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Yo, Tonya: Margot Robbie protagoniza una tragicomedia en hielo

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04-03-2018
Yo, Tonya

Margot Robbie personifica a la patinadora artística que en los años 90 cayó en la infamia por estar supuestamente relacionada con el atentado en contra de su rival, Nancy Kerrigan. Yo, Tonya está aquí para cuestionar quién tuvo la culpa.

Previo a los Juegos Olímpicos de 1992, la patinadora Tonya Harding era la favorita, habiendo hecho historia meses antes al convertirse en la primera mujer estadounidense en realizar el difícil salto axel triple. Al final, fue su rival Nancy Kerrigan quien se llevó a casa la medalla de bronce, dejando a Harding sin reconocimiento olímpico en la cuarta posición. La prensa olvidó a Harding y nombró a Kerrigan “La novia de América”, mientras ambas competían nuevamente por un lugar en el equipo olímpico de EE.UU. La rivalidad entre ellas era palpable. Y entonces, siete semanas antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994, Kerrigan fue golpeada en la rodilla por un agresor desconocido.

No pasó mucho tiempo para que las autoridades concluyeran que Jeff Gillooly, el exesposo de Harding, había contratado al agresor: su amigo Shawn Eckardt. Esto implicaba que Harding habría estado involucrada. La prensa se volvió loca con la historia: la princesa víctima contra la villana envidiosa de clase baja. Provisto o no que Harding supiera con antelación del incidente –y si fuera así, hasta qué punto–, nunca fue comprobado, pero la suposición de su culpa fue la protagonista de un espectáculo mediático. Para el momento en que el caso alcanzó los canales legales, todo apuntaba a que su destino sería el de caer en las manos del sistema judicial. Eventualmente fue vetada de las competencias de patinaje.

Su historia llega ahora como una tragicomedia protagonizada y producida por Margot Robbie. La cinta ha sido descrita como “la Buenos muchachos de los deportes” y, aunque ha sido aclamada por la crítica, también ha generado incomodidades por poner temas como la violencia doméstica –Harding fue abusada por su madre y esposo– en un tono hilarante. Pero, como apunta el escritor de The Washington Post, Michael Gerson, sería difícil contar la historia sin ambos elementos.

“Tonya Harding ha sido un chiste durante 25 años”, dice el director Craig Gillespie (Horas contadas). “Su nombre se convirtió en un verbo. Incluso Obama alguna vez tuiteó: ‘Quiero aplicar la de Tonya Harding con el tipo’”. Gillespie nos muestra quién era ella antes de eso: una atleta talentosa con el sueño de lograr algo que trascendiera. Sin embargo, cada componente en su historia tenía una versión contradictoria de lo que realmente sucedió, así que el desafío para los realizadores fue encontrar una forma de presentar todas las versiones objetivamente y sin juicio. La solución fue romper la cuarta pared y dejar que los personajes hablaran directamente a la cámara.

El cisne deshonrado

Por supuesto, al centro se encuentra la misma Tonya. El anuncio de que Margot Robbie había sido elegida para el protagónico inicialmente trajo consigo una respuesta cínica por la transformación que Hollywood haría de un personaje vivo, bajo el supuesto de que la actriz era muy alta y muy guapa para ser tomada en serio en el papel. Sin embargo, la transformación de Robbie, tanto física como interna, es tan efectiva, que esas objeciones fueron fácilmente olvidadas mientras ella evoca lo atrapada que Tonya debió haberse sentido: era, antes que nada, una artista que anhelaba ser el cisne que se suele esperar en este deporte, para trascender toda la fealdad a su alrededor.

Allison Janney, quien siempre tiene un delgado cigarro café tambaleándose en sus labios, interpreta a LaVona, la madre de Tonya, una enojada y tóxica maraña de negatividad y obscenidades que siempre está tratando de destrozar a su hija bajo la pretensión de estarla moldeando en algo mejor. Es una madre trastornada, que obliga patológicamente a Tonya a entrar a la pista de hielo. Temblamos ante sus habilidades maternales venenosas, pero nos reímos de lo inapropiado que resulta, mientras ella entrega una de las actuaciones maternales más memorables en la historia del cine. Su trabajo por lo pronto la ha colocado como una de las favoritas en la temporada de premios en la categoría de Mejor actriz de reparto.

Tan pronto Tonya alcanza la mayoría de edad, escapa a los brazos de Jeff Gillooly (Sebastian Stan), un perdedor de poca monta con una racha mezquina, que repite el mismo abuso que Tonya ha llegado a creer que merece. No importa cuántas veces la abofetee, ella siempre regresa. Incluso después de ya no estar casados, él permanece en su vida como una influencia. Y es en esa turbia zona gris de su relación donde es creado el infame plan para eliminar a la competencia de Tonya.

Uno de los grandes recursos del filme son los extractos de las entrevistas con los personajes, que contienen diálogos tomados de algunas conversaciones reales que han sido grabadas. Lo más revelador y lo más ridículo  totalmente exagerado pero que es verdad–, ocurre con LaVona: el cabello cortado, los grandes anteojos, el cigarro en su boca y un loro en su hombro mientras narra su versión de los hechos a la cámara. Nos provoca una sonrisa, pero es inquietante. Nos hace imaginarnos quién pudo haber sido Tonya Harding de haber sido educada por una madre distinta. Y, sobre todo, nos hace cuestionar la forma en que, a través de los medios, nuestras propias interpretaciones y el frenesí descontextualizado del espectáculo de tabloide, aceptamos y creamos a los villanos.

(Una versión de este artículo fue publicada en Cine PREMIERE #281)

Es escritora, fotógrafa, cineasta y vive en Hollywood con su esposo y su traviesa cachorrita Airedale. Promete estar más activa en Twitter y espera que el guión que escribió con su hermano se convierta en película.

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