (2016) muestran un auténtico renacimiento simbólico que permita alcanzar la anhelada tierra prometida. El Oeste ha dejado atrás sus viejos ideales para ofrecer películas cada vez más reflexivas que invitan a evaluar los errores del pasado en busca de una sociedad más equitativa para todos.

Es por esto que el western está más vivo que nunca, pues su fuerte carga simbólica le ha convertido en el género ideal para replantear las bases de un país cada vez más fragmentado por sus propias diferencias internas.

Si quieres adentrarte en el Oeste, te presentamos doce westerns indispensables además de La diligencia para empezar el recorrido. Las cintas son mostradas en orden cronológico para disfrutar la evolución del género hasta nuestros días.

Río rojo (Dir. Howard Hawks, 1948)
(Vía)
Un ranchero dispuesto a todo por terminar un difícil arreo de ganado y cuya necedad, obsesiones y métodos poco ortodoxos conducen a un motín encabezado por su propio hijo adoptivo, quien busca hacerse con el control del grupo. El resultado es un auténtico híbrido entre el western, la tragedia griega y la épica. Destaca además por ser el primer western de Howard Hawks, una de las grandes leyendas realizadoras del género.
High Noon (Dir. Fred Zinnemann, 1952)
(Vía)
Uno de los papeles más celebrados de Gary Cooper, quien encarna a un sheriff retirado que decide rehacerse con la placa al enterarse que un viejo enemigo le busca para cobrar venganza. El hombre busca apoyo de antiguos aliados y del propio pueblo, pero nadie le ayuda por miedo a las consecuencias. La cinta fue aplaudida por sus alegorías a la caza de brujas durante la era de Joseph McCarthy y se mantiene entre los filmes favoritos de muchos presidentes estadounidense que se han identificado con la soledad del puesto.
Centauros del desierto (Dir. John Ford 1956)
(Vía)
Un veterano de la Guerra Civil dedica años de su vida a la búsqueda de su sobrina secuestrada por pieles rojas, pero su heroica obsesión termina convirtiéndose en una oda al racismo y la intolerancia. Refrendó a John Ford como el mayor genio del western, representó el mejor papel en la carrera de John Wayne y evolucionó un género que dejaba atrás sus historias esperanzadoras para volverse una dura alegoría sobre los fallos de la unión americana.
El hombre que mató a Liberty Balance (Dir. John Ford, 1962)
(Vía)
Un senador que famoso por el asesinato de un forajido revela la verdadera historia a la prensa durante el funeral de un viejo amigo. Una despedida simbólica del western clásico con la consolidación del hombre de leyes por encima del heroico cowboy, pero que deja en claro que el mito del oeste seguriá siendo la base del país. O como dicta su frase más famosa, “cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”.
Los siete magníficos (Dir. John Sturges, 1960)
(Vía)
Yul Brynner y Steve McQueen encabezan el que suele ser considerado el ensamble más ambicioso del género. Su mayor logro fue reinventar Los siete samuráis de Akira Kurosawa y adaptarlo para las audiencias norteamericanas con siete pistoleros contratados para proteger un pueblo y que terminan estableciendo lazos afectivos con sus habitantes. Su tema principal, escrito por Elmer Bernstein es considerado la pieza musical más emblemática del oeste.
El bueno, el malo y el feo (Dir. Sergio Leone, 1966)
(Vía)
Última entrega de la trilogía Dollars, con la que Sergio Leone refrendó algunos de los elementos más característicos del spaghetti western: pueblos enteros sometidos por bandoleros y ayudados por pistoleros solitarios cuyo mayor interés recae en los beneficios económicos. En otras palabras, un oeste menos idealizado de lo que dictan los clásicos. También posicionó a Clint Eastwood entre los grandes referentes del género en el papel del Hombre Sin Nombre, inmortalizado con su poncho, sombrero y silencio casi absoluto.
Érase una vez en el oeste (Dir. Sergio Leone, 1968)
(Vía)
Dos mortíferos vaqueros protegen a una viuda acechada por un asesino contratado por una empresa ferroviaria que quiere hacerse con sus territorios. Obra maestra de Sergio Leone, quien revolucionó los elementos más tradicionales del western para reflejar con mayor fidelidad la violencia que hizo posible el mito del oeste. La cinta es considerada el punto culminante del spaghetti western que garantizó la subsistencia del género tras la debacle de sus convencionalismos.
La pandilla salvaje (Dir. Sam Peckinpah, 1969)
(Vía)
Uno de los cineastas norteamericanos que mejor ha comprendido el western, lo que le permitió ayudar en su evolución en una era decadente para los convencionalismos del género. Su punto culminante llegó con The Wild Bunch, que nos lleva a inicios del siglo XXI para relatar la historia de un grupo de forajidos que planean un último atraco antes de que el oeste que conocieron desaparezca para siempre. A pesar de sus aires nostálgicos, impactó por sus niveles de brutalidad, que le convirtieron en una de las cintas más sangrientas en toda la historia del género.
Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dir. George Roy Hill, 1969)
(Vía)
George Roy Hill aprovechó el talento de Paul Newman y Robert Redford, así como los mitos de Butch Cassidy y Sundance Kid, para uno de los westerns revisionistas más importantes de todos los tiempos. Dos asaltantes de trenes que operan bajo la estricta regla de no matar a nadie y que se ven forzados a buscar nuevas alternativas ante la persecución de las autoridades y el aparente triunfo del mundo civilizado.
Danza con lobos (Kevin Costner, 1990)
(Vía)
Por años, los indios fueron considerados los grandes rivales a vencer dentro del western, pero la postura fue cambiando con el paso de los años. Danza con lobos marca el punto culminante de esta evolución, con un militar americano que no sólo entabla amistad con ellos, sino que llega a conocer e incluso apreciar su forma de vida, lo que le hará despreciar el mundo aparentemente civilizado que habita.
Los imperdonables (Dir. Clint Eastwood, 1992)
(Vía)
Western revisionista que refleja los fallos de las instituciones y la necesidad de replantear las bases de la nación con el apoyo de los antiguos mitos, en este caso, reflejados en un viejo asesino convertido en granjero y que abandona temporalmente su retiro para una última misión que garantizará la subsistencia de su familia. Junto a Danza con Lobos (Costner, 1990), representó el regreso triunfal del género a inicios de los 90, una época especialmente turbulenta en los Estados Unidos por las guerras de las administaciones Reagan y Bush.
El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Dir. Andrew Dominik, 2007)
(Vía)
Muchos cineastas contemporáneos han rescatados los valores del western, pero ninguna con la pureza de Andrew Dominik. El cineasta aprovecha a Jesse James, ubicado entre las eternas leyendas del género, para capturar el aprecio por los viejos héroes que desafiaban una autoridad dudosa y el desprecio contra todos aquellos que les han aniquilado a traición, clamando justicia, cuando sólo buscaban satisfacer sus intereses personales.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

Notas relacionadas

También podría interesarte:

Comentarios