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“No quiero que el cine sea un espacio seguro”: Fernanda Solórzano

Por:

02-03-2018
fernanda solórzano

A propósito de su libro Misterios de la sala oscura, la crítica de cine nos dice por qué el arte cinematográfico no debería ser juzgado por su temática o por la moralidad de sus personajes. Incluso en climas politizados.

Después de leer Misterios de la sala oscura. Ensayos sobre el cine y su tiempo de la crítica mexicana Fernanda Solórzano, uno se queda con la impresión de que éste, su primer libro, debe haber sido planeado hace apenas unos meses. Un año o dos, a lo mucho. Pero la idea, dice Fernanda, viene desde hace siete. “Eso habla de cómo los temas que tocas son cíclicos, es decir, de esos temas [que se discuten en el libro] unos cuatro o cinco están hablándose ahorita: el feminismo y la representación de las mujeres en el cine, o, hablando de Taxi Driver y el hombre blanco desposeído: es un poco la América de Trump”.

A lo largo de ocho ensayos, el cine y el mundo de donde viene se compenetran en causalidades ambiguas. La naranja mecánica y Taxi Driver no inventaron la violencia de las pandillas o de los asesinos solitarios. Más bien imitaron lo que se veía —y se ve todavía— en las calles. El padrino, por otra parte, podría deber su éxito al desencanto con la autoridad después del escándalo Watergate, mientras que realizar Matrix fue un paso decisivo en la identidad de género de las hermanas Wachowski. El aire adentro y afuera de la sala de cine se mezcla en los pulmones de creadores y audiencias. Confundidos,  algunos exigen del cine una representación idealista para poder perpetuarla en la cotidianidad . Un mundo mejor, según ellos, se construiría censurando estereotipos discriminatorios como los personajes negros de El nacimiento de una nación, de Griffith, y proyectando unos más admirables –como las heroínas interpretadas por Jessica Chastain–, para que nos enseñen como sociedad qué es bueno y qué es malo.

Fernanda Solórzano no está de acuerdo.

Conversando en una pequeña pero cómoda sala de la editorial Penguin Random House, la crítica de cine más popular del país —45 mil seguidores en Twitter lo sugieren al menos— me explica su postura ante las exigencias morales de nuestro tiempo: “La ficción no tiene por qué representar modelos de comportamiento. Tiene que representar el espectro de la naturaleza humana, que es muy complejo. Dentro de nosotros mismos hay contradicciones que a veces no tienen solución. La cosa es ver cómo las balanceamos y cómo las llevamos a la acción o no”.

En el prólogo de Misterios de la sala oscura –que será presentado el sábado 3 de marzo en el marco de la Feria Internacional del Libro  del Palacio de Minería–, Fernanda Solórzano describe una imagen de Mulholland Drive, de David Lynch, que, para ella, captura la experiencia de ver una película: las protagonistas entran a una sala roja donde ven imágenes inquietantes. Durante la entrevista, la crítica no duda en aludir otra vez al gran director estadounidense para reforzar supunto sobre las posibilidades del cine. A Lynch, “que hace las películas más oscuras y perturbadoras, le preguntan cómo es posible que alguien como él, que se ha dedicado a promover la meditación trascendental, tenga esta imaginación. Lynch responde que sólo hay dos tipos de personas: los que reconocen su lado oscuro y los que no. Y yo creo que los que lo reconocen y además hacen cosas con ello pueden resultar en alguien como él, y los que no son los que llevan una vida totalmente pacífica pero reprimida, y un día salen y son destructores y llegan hasta el delito”.

Cine y moralidad

El cine es, entonces, un lugar de riesgo y empatía, donde nos podemos encontrar con aquello que ignoramos o que escondemos: misterios, como bien dice el título del libro. Algunas otras experiencias del cine contemporáneo reciente lo afirman. Una es La región salvaje, del mexicano Amat Escalante, que narra la llegada de un visitante extraterrestre a la conservadora sociedad de Guanajuato para ofrecer una alternativa erótica a sus sexualidades reprimidas. En el filme, explica Fernanda, “el monstruo es liberador, aunque, claro, [los protagonistas] se engolosinan tanto con esta libertad que nunca tienen, que también ese es el otro peligro: cuando una circunstancia ajena te lo permite, no sabes cómo manejar tus propios recursos”.

Por otro lado, también está un filme controversial: 3 anuncios por un crimen, del irlandés Martin McDonagh, donde una mujer busca justicia después de que su hija fue violada y asesinada por un criminal impune. Un personaje racista interpretado por el nominado al Oscar Sam Rockwell ha llamado la atención de más de un crítico. Unos piensan que su arco dramático es inverosímil y otros que la película condona su personalidad discriminatoria. “Yo creo”, difiere Fernanda, “que el guion está lo suficientemente bien construido para crear un arco narrativo donde se entiende por qué ese policía toma consciencia y se comporta distinto, pero si no damos esos márgenes de introspección y de rectificación, entonces, ¿para qué sirven todos esos discursos donde estamos invitando a la gente a que reflexione sobre sus actitudes?”.

