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Restos de viento triunfa en el GIFF 2018

Por:

30-07-2018
Restos de viento

Jimena Montemayor nos habla en exclusiva de su película, ganadora del premio a Mejor Largometraje de Ficción en la 21 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

Un niño se despierta en medio de la noche, camina a la sala de su casa y se encuentra con una imagen aterradora aunque curiosa: hay una criatura humanoide ahí, cubierta de pieles apaches, plumas y unos cuernos gigantescos. El monstruo con aspecto de mito nativoamericano es invisible para el resto de la familia, pero es una de las imágenes clave de Restos de viento, la película recién ganadora del 21 Festival Internacional de Cine de Guanajuato, dirigida por la mexicana Jimena Montemayor.

La cinta, que también se llevó los premios principales durante su estreno en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara (Mejor película mexicana, Mejor dirección, Premio de FIPRESCI), se presentó tanto en San Miguel de Allende como en Guanajuato capital como parte del encuentro, en donde triunfó en la competencia de largometraje mexicano de ficción. Se trata del segundo largo de Montemayor, quien se desempeñó como cinefotógrafa hasta su ópera prima En la sangre (2012).

“Realmente fue fascinante habernos llevado todos esos premios”, nos dice la directora, al recordar su estreno  tardío en  Guadalajara. “El día que llegamos al FICG, industria ya estaba levantando, estaban martillando todo el mercado porque ya se estaba acabando todo, entonces fue muy desangelada nuestra primera proyección. No había ya casi nadie, yo no sabía que el jurado tenía que salirse recién acabada una proyección, entonces yo veía a gente salirse y yo decía: ‘¡Oigan, no se vayan por favor!’ (ríe).  Pasamos como en la sombra, por lo que fue una absoluta sorpresa que nos dieran todos esos premios, que el jurado joven y el de FIPRESCI estuvieran de acuerdo fue muy bonito”.

Restos de viento

Con tintes fantásticos inspirados en las leyendas de los navajos –la población indígena estadounidense más numerosa–, Restos de viento sigue a Carmen,  (la argentina Dolores Fonzi, en su primer proyecto mexicano)una madre que se rehúsa a aceptar la muerte de su esposo. Su duelo la paraliza y le impide cuidar de sus hijos, cuyo proceso es aprovechado por la directora para mostrar el duelo a través de la mirada infantil. Sobre todo, la realizadora –junto con su directora de fotografía, Maria Secco– visualiza lo complicado que es compartir en colectivo algo tan inherentemente individual como lo es el duelo.

“Yo escribo con imágenes. Fue un guion muy atmosférico. Hubo mucho trabajo de atmósfera de duelo. Siento que el duelo te pega de acuerdo a cómo vives la vida. Necesitaba a esos tres personajes porque hay distintas formas de procesar las emociones. Es una mezcla de atmósfera y personalidades. Creo que no hay forma de cómo uno debe pasar un duelo”, comenta Montemayor.

De acuerdo con la realizadora, el proceso de escritura del guion fue largo, durante el cual también experimentó pérdida: su padre y  dos niños de su familia fallecieron, por lo que la película también es un poco autobiográfica en lo que se refiere a la experiencia del dolor en familia. “El problema de Carmen es la resistencia a sentir eso, resistirte a sentir ese dolor, esa frustración. Si te resistes te va a generar más dolor y menos evolución. Hay que decir sí estoy triste y sí me duele y tengo derecho a seguir dolido, aunque haya pasado tiempo. Creo que debes entrar al proceso con el corazón abierto. Para mí, mi proceso de muerte cuando logré salir se convirtió en un proceso de vida fuertísimo”.

Restos de viento

Situada entre los años 50 y 70, Restos de viento se nutre de la mitología de los nativos americanos, plagada de conceptos como la sanación a través de la aceptación y de espíritus inquietos. “La mitología nativoamericana estuvo desde el principio”, nos señala. “Primero empezó como una historia de época. Yo solía ver los álbumes familiares. En esa época estaban muy presentes estos individuos en el juego: los indios contra los vaqueros, El Zorro. Pero luego evolucionó porque empecé a leer más sobre las leyendas de los navajos y me pareció que eran tan precisas en cuanto a lo que le está pasando a mis personajes: cuando aceptas que te duele algo, empieza tu sanación. O el concepto del canto: los navajos sanan con canto y para mí Carmen tenía que cantar para sanar. También la idea de que si no lo aceptas el espíritu no puede descansar. Luego las mismas películas empiezan a moverse por sí solas, fue como si ella misma me pidiera esta mitología”.

Destaca la fotografía de Secco, ganadora del Ariel por su trabajo en La jaula de oro  y a quien Montemayor conoce desde que estudiaban juntas. Su preparación y experiencia como cinefotógrafas les permitió una colaboración más cercana y efectiva en el set, capaz de contar una historia mediante imágenes. “Yo empecé a estudiar cine como directora y luego como fotógrafa porque quería hablar el mismo lenguaje. He desarrollado una gran comunicación  tanto con María como con mi fotógrafo anterior. Una comunicación sutil y muy de detalles. Así fue como pudimos construir un mundo atmosférico y de imagen que no sólo estaba ahí ‘para verse bonito’, ¿sabes?, sino que es pura comunicación visual”, afirma Jimena.

Hasta el momento, Restos de viento no cuenta con fecha de estreno en salas comerciales mexicanas.

Restos de viento

 

Periodista, editora en Cine PREMIERE y bailarina frustrada en sus ratos libres. Gustosa del cine, la literatura, el tango, los datos inútiles y de la oportunidad de desvelarse haciendo lo que sea.

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