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Películas de X-Men: de la PEOR a la MEJOR

Por:

10-06-2019
X-Men DoFP Wolverine Mystique

Nominadas al Oscar, reboots imposibles y personajes inadaptables. Si hay algo que siempre ha caracterizado a la saga X-Men es su capacidad evolutiva.

«Mutación: es la clave de nuestra evolución […]. Es un proceso lento que normalmente toma miles y miles de años. Pero cada determinado tiempo, la evolución da un salto adelante». Este fue el diálogo que marcó el inicio de X-Men (2000), considerada como la primera adaptación del cine de superhéroes de la era moderna y que sigue cosechando éxitos a 20 años de su primera entrega.

Ahora que X-Men está cerca de dar un nuevo salto en la evolución con su inminente incorporación al Marvel Cinematic Universe, ¿cuáles serán los resultados? Mientras esperamos por la respuesta, rememoramos una de las franquicias más importantes del subgénero con la clasificación de todas sus películas.

X-Men: La batalla final (Dir. Brett Ratner, 2006)
(Vía)
Con el desenlace de X-Men 2 pensamos en una adaptación de la Saga del Fénix para la tercera entrega, pero el abrupto cambio en la dirección –Bryan Singer abandonó el barco mutante en beneficio de Superman regresa, mientras que el timón del filme fue tomado por Brett Ratner– destrozó lo que pudo ser una trilogía redonda. El hecho de que las acciones no estuvieran vinculadas al espacio fue decepcionante, pero comprensible ante las limitativas narrativas de la época. Lo verdaderamente imperdonable fueron las alteraciones a la esencia de personajes clave, la aniquilación al pormayor de héroes y villanos importantes, y el desenlace extremadamente simplista tras la masacre ocasionada por un mutante fuera de control. También dejó algunas cosas positivas, como la incursión de Bestia, Juggernaut y Kitty Pride, la conversión absoluta de Iceman, así como la anticipada primera aparición del Danger Room y los restos de un centinela. Ni siquiera esto la salva de ser la peor entrega en toda franquicia y uno de los peores tropezones en todo el cine de superhéroes.
X-Men: Apocalipsis (Dir. Bryan Singer, 2016)
(Vía)
Las precuelas no se conformaron con mostrar a Magneto como el mayor adversario de los X-Men, sino que recurrieron a otros villanos para ahondar en su tragedia. El más anticipado fue Apocalipsis, uno de los enemigos mutantes más temibles del impreso y cuya elección para el desenlace de la segunda trilogía auguraba un cierre espectacular. Lamentablemente, el proyecto decepcionó desde muy temprano, pues aunque Oscar Isaac hizo un trabajo a secas, su caracterización quedó muy lejos de replicar la imponente apariencia física del personaje original. A esto sumemos que los retornos –ahora como jóvenes aprendices– de Cyclops, Jean, Storm y Nightcrawler quedaron muy lejos de las expectativas, lo que aunado a una deslucida Psylocke y un intrascendente Angel que representó un nuevo error de continuidad, resultó en dos equipos deslucidos. Sin embargo, lo verdaderamente imperdonable para muchos fue la relevancia excesiva que se le concedió a Mystique, convirtiéndola en la gran fuente de inspiración de los jóvenes mutantes y en la segunda al mando del equipo, sólo por debajo de Xavier. Finalmente, el filme representó una nueva oportunidad para explorar al Fénix, que esta vez liberó todo su poder sin ninguna explicación de por medio. Un filme sumamente irregular, donde lo más rescatable es la exploración del Profesor X y Magneto y que sólo queda arriba de La batalla final porque sus errores, aunque graves, pueden ser corregidos sin necesidad de alteraciones temporales.
X-Men Orígenes: Wolverine (Dir. Gavin Hood, 2009)
(Vía)
La elección de Wolverine como piedra angular de la trilogía original no fue coincidencia, sino una respuesta directa a su elevada popularidad impresa, por lo que sólo parecía cuestión de tiempo para que el personaje encabezara su propia cinta individual. Su debut en solitario fue agridulce: dejó momentos memorables, como las guerras del mutante presentadas en los créditos iniciales, la batalla africana que mostró las habilidades de los guerreros introducidos en el filme y la brutal inserción del adamantiun que rápidamente ascendió entre los momentos más violentos de toda la filmografía X. A esto sumemos el buen trabajo de Taylor Kitsch como Gambit y muy especialmente de Liev Schreiber como Sabretooth, cuyo personaje corrigió al animal mostrado en la primera entrega mutante para mostrar un sujeto feroz, cuya íntima relación con Logan sirve como eterno recordatorio de lo que nuestro héroe podría llegar a ser. Sin embargo, la película suele ser recordada por sus malos efectos visuales y el infame trabajo hecho con Deadpool. Sin embargo, lo verdaderamente lamentable es que la producción decidió omitir una de las historias de origen más enigmáticas y fascinantes del cómic, donde los propios poderes curativos del mutante le hacen borrar el dolor de su memoria y reemplazarla por una simple bala de adamantium que le dio amnesia. Una película plagada de altibajos y que sigue siendo motivo de debate y mofas entre los aficionados.
X-Men Dark Phoenix
