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Y arriba la diversidad.

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27-02-2009

 La conclusión a la que llego cada vez que asisto a un festival de cine es siempre la misma. Creo que el cine es un fenómeno maravillosamente diverso, que engloba tantas y tan variadas posibilidades que al final resulta trivial hacer comparaciones. ¿Qué tienen que ver una película de súper héroes y un filme de […]

 La conclusión a la que llego cada vez que asisto a un festival de cine es siempre la misma. Creo que el cine es un fenómeno maravillosamente diverso, que engloba tantas y tan variadas posibilidades que al final resulta trivial hacer comparaciones. ¿Qué tienen que ver una película de súper héroes y un filme de Tarkovski, o un documental duro y una cinta animada en 3-D? Mucho, y muy poco a la vez.

Una película debería juzgarse en función de sus propios méritos, no de tu género favorito o de cual fue la última película que viste antes de esa. Y varias películas que vimos en FICCO a principios de la semana lo dejaron más claro que nunca.

Un filme taciturno y opaco, casi impenetrable, la cinta japonesa Síntoma X (Shorei X, Yosshida Kohki, Japón, 2007) es una meditación sobre la alienación, y las dificultades que enfrentamos los seres humanos a la hora de conciliar nuestra vida con la de los demás; Goliat (Goliath, David Zellner, EUA, 2008), por otro lado, es también una historia sobre la soledad, y la manera en que nos aferramos a esas cosas que creemos dan sentido a nuestra vida. Ambas películas comparten quizás la factura, video en los dos casos, y la manera tan íntima y directa de abordar a sus personajes. Pero no podrían ser más distintas.

Diferentes también, dos polos totalmente opuestos en el universo fílmico, un documental y una cinta animada en stop motion nos muestran dos formas opuestas también de acercarse a la realidad. Hollywood, California la ópera de los perdedores (Hollywood, California: a loser’s opera, William Klein, Francia, 1972) es la historia de aquellos que llegan a la Meca del Cine en busca de fama y fortuna, que buscan dar sentido a su existencia en el más artifical de los mundos posibles.

La búsqueda del sentido de la vida es también el pretexto argumental de $9.99 (Tatia Rosenthal, Israel/Australia, 2008), una película cuyos personajes, aunque hechos de plastilina, resultan todo menos artificiales. Delirante a momentos, la trama gira alrededor de un microcosmos compuesto por seres demasiado humanos, ya sea que se trate de un vagabundo gandaya convertido en ángel alado o del amante de una caprichosa modelo, dispuesto a llegar a cualquier extremo con tal de complacer a su amada. Y todos más reales que muchos de aquellos que pueblan las películas de Hollywood.

Es una lástima que hayan habido tan pocas proyecciones de la cinta, de lo mejor que he visto en FICCO hasta el momento. Así que, si aún pueden cacharla, háganlo.

Le daria sentido a todo esto.

—Antonio Camarillo

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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