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CRÍTICAS Cine

Extraño pero verdadero – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3
Calificación usuarios: 1
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20-09-2018

Una historia cercana al thriller que queda suspendida entre lo observacional del documental y lo extraño (y quizá verdadero) de la ficción.

Título original: Extraño pero verdadero
Año: 2017
Director: Michel Lipkes
Actores: Kristyan Ferrer, Alberto Aguayo, Carlos Alvarado
Fecha de estreno:21 de September de 2018 (MX)

Conocer el lugar donde habitamos no sólo se trata de saber el nombre de sus calles o saludar a los vecinos. Hacerlo significa mirar con atención nuestro alrededor hasta descubrir que somos una pieza más de todo un entramado de personajes. Extraño pero verdadero, el segundo largometraje del director mexicano Michel Lipkes, rompe el esquema de este “habitar” vacío y nos acerca a la historia de Yesi y Jonathan.

Yesi (Itzel Sarmientos) y Jonathan (Kristyan Ferrer) son dos jóvenes amantes que se dedican a recolectar basura en la Ciudad de México. Con la pesadumbre a cuestas, ambos son supervisados por la Momia (Alfredo Blanco) y Maestro Limpio (Luis Enrique Parra), el tiránico chofer del camión recolector. Un día, la cotidianeidad de estos cuatro personajes se verá alterada cuando entre la basura encuentren el rastro de un asesinato.

Con una atmósfera cercana al thriller, Lipkes se toma el tiempo para presentar a sus protagonistas, unos seres fantasmagóricos que están al margen de todo lo que les rodea. Durante las primeras escenas vemos convertido el acto de recoger basura en una pista coreográfica: revisar, clasificar y colocar en el camión. Estas escenas, conjugadas con el silencio y las miradas que se cruzan, recorren calles y geografías en una Ciudad de México que parece nunca tener fin.

extrano-pero-verdadero

El director opta por una estética del blanco y negro desvaído, decadente, una decisión que va de la mano con la psicología de sus protagonistas como habitantes de un monstruo que los repele y los condena a la periferia. Estos seres tangenciales cobran sentido desde su profesión: los encargados de transportar la basura ajena, los desechos de una sociedad que parece ignorar su existencia. Lipkes nutre esta idea con momentos pequeños pero significativos cuando nuestros protagonistas miran desde la lejanía a los dueños de casas que, indiferentes, esperan que sus botes de basura sean vaciados para cerrar la puerta y continuar con su vida, no importa si ésta está repleta de vacío.

La película está escrita por el propio Michel Lipkes, Rubén Imaz (Epitafio, Tormentero) y Gabriel Reyes, este último conocido como coescritor de Heli, de Amat Escalante. Así, la violencia se convierte en un anclaje de estilos en donde esta suerte de “tribu” nocturna sólo puede manifestarse en el mundo a través de la violencia. Además de recibir las migajas de la ciudad, la vida de Yesi y Jonathan está atravesada por actos explícita o simbólicamente violentos. Y aunque Lipkes trata de alejar su cámara y sólo ser testigo, hay algo que sigue cercano a los estereotipos del cine: ¿por qué el personaje femenino es el que debe sufrir la violencia más descarnada?, por mencionar un ejemplo. No sólo basta con posicionar la cámara y crear escenas no explícitas, falta cuestionar los roles y la construcción de los personajes.

Extraño pero verdadero

En este punto, después del momento más álgido en la narrativa (el cuerpo, una violación), Lipkes opta de nuevo por seguir observando a sus personajes, y es esta falta de movimiento lo que pone en riesgo de convertir a Extraño pero verdadero en una película estancada en lo anecdótico y en una tímida ambición por una narrativa “no convencional”. A pesar de contar con estos momentos específicos que incitan al progreso gradual de acciones, éstas carecen de un in crescendo dramático: pareciera que la obra de Lipkes queda suspendida entre lo observacional del documental y lo extraño (y quizá verdadero) de la ficción.

Entre ambos mundos, lo destacable es la decisión del director de hablar de otra ciudad, de lo que sucede en el área conurbada con sus basureros, la miseria y la desesperanza. Al final, a pesar de todo, la unión entre Yesi y Jonathan representa un momento de alivio entre la podredumbre social y material. Ellos conocen su lugar en el mundo y es por eso por lo que habitar lo que les pertenece, lo que les tocó, sea un poco más esperanzador.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Nadie es inocente (Sarah Minter, 1987)
  • Los amantes del Pont Neuf (Leos Carax, 1991)
  • Las noches de Cabiria (Federico Fellini, 1957)

Escribo sobre cine y televisión. Me gusta pensar las imágenes. Colaboradora en Revista Nexos, Butaca Ancha y F.I.L.M.E Magazine. Cuando sea grande quiero ser como Luisa, en Días de otoño de Roberto Gavaldón.

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