Dark Phoenix representó el segundo intento por adaptar la Saga de Fénix Oscura, considerado uno de los arcos más brillantes del equipo y de Marvel en general. La crítica destrozó el proyecto -incluso estuvo por debajo del 20% en Rotten Tomatoes-; el grueso del público lo consideró intrascendente al asegurar que no aportaba nada a la franquicia ni al subgénero; los más fervientes aficionados mutantes han externado su aprecio por una cinta que, si bien fue incapaz de emular la grandeza del impreso, sí que capturó las emociones enfrentadas por los hijos del átomo durante las numerosas batallas que han implicado esta fuerza cósmica. Al final, Dark Phoenix no es mala, pero sí que deja la sensación de que pudo sacar mayor provecho a sus conflictos cósmicos, así como al talento histriónico de Jessica Chastain. Esta impresión incrementa cuando consideramos que esta entrega podría marcar el desenlace de la primera gran franquicia de superhéroes del siglo XXI.
Deadpool 2 (Dir. David Leitch, 2018)
(Vía)
La escena poscréditos vista en la primera entrega de Deadpool adelantó que la secuela mostararía la incorporación de Cable, uno de los personajes más populares del universo X y cuya naturaleza futurista prometía una revolución en la irreverente franquicia. Sin embargo, la producción encabezada por David Leitch prefirió tomar otra ruta, con un antihéroe del mañana, pero con una trama sumamente simplista y que contrario a lo que se pensaba no tenía nada que ver con Hope Summers, ni ningún otro tipo de mesías mutante. No fue mala, sino meramente cumplidora y no tan refrescante como la original. Eso sí, también hay que reconocer sus aciertos, siendo Domino el más destacado de todos, no sólo por el buen trabajo de Zazie Beetz, sino porque encontró la manera de llevar al cine un poder sumamente peculiar como la buena suerte. A esto sumemos sus hilarantes cameos, tanto de los jóvenes X-Men, como de Brad Pitt y el irreconocible Matt Damon. Y claro, la estupenda mancuerna entre Deadpool y Cable, destacando que este último fue brillantemente interpretado por Josh Brolin, quien hizo un trabajo tan oscuro que bien pudo formar parte del universo DC.
Wolverine inmortal (Dir. James Mangold, 2013)
(Vía)
Luego de la turbulenta Orígenes, James Mangold fue encomendado con el rescate individual del mutante más popular de la franquicia, lo que requirió la exploración de uno de sus arcos más populares: su paso por Japón. La decisión fue bien recibida por el público, así como los esfuerzos del cineasta por aumentar los niveles de violencia del personaje. Sin embargo, el proyecto batalló al momento de capturar el tradicionalismo de la cultura nipona en un mundo de experimentos genéticos y grandes avances tecnológicos, lo que resultó en un Silver Samurai altamente mecanizado que no fue del agrado del público y una Viper completamente desaprovechada. Quizá el malestar hubiera sido menor si la cinta no hubiera resagado la famosa escena de la careta impresa a los materiales adicionales, lo que hubiera demostrado un verdadero esfuerzo por apegarse al menos un poco más al material de origen. Un filme emocionante, pero meramente cumplidor y cuyo mayor logro fue comenzar la alianza del que terminaría convirtiéndose en uno de los filmes más importantes en toda la historia de los superhéroes: Logan.
X-Men (Dir. Bryan Singer, 2000)
(Vía)
Blade estrenó un poco antes, pero la popularidad mutante, así como la naturaleza de su trama han provocado que X-Men sea considerada la primera película de superhéroes de la era moderna. Tuvo una premisa relativamente sencilla y fue acusada de minimizar a personajes clave como Cyclops o Storm en beneficio de Wolverine. Esto no le impidió pasar a la historia por sus aportaciones al naciente subgénero, como demostrar que los efectos especiales finalmente habían avanzado lo suficiente para el desarrollo de estas adaptaciones y que la audiencia estaba lista para abrazar a estos guerreros. Mención aparte para Hugh Jackman, quien terminaría convirtiéndose en el mayor referente del llamado cine de superhéroes de los últimos 20 años.
X-Men: Primera generación (Dir. Matthew Vaughn, 2011)
(Vía)
X-Men 3 hizo un daño irreparable a la saga central, al grado que la única manera de retomar un equipo sólido fue viajando al pasado para explorar sus orígenes. El riesgo de la apuesta fue aún mayor porque el equipo dejaría atrás la popularidad de Wolverine para centrarse de lleno en los grandes líderes mutantes que todos conocemos, Charles Xavier y Magneto, para indagar en su amistad, pero también en su rompimiento en un mundo sumamente temeroso de todo aquel que fuera diferente. Sin embargo, Matthew Vaughn afrontó estas adversidades con enorme destreza, pues aunque dejó a casi todo el primer equipo del cómic para garantizar la continuidad de la franquicia cinematográfica, recurrió a personajes secundarios muy queridos como Havoc y Banshee para garantizar el interés del público. A esto sumemos la decisión de incrementar el rol de Mystique, algo que si bien generaría malestar en futuras entregas, funcionó perfectamente para explicar la fidelidad que ésta mostró por el Amo del Magnetismo en la primera trilogía. Batalló con los efectos y continuó con algunos problemas de continuidad acarreados desde entregas anteriores, pero esto no le impidió ser un filme redondo y cuyo mayor mérito fue renovar los cimientos de una saga maltrecha y así abrir el camino a nuevas oportunidades mutantes.
