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Rojo Amanecer: El terror censurado

Por:

02-10-2018
Rojo amanecer

El director Jorge Fons nos habla de Rojo amanecer, la primera ficción en abordar la masacre del 2 de octubre y que fue censurada por el gobierno.

Si el director Jorge Fons definiera hoy a Rojo amanecer con una sola palabra, esa sería “necedad”. La razón, explica, tiene que ver con que se trata de “una película que existe gracias a la necedad de muchos que queríamos contar una historia”.

A finales de los 80, los guionistas Xavier Robles y Guadalupe Ortega se acercaron a Jorge Fons para presentarle Bengalas en el cielo, un proyecto que acababan de escribir. “Pensé que era un guion muy inteligente, que te permitía hablar del 2 de octubre sin asomar los ojos a la plaza esa tarde. Te permitía ir más allá”, nos dice el galardonado cineasta.

Convencido de lo que tenía en sus manos, Fons buscó productores que estuvieran interesados en financiar el proyecto. Tal y como lo esperaba, nadie quiso. “No, Fons, estás loco. Tlatelolco no. Te produzco lo que quieras, pero eso no”, le decían al cineasta. Él lo recuerda con humor.

Finalmente fue el actor Héctor Bonilla quien apoyó a Fons con lo poco que tenía: $26 mil pesos fue la suma inicial de la cinta, “¡pero el dinero se acabó el primer lunes!”, recuerda entre risas el director. Temerosos de la censura gubernamental, la producción se mantuvo siempre trabajando de forma clandestina, desde los ensayos hasta el rodaje, todo por sugerencia del actor y productor Valentín Trujillo, quien, al conocer la historia, no dudó en apoyar su realización.

Rojo Amanecer

La cinta, sin embargo, se mantuvo un año censurada. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari condicionó su estreno a que se removieran cuatro minutos de la película. La producción tuvo que aceptar. Sin embargo, su esencia se mantuvo intacta y su éxito es parte de la historia de este país.

Ganadora de once premios Ariel –incluido Mejor película–, la cinta protagonizada por María Rojo, Bruno y Demián Bichir, así como Jorge Fegán, fue la primera ficción en abordar abiertamente la masacre del 2 de octubre, sin concesiones, al mismo tiempo que logró retratar a todo un país dentro de un pequeño departamento en Tlatelolco.

Con esa familia formada por un militar, un burócrata, una ama de casa, una juventud inquieta y unos niños inocentes, Rojo amanecer nos recuerda que, en un país como el nuestro –que no ha cambiado mucho desde entonces–, cualquier día la violencia puede entrar por la puerta de tu casa.

Rojo amanecer

Jorge Fons y la necedad de ser libre

Jorge Fons ha sabido cómo revolvernos el alma con sus historias. El responsable de títulos como Caridad (1974); Los albañiles (1976) o El callejón de los milagros (1995) nos habló de Rojo amanecer, su cinta más laureada, recientemente restaurada por la Filmoteca de la UNAM –junto con el documental El grito, e inmortalizada como el reflejo más crudo del movimiento estudiantil de 1968.

En una cinta con tantas complicaciones, ¿alguna vez tuviste miedo al rodar Rojo amanecer?

Miedo no. Al contrario, tenía urgencia de hacerla. Pero por más que la ofrecía, nadie quiso. Pero mientras dirigía la telenovela La casa al final de la calle, encontré a Héctor Bonilla y fuimos encontrando a gente valiente que se nos uniera.

¿Por qué filmar a escondidas?

Si la hacíamos en un estudio nos la iban a prohibir. Rodamos en una bodega que nos prestaron por el Estadio Azteca. Ahí construimos el departamento. Pero nos quedamos sin dinero muy pronto. Como el personaje de Bonilla sale a trabajar a inicio de la película, mientras nosotros seguíamos rodando, él buscaba apoyo. Así llegó Valentín Trujillo.

¿Fue por la misma inquietud?

¡Sí, claro! Nada güey (ríe). Vio lo que hacíamos y se hizo cargo de todo. Donde esté Valentincito, le agradezco mucho. La película se hizo en tres semanas. Nos urgía hacerla pronto para que el secreto se mantuviera.

Pero llegó la censura previa al estreno…

Gobernación tuvo mucho tiempo la película enlatada. Pero hubo un escándalo para que la aprobaran y tuvieron que soltarla, pero recomendando quitar cosas, como unos diálogos de Bruno Bichir donde le mienta la madre al ejército; la narración de la niña que cuenta que un soldado le pegó a una señora y el final, donde el niño sale y pasan dos militares atrás de él.

Pero esas escenas sí se conocen…

Cuando estaba la película encerrada en Gobernación, alguien me dijo: “¡Qué peliculón se echaron!”. “¿Cuál?”, pregunté. “Rojo amanecer”. “¿Donde la viste?”. “¿Quieres una copia? En Tepito están”, me dijeron. Gracias a la piratería, la película circuló completita. Y eso quizá viene de una copia que, a escondidas, Valentín envió a Los Ángeles mientras la oficial esperaba en la Secretaría.

¿Por qué crees que Rojo amanecer se ha convertido en el reflejo más crudo del movimiento estudiantil de 1968?

Quién sabe qué tiene la película que gustó tanto y que ha conectado con las generaciones venideras. Quizá sea nuestra emoción, el cariño y la entrega por hacerla. No lo sé. Pero me ha dado mucho más de lo que soñé.

Rojo amanecer

Jorge Fons recibió en agosto pasado la Medalla Cátedra Ingmar Bergman. Durante el evento se proyectó una versión restaurada de Rojo amanecer.

 

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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