La polémica de 3 anuncios por un crimen es una más en un clima politizado que trae consigo ensayos como los escritos recientemente por los críticos Mark Cousins y A.O. Scott. El primero anuncia una indisposición a ver otra película de Woody Allen y Roman Polanski, mientras que el segundo habla de la necesidad de revaluar el vínculo del individuo con ciertas obras, a pesar de lo aprendido en la filmografía de Allen. Fernanda Solórzano entiende el contexto del #MeToo y me explica que no entendería cómo estar en contra de que se detengan las dinámicas tóxicas en las relaciones de trabajo y de pareja. Sin embargo se rehúsa a creer que los espectadores no cuentan con los recursos psicológicos y emocionales para ver, decidir y, en todo caso, alejarse de aquello que les disguste, en vez de recurrir a la censura. En un punto de nuestra conversación, Fernanda resume su pensamiento al decir: “No quiero que el cine sea para mí un espacio seguro, o el arte en general”.

Fernanda Solórzano

En medio del movimiento Me Too, el caso de Woody Allen y su supuesto acoso a su hija adoptiva ha despertado debates sobre lo que se debe hacer en retrospectiva con el arte de los creadores acusados.

Pero esto no supondría negar los problemas que implican algunas obras. “Puedo entender”, dice, “que cuando se habla de que se ha comprobado que un artista ha realizado delitos —que no ha sido el caso de muchos de los que se han culpado—, entonces quién sabe si como sociedad queremos seguir patrocinando su arte y darle pase libre. Entiendo que esa puede ser una discusión. Pero no creo que se le deba culpar ni a él ni a la obra de lo que uno pueda sentir al respecto de ella”.

Al contrario, el arte en general representa para Fernanda el placer de la otredad en todas direcciones porque “no hay nada más placentero que perderte en las novelas, en donde uno se puede poner en los zapatos de todas las personas: los moralmente reprensibles y los moralmente no reprensibles y medirse a uno mismo e incluso pensar: ‘Esto no lo haría en la realidad’, pero ya te conoces. No te va a tomar por sorpresa esa reacción. Ya sabes quién eres”.

El problema viene cuando los personajes se convierten en modelos ideológicos. En el caso de los villanos históricos como Hitler y otros líderes carismáticos, opina Fernanda, “en corto, eran muy agradables. Si no entendemos que las personas que pueden ser agresivas están entre nosotros y que podemos acercarnos a ellas sabiendo eso, pero también tratando de entenderlas —no para perdonarlas en una cosa evangélica— podríamos solucionar diferencias. Tal vez dices: ‘No sería amigo de un racista’, pero tal vez ya lo eres y no te has dado cuenta. ¿Qué vas a hacer si de pronto te das cuenta?”.

Fernanda Solórzano

El cambio de actitud del personaje de Sam Rockwell en 3 anuncios por un crimen causó controversia por lo que muchos llamaron su “inverosimilitud”.

La búsqueda del pluralismo

Con respecto a los héroes le pregunto a Fernanda por la representación de las mujeres en el cine, un tema que aborda en el libro cuando discute la controversia alrededor de El último tango en París, de Bernardo Bertolucci. La actriz Jessica Chastain opina que, en las películas, debe evitarse la violencia contra la mujer como preámbulo a su renacimiento empoderado. Por otro lado está Barbara Ellen, columnista de The Guardian, que se manifiesta en contra de la obsesión con las heroínas invencibles porque para ella se trata de un estereotipo que puede hacer a las mujeres sentirse inadecuadas y débiles.

“Es alienante”, concuerda Fernanda con Ellen, “como mujer, me siento excluida dentro de una idea de mujer donde tengo que ser de cierta manera, aunque las mujeres somos también caprichosas, y somos arbitrarias, y tenemos deseos que no son buenos. Y eso no nos hace menos mujeres ni menos seres humanos”.

¿Ante la idealización —le pregunto—, la complejidad?

 “Totalmente, porque si no, estamos ahorcándonos. Nos estamos disparando en el pie. Estamos siendo intolerantes. ¿Y no estamos peleando por un mundo tolerante?”.

Fernanda Solórzano ofrecería esa complejidad al invitar a los espectadores a disfrutar algo más que el placer temático, es decir, el placer que da identificarse con personajes o reafirmar ideas. La crítica los llevaría a reconocer el placer estético: ese que sentimos al maravillarnos con el estilo. “Mi intención es incluir al mayor número de gente posible a la plática. Entonces, sí, vamos a decirles: ‘mira cómo esta toma está construida y mira cómo aquí te está mostrando esto y observa cómo te está haciendo sentir algo. Obsérvalo en ti, no es porque yo lo diga’. En mi opinión, esta perspectiva es la que podría ayudarnos a distinguir la forma del fondo sin separarlos del todo porque —hay que admitirlo— existen obras tan brillantes como criminales”. Por ejemplo, Fernanda piensa de los documentales de la cineasta nazi Leni Riefenstahl que “hay que ver cuál era su historia, hay que decir: no voy a comulgar con estas ideas pero las imágenes ofrecen un placer inmenso, y no es que por disfrutar eso estés comulgando con la ideología nazi”.

Al final de la entrevista le planteo a Fernanda Solórzano que una noción de diversidad amplia tomaría en cuenta la diversidad de carácter. Está de acuerdo.

“¿Por qué vamos a rechazar una película porque es republicana?”, se pregunta. “No es tu partido, no es tu ideología, pero sí es un buen director, como Clint Eastwood, no hay que anteponer eso. Y si un republicano puede apreciar una película de Spielberg, entonces ya estamos siendo complejos y diversos y tolerantes e incluyentes”.

Misterios de la sala oscura se presentará el día de mañana, sábado 3 de marzo, a las 19:00 hrs., en el marco de la 39 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

 

Fernanda Solórzano

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