Deadpool (Dir. Tim Miller, 2016)
(Vía)
En el papel, Deadpool no tenía mucho que hacer en un competidísimo cine de superhéroes: nunca fue el personaje más popular de Marvel, su debut cinematográfico en Orígenes fue desastroso, su naturaleza violenta obligaba a una clasificación R que podía limitar su audiencia, mientras que su ruptura de la cuarta pared podía complicar su aceptación entre las audiencias que no estuvieran familiarizadas con su locura. Lejos de intimidarse por la misión, Ryan Reynolds y el equipo creativo integrado por Tim Miller y los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick convirtieron estos elementos en cualidades diferenciadoras dentro de un mercado sobresaturado, lo que resultó en un fime violento, irreverente y sobre todo muy original que cosechó poco más de $780 mdd a nivel mundial. El Globo de Oro la nominó a Mejor película y actor de musical o comedia, pero estos logros no sirvieron de nada ante el más convencional Oscar. Eso sí, se dice que es el único mutante que Disney desea mantener intacto ahora que se ha hecho con los derechos X.
X-Men 2 (Dir. Bryan Singer, 2003)
(Vía)
Pasan los años y sigue firme entre las grandes películas de superhéroes de todos los tiempos. Esto es gracias a su atinada construcción, que descifró que la mejor manera de explorar a un equipo era fragmentándolo para relatar sus diferentes narrativas, al más puro estilo de los comics. Esto nos permitió ver mejor sus respectivas muestras de poder, pero también los distintos demonios que les aquejaban. Quizá el mejor ejemplo fue Bobby Drake aka Iceman, cuya analogía de la homosexualidad con el diálogo "¿puedes tratar no ser mutante?” suele ser considerada la primera vez que estás películas emularon las críticas sociales de los impresos. Mención aparte para Nightcrawler y Wolverine: el primero brilló en una memorable secuencia inicial; el segundo protagonizó una brutal defensa del instituto que por años se mantuvo como su momento más feroz en el cine. Y para terminar, una brillante construcción del Fénix que nos hizo soñar con un futuro prometedor.
X-Men: Días del futuro pasado (Dir. Bryan Singer, 2011)
(Vía)
Primera generación fue la manera perfecta de refrescar la franquicia mutante sin necesidad de caer en el reboot, pero la naturaleza de su historia fue insuficiente para corregir los viejos errores de la saga. Bryan Singer, quien regresó tras una larga ausencia, encontró el mejor modo de hacerlo en los comics con la adaptación de Días del futuro pasado, uno de los arcos más populares de los hijos del átomo y cuya trama permitiría alterar los desperfectos del pasado con una espectacular historia dividida en dos tiempos: un futuro devastador, donde héroes y villanos X se han aliado para garantizar la supervivencia de la especie ante los avanzados centinelas; y el pasado donde se originó todo a causa de un atentado político que sólo incrementó el miedo al homo superior. Las espectaculares secuencias del futuro se ubicaron fácilmente entre los mejores momentos de toda la franquicia, mientras que el pasado marcó el debut de un Quicksilver tan brillante que superó sin problema a su contraparte del MCU. El proyecto no estuvo exento de polémica, pues hubieron quienes criticaron la elección de Wolverine como viajero temporal, aunque nadie puede negar que fue una de sus apariciones más memorables en toda la trama central. Uno de los mejores filmes X y uno de los esfuerzos más ambiciosos en todo el cine de superhéroes.
Logan (Dir. James Mangold, 2017)
(Vía)
Existen grandes películas de superhéroes, pero sólo unas cuantas pueden presumir el estatus de auténticas obras maestras. Tal es el caso de Logan, un filme tan maduro, sombrío y que dejó atrás casi cualquier conexión con la saga central para mostrarnos a un héroe acabado física y emocionalmente, hasta que el descubrimiento de una clon le conduce por un viaje de autodescubrimiento brutal y desgarrador. Fue la encarnación más salvaje del personaje, al grado que fue la primera adaptación de un héroe mainstream que obtuvo la clasificación R. Más importante aún, hizo historia en el subgénero al marcar el adiós definitivo de Hugh Jackman y Patrick Stewart en sus respectivos papeles mutantes. No menos destacado fue que el legado del personaje más emblemático de la franquicia quedó en manos de Dafne Keen, una joven con un mínimo de experiencia, pero con un enorme talento que resultó en una estupenda interpretación de la violenta Laura/X-23. Destaca además que la película compitió al Oscar a Mejor guion adaptado, convirtiéndose en la primera nominación del subgénero en una de las cinco categorías principales de la Academia. No ganó, pero sí que aseguró su lugar en la historia y más importante aún, en el recuerdo de los aficionados.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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